Cuando el autismo entra en las aulas: la importancia del encuentro

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image_galleryEl domingo 2 de abril se celebró el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Aprovechando esa fecha, La UPV/EHU, a través EHUkultura-Bizkaia, junto con TEAdir-Euskadi, Asociación de madres, padres y personas comprometidas con el autismo, organizó este pasado martes una jornada bajo el título ‘Cuando el autismo entra en las aulas: la importancia del encuentro’ en la que reflexionar sobre los autismos y hacerlo en torno a lo que en las reuniones de padres y madres aparece de manera recurrente: la escuela.

El período escolar es una etapa que genera mucha angustia en las familias con hijos con Trastornos del Espectro Autista (TEA), pero también en el profesorado, ya que es la primera aproximación al mundo de unos niños y niñas que tienen muchas dificultades para ese acercamiento. A los organizadores les pareció que era importante debatir sobre esta cuestión, trayendo a la mesa las opiniones y posiciones de las distintas personas implicadas: los niños y niñas, las familias, el profesorado y los terapeutas.

El año pasado, al finalizar su período de escolarización en primaria, Aimar, (un niño con TEA e hijo de una compañera del PAS de la UPV/EHU) dejó su colegio de toda la vida y el centro lo despidió con un vídeo a modo de regalo para él y para su familia. Ese video con fragmentos de la vida del colegio de Aimar es la base del que se puede ver aquí abajo:


“Cuando el Autismo entra en las aulas” de UPV/EHU.

Ese vídeo sirvió como excusa para llevar a la mesa redonda muchas de las preocupaciones de los padres y madres en relación a la escuela. Participaron en la charla Vilma Coccoz, psicoanalista con dilatada trayectoria en el trato con autistas; Beatriz Tomey, orientadora de la Ikastola Altzaga de Leioa; Astrid Ulnos, profesora de Pedagogía Terapéutica y Ana Goiricelaya, Presidenta de TEAdir-Euskadi.

Las participantes advirtieron que hacía falta una nueva manera de mirar la cuestión. “El autismo requiere que miremos con ojos nuevos y abiertos a nuestros chicos y chicas y también a la propia sociedad”, y así aprender de las personas autistas, “porque son nuestros maestros y maestras, son quienes nos enseñan”. Destacaron la importancia de la confianza que tiene que haber entre el profesorado y los padres y madres; y defendieron la necesidad de entender la escuela en su totalidad.

“Centrarnos exclusivamente en las notas y en lo académico nos enreda y nos hace perder la oportunidad de los otros espacios. Entender la escuela en su totalidad es prestar también atención a esos otros lugares de convivencia que son fundamentales para las relaciones: los recreos, las extraescolares, los comedores…”, explicaron.
«No sirven las reglas de juego»

Asimismo, afirmaron que es “imprescindible” comprender la “lógica subjetiva” de un niño con TEA y de cada niño en particular, para llegar a entender los efectos que esto tiene. Una de esas consecuencias es “la relación dificultosa” que tienen estos niños con el aprendizaje debido a su “modo tan diferente de comprender el mundo”.

Defendieron por ello que las “reglas del juego”, “los códigos sociales” de nuestro entorno no sirven. Pues “obstinarse” en esas reglas del juego impide prestar atención “a las puertas que las personas con TEA abren”, y abogaron por la flexibilidad. “Aferrarnos a nuestra autoridad como personas adultas (padres, madres, docentes…) nos impide llegar bien a estos chicos y chicas. No exageremos nuestra presencia, que les abruma, les invade y les angustia y liberémonos de tener que estar excusándonos constantemente por su presunta mala educación”, señalaron.

Las personas con TEA, indicaron, no son “rebeldes” que requieran de disciplina, “sino personas que no pueden atender a nuestra demanda y que necesita de nuestra flexibilidad”. Y apostaron por acomodar “los tiempos, las reglas, los procedimientos, las evaluaciones… del aula a las personas con TEA, y no al revés”. Señalaron que es necesario crear un espacio colectivo común respetando las singularidades y ayudarles a crecer desde quienes son. “Les encontramos cuando dejamos de buscarles”, advirtieron. “Es entonces cuando se nos muestran cómo son, cuando se nos muestra quiénes son”.

Aseveraron además que las aulas pueden convertirse en “lugares magníficos” para las personas con TEA, espacios en los que sean “reconocidas, respetadas, ayudadas…” y a los que también ellas “pueden aportar”, bien porque se recojan y prestigien sus intereses y particularidades o simplemente porque con su presencia muestren a otros adultos el valor del respeto a las personas, a la diversidad de la sociedad y a la dignidad del sujeto.

Fuente: Campusa.