La flauta de Pan. Hacia el V Congreso Europeo de Psicoanálisis, Pipol 9 El inconsciente y el cerebro. Nada en común | Betina Ganim

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Si se pudiese hacer una casuística de la clínica contemporánea, el “ataque de pánico o ataque de ansiedad” sería uno de esos conglomerados significantes que el sujeto moderno tiene a mano para empezar a decir algo de lo que le pasa cuando consulta. Lo interesante es que es totalmente transclínico, o transestructural.

Generalmente, se trata de algo que invade al sujeto y que atañe al cuerpo. Por supuesto, varía de un sujeto a otro, y se pierde fácilmente cuando el sujeto empieza a hablar e imprimir en ello su singularidad enunciativa.

“Pánico” es un significante que proviene de la mitología griega, específicamente del dios Pan, dios del campo, al que rendían pleitesía las hamadríades y las demás ninfas de diversos nombres. Pan evitaba relacionarse con los dioses del Olimpo, uno de los cuales era su padre, Hermes, y su madre una ninfa. Era tal la fealdad de Pan al nacer que hizo que la ninfa, su propia madre, huyera horrorizada, abandonándolo. Su padre, por su parte, lo llevó al Olimpo para que Zeus y los otros dioses se rieran de él.

A Pan le gustaba dormir todas las tardes en una cueva o en un bosquecillo, y si alguien sin querer lo despertaba, daba un grito tan espantoso que el pelo del intruso se erizaba: entraba en pánico.

Un sujeto consulta, angustiado, por algo que le ocurre hace un tiempo y no puede controlar: panic attacks. Poco a poco esa angustia se convierte en sorpresa ¿cómo algo que le habían asegurado tenía que ver con circuitos neuronales, y por lo que había sido medicado desde niño (en ese momento diagnosticado con TDAH) durante mucho tiempo, desaparece por el solo hecho de empezar a hablar de aquello que daba marco a su angustia?

El pánico lo invade cuando una puerta se cierra: ocurre en el cuerpo, sube un escalofrío, sudor frío y miedo…miedo de no tener escapatoria. El estrago se hace evidente cuando habla de las buenas intenciones del Otro al que el sujeto no puede dejar de responder con impedimentos.

Otro sujeto sufre de estos “ataques de ansiedad” cuando está estudiando: debe terminar la carrera -aunque no quiera. “Mi cerebro no quiere incorporar conocimientos”. Habla un poco más y en un instante de ver, se trata más bien de un deseo del padre que el sujeto quiere colmar. Si bien lo medicaron la primera vez, sabe que su angustia no se reduce a situaciones de examen, y abre el expediente de su infancia cuando el inconsciente lo sorprende en una de las sesiones.

El dios Pan, con su fealdad y el rechazo que por esto sufría de las ninfas de las que se enamoraba, hizo un instrumento musical: la flauta de Pan o siringa. Una invención que lo anudó al amor y a la vida.

La experiencia analítica, lejos de decir algo sobre el cerebro habilita para cada uno la invención de su propio instrumento para saber hacer con el real que lo habita.

Betina Ganim, socia de la Sede de Barcelona de la ELP-Catalunya.