Psicoanálisis y ciencia* | Manuel Montalbán Peregrín

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Introducción: un asunto de familia

Hay asuntos de familia entre el psicoanálisis y la ciencia, aunque representen aproximaciones muy diferentes al registro real de la existencia. El psicoanálisis y la ciencia son parientes en una familia que, como todas, tiene sus problemas. Hay rencillas pendientes entre ambos. Pero frente a un negacionismo mutuo, parece más enriquecedor establecer un debate crítico entre ambos. Psicoanálisis y ciencia han transitado en paralelo, pero con puntos y momentos de contacto, a lo largo del siglo XX. Tienen en común además el hecho de que conjugan, en ambos casos, una multiplicidad de enfoques, lecturas, bifurcaciones, a pesar de que ciertos sectores de la ciencia, en las últimas décadas, pretendan imponer una imagen monolítica de qué es ciencia, que no se corresponde a la actividad investigadora cotidiana. Todo ello, a pesar de que las prácticas no hegemónicas, desde paradigmas críticos, cuentan con importantes dificultades extraordinarias para su financiación, difusión y supervivencia.

Estado actual de la ciencia

Al preguntarnos por el estado actual de la ciencia, detectamos inmediatamente alguna respuesta precipitada: quizá la más común es identificar de manera unívoca ciencia y evidencia científica. Ello puede explicar la tendencia contemporánea a centrar la crisis actual de la ciencia, como hace John Ioannidis en su famoso artículo de 20051, en una cuestión de replicabilidad. La receta más habitual: La mayoría de los agoreros recomiendan diferentes técnicas estadísticas para mejorar la reproducibilidad de los resultados y comparar las conclusiones de diferentes análisis en meta-análisis. En definitiva, estas lecturas reduccionistas pretenden identificar exclusivamente la ciencia con el método hipotético-deductivo, y entender que todos los problemas de la ciencia se refieren a la falsedad o alteración de los datos recogidos, o a la falta de esos datos, en el formato preestablecido como científico. La polémica al respecto está servida. Sobre todo, a partir de la propia presión de las publicaciones científicas de mayor impacto y de los programas de financiación más ambiciosos, se descubren casos de fraude o, al menos, dudas razonables, en investigaciones de referencia de este enfoque oficialista, que recibieron, en algún momento, todas las loas posibles e iniciaron incluso líneas fecundas de trabajo.

Paradigmas alternativos

Pero no siempre se puede reproducir lo que en algún momento se produjo. La iteración no es sinónimo de repetición. Comprender no es solo reproducir. Las contingencias sociales nunca se reproducen de idéntico modo, y, para muchos, esto invalida los intentos de reproducción cuasiexperiemental con la selección de un manojo de variables.

Se olvida la propia historia de la ciencia y del pensamiento científico. Hoy en día no podemos pensar en un concepto unitario de ciencia. De hecho, se constata un alejamiento casi irreconciliable entre perspectivas mayoritarias, cuantitativistas, que pretenden asimilar lo que podemos llamar real natural y social, para comprender el hecho humano, y las perspectivas minoritarias, pero emergentes, que les critican que recurran, sin saberlo, a metáforas e instrumentos más cercanos al propio fantasma investigador que a la experiencia singular a investigar. El evidencismo actual es fruto de una tendencia retrógrada a enterrar períodos de la historia de la ciencia indispensables (Denzin y Lincoln, 2005)2. Este vaciamiento de lo social, y lo subjetivo, por tanto, en lo supuestamente natural va acompañado de un énfasis por localizar en referencias orgánicas, anatómicas, fisiológicas o genéticas, la causa de todos los problemas de la humanidad.

Evidentemente, desde las ciencias sociales críticas no se niega la importancia del órgano en el desarrollo, el comportamiento, etc., pero sí se critica vivamente el salto epistémico desde las funciones bio-orgánicas a la esfera simbólica y sus derivaciones, enraizadas en cuestiones históricas, económicas, culturales, de lengua, familiares, libidinales, etc. Este énfasis localizacionista no es ajeno a importantes intereses financieros que confían a la biopolítica el futuro de la civilización y del planeta.

Ciencia y pseudociencias

Frente a ello, las investigaciones cualitativas ponen a prueba una multitud de paradigmas interpretativos y metodologías para la obtención de información, y así empiezan a desdibujarse los límites entre las disciplinas sociales y las humanidades, incluso el arte. La labor fruto del tránsito por estas estaciones se caracteriza por preguntas de investigación más reflexivas que hablan de una doble crisis: la de representación, que se refiere al cuestionamiento respecto a que el investigador realmente capture la experiencia vivida y relate la experiencia en su texto; y la de legitimación, que nos confronta con el cuestionamiento de los criterios tradicionales para la evaluación e interpretación de la investigación sobre los fenómenos de índole social, cultural, etc. Cualquier debate sobre lo que es ciencia y lo que no, no puede olvidar, por tanto, que hoy en día es imposible determinar una cara unívoca de la misma. Pero, de vez en cuando la cruzada cientificista, que podemos definir de una manera muy simple como una operación de dictadura y colonización de la construcción del conocimiento, escudándose en la defensa de lo científico como algo racional, hipotético-deductivo, comprobable, reproducible, natural, neutral, ahistórico… recibe nuevo aliento, incluso desde medios de comunicación supuestamente progresistas del Estado español, como “eldiario.com” o “publico.com”. En este movimiento general descansa también el acuerdo de los Ministerios con competencias en Salud y Ciencia que presentaron en noviembre pasado el “Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias”3. Es loable el interés y el cuidado de la salud de los ciudadanos, pero las voces críticas señalan que se torna en acción inquisitorial, y en peligroso ataque contra la libertad de conciencia, cuando se dejan dominar por una deriva paternalista del Estado, los intereses mutuales de colegios profesionales y la presión de cierto sector de la industria farmacéutica, pudiendo convertirse en un ataque generalizado contra todo lo que huele a alternativo. Esto incluso al riesgo de alejarnos de la práctica común en países de nuestro entorno europeo.

En diciembre pasado, el comisario europeo de Salud, Vytenis Andriukaitis, ha respondido de forma clara a la petición de España de modificar la normativa para que la homeopatía no se considere medicamento: “No está previsto evaluar ni modificar la legislación”4. Y es que, según datos de la OMS, en Europa hay más de 45.000 médicos que prescriben habitualmente homeopatía y, según una encuesta reciente realizada en España, son 10.000 los facultativos que han prescrito en alguna ocasión medicamentos homeopáticos. El listado inicial de 73 pseudoterapias comprobadas, y otras tantas sujetas a análisis ulteriores, recoge un conjunto variopinto de tratamientos que se han venido patrocinando durante décadas desde el horizonte de la medicina natural, la naturopatía, etc. Se recogen propuestas como la cirugía energética, los cristales de cuarzo, el Feng Shui o la medicina mapuche, donde se mezclan prácticas sugestivas y antiguos sistemas filosóficos, o conocimientos herbolarios tradicionales, sin demasiado orden ni concierto, incluso con un evidente sesgo neocolonial. Sorprende no encontrar en el listado otras prácticas de tradición religiosa que patrocinan cursos para “curar” la homosexualidad de los feligreses, y que instancias eclesiásticas defienden calificando como sesiones de “apoyo y afecto” o “sanación espiritual”.

En principio, en el citado documento no hay ninguna mención específica al espectro psi. La lucha contra las pseudoterapias iniciada se centra en productos, prácticas y servicios del ámbito biomédico que no siguen la medicina basada en evidencias o convencional. De cualquier manera, y teniendo en cuenta la asociación que puede establecerse a partir de “listas negras” existentes bajo el epígrafe de falsas terapias, y la construcción mediática que se está realizando, intensificada en muchos casos por opciones ultracientificistas y comportamentalistas, se está instalando cierta inquietud lógica por la deriva que puede tomar esta cruzada contra lo pseudocientífico.

El psicoanálisis, hermanastro de la ciencia

Asuntos de familia, al fin y al cabo, un tanto recurrentes, interminables, y que se suelen plantear como debates muy básicos, y completamente superados, desde la propia historia de la ciencia y de la filosofía de la ciencia. El psicoanálisis es testigo protagonista de estos debates desde su nacimiento, hace más de un siglo. Como nos aclara Jacques-Alain Miller5, Sigmund Freud esperaba que finalmente el psicoanálisis podría y debería formar parte de las ciencias de la naturaleza. Así lo expresó en repetidas ocasiones. Sin embargo, la evidencia es que, hoy en día, el psicoanálisis no está más cerca de formar parte de las ciencias naturales.

Aún a su pesar, y como señala Ricoeur6, Freud es más bien referencia ilustre, como maestro de la sospecha, del espíritu crítico contra la idea de progreso tecno-científico del siglo XX, junto a Marx y Nietzsche. Esta idea no está lejos de lo que Jacques Lacan llamará, a partir de la década de 1950, su retorno al sentido de Freud7; sentido, hasta entonces, un tanto edulcorado por los movimientos posfreudianos que para sobrevivir tuvieron que adaptarse a nuevos espacios y momentos, dominados en muchos casos por el individualismo ideológico y la eclosión del discurso capitalista. En este retorno, Lacan cambia también las referencias científicas del psicoanálisis, de la biología a las ciencias del lenguaje, a la lingüística y a la lógica, principalmente. Entabla un diálogo, no siempre fácil, con las disciplinas que en aquellas décadas se dedicaban a la comprensión del registro simbólico, y sus implicaciones.

Por tanto, también podemos hablar de diversidad en la evolución del psicoanálisis como disciplina a lo largo del siglo XX. Distintas escuelas y familias retoman el testigo tras la muerte de Freud, incluso en el seno de la IPA. Tampoco podemos olvidar las divisiones internas que sacudieron la estructura formal del movimiento ya desde la década de 1910. El éxodo de psicoanalistas alemanes, austríacos y centroeuropeos con el acenso del nazismo, y la represión del psicoanálisis en la URSS estalinista, condicionarán también el modelo de extensión del mismo en Europa y América. El encuentro del psicoanálisis con las tradiciones intelectuales y cultura psiquiátrica de cada país irá configurando una cartografía de particularidades, tensiones y soluciones ad hoc. Una corriente importante, sobre todo en el mundo anglosajón, estableció diálogo con distintas expresiones y oleadas del organicismo dominante, dando lugar incluso a denominaciones como “neuropsicoanálisis”. Así, la dialéctica entre psicoanálisis y ciencia sigue viva, y tiene variadas presentaciones. Sería absurdo, y una opción con absoluta falta de rigor, clausurar este debate con una mera sanción anticientífica del psicoanálisis. Al menos diez revistas de psicoanálisis, editadas en países como Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania, están recogidas como publicaciones relevantes de impacto científico en el Journal of Citation Reports de la Web of Science8. No es extraño, entonces, que el psicoanálisis de orientación lacaniana especialmente ha querido transcender el debate psicoanálisis y ciencia desde la pregunta por si el psicoanálisis es o no es científico. El psicoanálisis no es una ciencia, pero qué disciplina contemporánea lo sería. Si Lacan pudo afirmar que el psicoanálisis no es una ciencia, no era desde luego para alinearlo al lado de las llamadas pseudociencias, sino más bien para profundizar la brecha epistémica abierta en el seno mismo de la ciencia positivista.

Por una parte, retoma las críticas a la manera en las que se trata la subjetividad, en las que se construye al sujeto desde la ciencia, y, por otra, critica la falsa ciencia que se refugia en el autoritarismo científico, en la ideología de la hiper-evaluación, el uso indistinto de la estadística, los argumentos de la evidencia objetiva, dando por verdadera, unívoca, y abarcable la realidad que aspira conocer. Lacan no se desentiende de la ciencia, sino que, a partir de las dificultades para situar al psicoanálisis entre las ciencias (incluso entre las ciencias conjeturales), va más allá y pretende situar al psicoanálisis como interlocutor de la ciencia ante su propia crisis, “ciencia” al borde de la ciencia, disciplina éxtima al debate científico.

Así, para concluir, podemos aventurar que el psicoanálisis no es una ciencia, una ciencia al uso, por lo menos no como las demás, aunque está profundamente emparentada y condicionada con y por la ciencia. El psicoanálisis no podría entenderse sin la ciencia, sin la operación de constitución de la ciencia moderna que hunde sus raíces mucho más atrás, pero tiene un hito inaugural en la obra de Descartes. Pero el psicoanálisis se interesa, desde sus comienzos, por algo del resto de esta operación. En la experiencia analítica precisamente uno debe hablar de lo que no se puede decir; evidencia, esta sí, que corrobora que las palabras no son suficientes para decirlo todo. Este resto se confecciona a partir de retales, de detalles, matices, sutilezas, formaciones del inconsciente, que escapan al acto racional y remiten a la experiencia particular de cada cual. Así, la propia interpretación analítica no parte de una hermenéutica universal, sino que tiene valor para el sujeto en tanto que valor particular. En este sentido, el real del que se ocupa el psicoanálisis no es el real de la ciencia, real por otra parte fragmentado y repartido entre las especialidades científicas. El real del psicoanálisis es la realidad como experiencia en lo imposible de decir. Lo real es lo imposible, donde el discurso tropieza y no puede ir más allá. Un real que no se puede decir, pero del que se debe hablar. Es lo que Freud llamará el trauma, lo traumático, el agujero en nuestro discurso que traspasa la definición del ser humano como organismo e incluso como simple receptáculo simbólico.

No es una ciencia, pero insisto, qué práctica terapéutica o de crítica de la cultura que se precie, que quiera ir más allá de lo políticamente correcto en la definición de lo científico hoy en día, y de sus consecuencias, no representa también un plus respecto a la ciencia oficial, un arte, arte de ingenio. Como escribían hace algunos años Erminia Macola y Adone Brandalise9, en su poético despliegue, los escritos, entre otros, de Cervantes, Lope, Gracián y María Zambrano, parecen anticipar, saber y mostrar con singular evidencia, lo que Freud y Lacan producen como activo resultado teórico. Solo hay que querer, saber leerlos.

Manuel Montalbán Peregrín, miembro de la ELP y de la AMP, responsable del Observatorio Psi de la ELP, profesor titular de antropología social, Universidad de Málaga.

*Texto base de la conferencia pronunciada en el ciclo “Asuntos de familia” del ICF-Málaga, en colaboración con la Universidad de Málaga, en abril de 2019.

 

Notas:

  1. Ioannidis, John P. A. 2005. “Why Most Published Research Findings Are False.” PLoS Med 2 (8): e124. doi:10.1371/journal.pmed.0020124.
  2. Denzin, N. K. & Lincoln, Y. S. (2005) Introduction. The Discipline and Practice of Qualitative Research, En N.K. Denzin & Y.S. Lincoln (Ed.) The Sage Handbook of Qualitative Research. Third Edition. Thousand Oaks: Sage Publications, Inc.: pp. 1-13.
  3. Consultar en: Plan para la protección de la salud frente a las pseudoterapias.
  4. Directiva 2001/83/EC del Parlamento Europeo sobre Medicamentos para Uso Humano.
  5. Miller, J.-A. (1988) “El psicoanálisis, su lugar entre las ciencias”.
  6. Ricoeur, P. (1965/1999) Freud: una interpretación de la cultura, México, Siglo Veintiuno.
  7. Lacan, J., “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis” 1955. En Escritos, 1, Madrid, Siglo XXI, 17ª ed., 1994, 384-418.
  8. Consultar en: Web of Science Core Collection.
  9. Macola, E. y Brandalise, A. (2004) Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano. Málaga, Miguel Gómez Ediciones.