Tirar del hilo del pasaje a analista | Eugenio Díaz

facebooktwittergoogle_plusredditlinkedinmail

170613-Tirar del hilo del pasaje - Eugenio Diaz-02-webTexto presentado en el espacio de la sede de Barcelona de la CdC el martes 13 de junio en el marco de la Conmemoración del 50 aniversario de la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”.

El párrafo comentado fue:

“El paso de psicoanalizante a psicoanalista tiene una puerta cuyo gozne es ese resto que hace su división, porque esa división no es otra que la del sujeto, cuya causa es ese resto.

En este viraje en que el sujeto ve zozobrar la seguridad que obtenía de ese fantasma donde se constituye para cada uno su ventana sobre lo real, lo que se vislumbra es que el asidero del deseo no es otro que el de un deser.

En este deser se devela lo inesencial del sujeto supuesto saber, desde donde el psicoanalista por venir se consagra al agalma de la esencia del deseo, dispuesto a pagarlo reduciéndose, él y su nombre, al significante cualquiera”.

(“Proposición del 9 de octubre” pág. 18, en Momentos Cruciales).

***

Este párrafo se inserta dentro de lo que Lacan llama: los “dos puntos de empalme donde deben funcionar los órganos de garantía de la Escuela”:

  • El inicio, la transferencia, el paso a analizante, la instalación del sujeto supuesto saber, que es donde se ubica el primer agalma.
  • La terminación del análisis, el paso de analizante a analista, “hueso” de la Proposición (p.16). Hueso que no puede dejarse de roer.

Es este segundo empalme del que habla el párrafo.

170613-Tirar del hilo del pasaje - Eugenio DiazPodríamos decir este paso de otro modo: el paso de la demanda al deseo, del amor al saber y de éste el amor a la causa, cuyo espacio es la Escuela. Espacio evocado aquí por la puerta. Una puerta implica que el espacio no es infinito, lo que no impide interrogarnos por la banda de Moebius del adentro y el afuera, extensión, intensión; Escuela, Instituto; clínica y política; en la actualidad Campo freudiano y Zadig.

Entonces lo que plantea Lacan (en este momento que es inaugural) es que en este paso hay una destitución subjetiva, una caída, aunque también un trasvase del agalma, que es la constante.

Pero este segundo empalme no es exactamente una continuidad, pues implica atravesamiento y una vuelta pero de otro modo, vía la causa analítica, que no es sin Escuela. Es un empalme que es un nudo más bien.

Pero Lacan señala que hay una sombra espesa que recubre este empalme sobre la verdad que es la destitución subjetiva, que formula así: elección “entre enfrentar la verdad o ridiculizar nuestro saber”. Elección que está en el inicio mismo del psicoanálisis, con Freud frente a Breuer. Freud “río de fuego” y no “burgués tranquilo” como recordó Marie-Héléne Brousse en el Seminario del Campo freudiano en su comentario sobre “La Dirección de la Cura”.

La verdad de la destitución subjetiva del analista es lo que está en sombra, lo que provoca “horror, indignación, pánico, incluso atentado”, y no sólo a la institución, a cada sujeto. Es “la mosca que pica”, que picó a Lacan en el verano del 67, como él mismo lo dijo en el Congreso de la Grand-Mote (1973). La “Proposición…”, dijo allí Lacan, provocará catástrofes, pero que “como en todas uno vuelve a ponerse en pie”. Es la posición ética del psicoanalista.

El punto central aquí, es que la verdad que no puede desconocerse es la de la destitución subjetiva. Es lo que Bernard Seynhaeve, testimonio elegido para comentar, señala como “hacer la experiencia de lo Uno”.

Este es un punto crucial. Me parece que hasta que el analizante no cae de la idea de que en el final no se trata de un éxito, que no hay el final de la buena forma (toda buena forma tiende muy rápidamente a estandarizarse), por ejemplo por la vía de esperar una mirada aprobativa, no hay verdadero final.

Aquí podemos evocar el Seminario XXIII, en su primera lección y la “Nota paso a paso” en el Anexo del Seminario de Miller, cuando señala la diferencia entre el sintomadaquín, “…que es un síntoma vuelto maniquí, elevado a semblante por las sublimaciones disponibles en la tienda de los accesorios: el ser, su esplendor, lo verdadero, lo bello, lo bueno…” y el sinthome roule, el que rueda, que remite a lo real, a la regla, a la regla del autogobierno, en el sentido del síntoma como autogoce. El roule, del lado del deser es el síntoma desnudado en su estructura, dice Miller. La referencia aquí es Joyce.

Es interesante recordar por el momento en el que estamos en el campo freudiano, que Miller habla aquí de la herejía, de la hairesis (elección). Elección entonces entre madaquín, síntoma ortodoxo y sinthome roule, sinthome herético.

***

Entonces, Lacan señala que la Escuela debe servir para disipar esta sombra. Tarea interminable por suerte para la Escuela, que sólo existe si está en la tarea de disiparla una y otra vez (la sombra).

Y evoca, para hablar de ella que: no hay autoanálisis (ni el de Freud); que un analista es el que pone en duda lo que comprende; que no se trata en el final de la identificación al analista, a su parte sana.

Para Lacan, ni la vía identificatoria, (que es lo mortífero) ni la vía de la comprensión (falsa), da un analista.

Y añado, autorizarse como dice Lacan en la Nota a los italianos, no es autoritualizarse (p.328).

Con la identificación al otro (por ejemplo al que sabe, al caudillo), o al propio yo, el silencio está garantizado. La Escuela lo es si va en contra de estas dos modalidades de identificaciones.

Frente al comprender y la identificación, sicut palea que renace como agalma. Entonces el analista se hace desecho de la humanidad, dice Lacan en la “Nota…”. Se hace cargo del desecho que es la humanidad, dice Bernard, sabe ser desecho de ella, frente a la unanimidad (identificatoria: por la vía de psicología de las masas; como comunidad de goce; o como categoría) de la humanidad. La humanimidad la llamé en un texto que fue publicado en el blog del PIPOL 8.

Aquí tenemos una nueva manera de decir sobre la elección forzada: o la humanimidad o la salvación por los desechos. O de otro modo el síntoma (que es a la vez autogoce y proceso social).

En este momento cuando Lacan inventa el procedimiento del pase, se trata en él de cómo el psicoanalista da cuenta de la separación de su goce, de dar cuenta de cómo pudo distanciarse de él.

Me parece que en la última enseñanza, ya con el pase del parlêtre, no se trata sólo del testimonio del atravesamiento sino la elucidación de la relación con el goce, de cómo el sujeto cambió respecto de lo que no cambia, es decir su modo de gozar.

“Guerrero aplicado y destitución subjetiva”

En este testimonio de Bernard Seynhaeve, plantea lo que fue para él “afrontar el deser”.

Para ello, toma una referencia de Lacan del Discurso a la EFP, realizado tres meses después de la Proposición: “No hay nada que hacer con el deser, la cuestión es saber cómo el pase puede afrontar que el analista no soporta más la transferencia del saber que le es supuesto” y que articula a otra, donde aparece el término Guerrero aplicado. “Guerrero aplicado es la destitución subjetiva en su salubridad”. Guerrero aplicado no es el entusiasta que como recuerda Miller en Sutilezas: “Es el último grado de la pasión, esta alcanzó su punto máximo y ve el objeto perfecto”. (p.52)

Guerrero aplicado es el título de un libro de Jean Paulhan que relata la experiencia de un joven en la 1era GM separado de los entusiasmos del patriota o del pacifista, del dramatismo y la exaltación, incluso hasta el final. Paulman, habla del amor y la guerra como dos actividades llenas de atractivos. Quizás la idea de la guerra como tarea civilizatoria no esté lejos de esta posición.

Lo que evoca aquí Bernard, sobre cómo afrontar la destitución subjetiva, es el “ser más bien singularmente fuerte”, del que habla Lacan en referencia a lo que de un AE se espera.

Entonces el hilo, una vez hecho el pase, para él, no es el saber, es el no saber que incluye las preguntas que se formulan sobre sus preguntas. “Singularmente fuerte” no está del lado de ninguna superioridad, de lo sublime, de la infatuación, ni de la exaltación sino de lo que hace con lo que falla y lo que le interroga, no sin los otros.

Me encantó esta idea, es una destitución en acto, que además incluye a los otros verdaderamente, no a modo de “dime lo que quiero oír”. Eso es de un lado el fantasma, y de otro lo que convoca a la sumisión y a la segregación. La prisa aquí no es operativa sin el tiempo de comprender y sin los otros. La prisa aquí no está del lado del acto.

Una vez separado el S1 del S2, como efecto de la segunda interpretación del analista, “vd. ama demasiado a sus fantasmas”, Seynhaeve aísla el Uno solo. Este es el segundo empalme por sus consecuencias.

La primera interpretación supuso la entrada en análisis, primer empalme (la juntura del cuerpo y el lenguaje, es decir conexión S1-S2, “¿qué es esa pequeña cicatriz que tiene en la mejilla?”). Tal interpretación tuvo dos consecuencias: la formalización del fantasma y la reactivación de un síntoma obsesivo aparecido en la adolescencia, en forma de cojera, se trata de no caminar en las junturas de las aceras, lo llama, “pequeña piedra en el zapato”.

Después de la separación, se trató para él durante un largo tiempo de lo que llama hacer la experiencia de lo Uno, pasar del parloteo (miserable) al silencio. Detención necesaria en su caso para acceder al S de A tachado. Silencio que le remitía al espacio en que el Otro no existe, en tanto ya no tenía el auxilio del sentido. El reconocimiento ya no vendría del Otro, sino del sujeto que hizo dicha experiencia.

Esta desconexión ataca el principio mismo de la operación analítica, que apunta al sentido (por eso también la sombra espesa).

El desierto, señala, culmina con el atravesamiento del fantasma que le lleva a querer ir más allá, por eso es un segundo empalme y no sólo por la separación. Vuelve el parloteo de otra manera. Alienación, separación y vuelta a la alienación primera de otro modo. El goce de la palabra es un goce Uno, ya no de la comunicación, tomando lo que Miller señala en “Los seis paradigmas del goce”.

Ese trozo de lo real viene por un sueño del fin de la cura: Pâté de tête, queso de cabeza, que interpreta como “mira lo que es ser lo inmundo” (se extrae de un cadáver), en tres tiempos:

  • Instante de ver lo inmundo aproximándose a lo real.
  • Tiempo de comprender, sin el recurso del Otro.
  • Momento de concluir, aceptar la evidencia.

Del deser entonces a la destitución subjetiva que le permite apoderarse del trozo de Real que viene del inconsciente y de ahí al lazo con la Escuela: “puesto que es eso, entonces la Escuela”.

Tenemos la secuencia: deser, destitución subjetiva, final, la Escuela. Esta secuencia es una articulación ética, dice Bernard. Un decir sí sin el Otro, que se articula a la Escuela. Y lo es por el lado freudiano del “río de fuego”, por el no ceder frente a lo real.

En este pasaje para Bernard Seynhaeve se trata de ir siempre, más allá de eso que falla, al encuentro del real, todavía, siempre.

Bibliografía

  • Díaz, E., “La rebelión del no como todo el mundo, frente a la humanimidad”.
  • Lacan, J., “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Momentos cruciales de experiencia analítica, Manantial.
  • Lacan, J., “Discurso a la EFP” en Otros Escritos, Paidós, 2012.
  • Lacan, L., Seminario XXIII; El sinthome, Paidós, 2013.
  • Lacan, J., “Nota a los italianos”, en Escritos 1, Siglo XXI, 2013.
  • Miller, J.-A., “Nota paso a paso”, en Anexos Seminario XXIII, Paidós, 2013.
  • Miller, J.-A. Sutilezas analíticas, Paidós, 2011.
  • Miller, J.-A, “Los seis paradigmas del goce”, en Freudiana 29, Paidós, 2000.
  • Paulhan, J., El Guerrero aplicado, Tres Haches, 1999.
  • Seynhaeve, B., “Guerrero aplicado y destitución subjetiva”, en www.wapol.org/es/articulos.
  • Seynhaeve, B., “Conversación con Bernard Seynhaeve”, Seminario del Pase en la sede de Madrid de la ELP, 26 de noviembre de 2006, en Letras Lacanianas 4, 2012.