La sublimación uno de los destinos de la pulsión | María Cruz Rodríguez

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El dispositivo cartel

“El pase, como el cartel es, desde el punto de vista institucional, una máquina anti-didactas”. [Intervención de Jacques-Alain Miller en la Jornada de Carteles de la ECF, el 8 de octubre de 1994]. Una máquina anti-estándar que debe ser leída en términos de empuje a despertar, cada vez, de la zona de confort en la que puede entrar el analista cuando no hace lazo con otros, interrogando los conceptos psicoanalíticos.

No tiene el fin de recibir una enseñanza, sino de producirla individualmente por cada uno de los cartelizantes.

Es el instrumento que sostiene una lógica colectiva que no aspira a un todo y que reconduce a cada uno a su propio rasgo bordeando un agujero, el agujero del no-saber.

Su limitación temporal ayuda a separarse contraviniendo la tendencia a constituir grupo apoyado en las identificaciones.

Este trabajo responde a una inquietud personal, sabemos que más que elegir un tema somos elegidos por él. El tema nos elige. Ese fue mi caso. Fui elegida por el tema de la sublimación.

Introducción

Ya para Freud la sublimación era un tema discreto, aunque muy vivo, presente en el psicoanálisis de principio a fin. Analiza la producción sublimatoria desde varias perspectivas: 1) como un mecanismo intrapsíquico, donde la pulsión es desexualizada, al cambiar de meta, sin idealizar el objeto y 2) sobre las interacciones entre cultura y biología, 3) para finalmente hacer sus apariciones en textos referidos al análisis de la vida pulsional del sujeto, en relación a la cultura y la aspiración a la felicidad de los humanos.

En Lacan se opera una verdadera subversión del concepto, él insiste más en la sublimación como una nueva satisfacción que no es sin el cuerpo. Enfatizó de la sublimación la creación que supone introducir el significante en el mundo. Es esa reflexión de Lacan, en la que relaciona la sublimación, no tanto con la elevación, sino con el bordear lo real del vacío donde se encuentran, en relación a la extimidad de la Cosa. Es bordeando el vacío, sin rehuirlo, sin la represión, sin demanda al otro, sin el detenimiento, lo que se convoca en la sublimación, según Lacan. Para él los ideales han dejado de ser la causa del deseo. Es en relación a lo real, no a lo ideal, donde tratará de preservar la sublimación, lo real en cuanto que es el dominio de lo que subsiste fuera de lo simbólico.

Aspiración a la felicidad

Rebajadas las hegemonías simbólicas con la quiebra abierta en más allá del Padre, ayudada por el enunciado: no hay relación sexual para la especie humana, este lado negativo seguido del hecho positivo que es: hay sinthome, queda abierta la convocatoria a repensar el goce pulsional con otra meta que la sexual.

Las elaboraciones de Freud y Lacan acerca de la sublimación convergen en una reflexión sobre la aspiración a la felicidad en la especie humana, conectan lo subjetivo y lo social, aunque los momentos epistémicos, desde los que cada uno articula el concepto son diferentes. Freud retoma los temas de la aspiración a la felicidad de los humanos desde una preocupación y un lugar de argumentación inéditos, incluso cercanos a la metapsicología. Próximo a la transcendencia kantiana y al romanticismo filosófico y literario, Freud está muy imbuido por lo que, al comienzo del siglo XX, se dio en llamar la filosofía de la vida. La intrínseca relación existente entre la sublimación y los valores, entre la sexualidad y la cultura, entre la pulsión y el ideal, le dificultaban, sin duda, una comprensión del fenómeno.

Lacan en La ética del psicoanálisis nos dice… ”¿al final del análisis que es lo que se nos demanda? Lo que se nos demanda debemos llamarlo con una palabra simple, es la felicidad. Nada nuevo les traigo aquí…una demanda de felicidad…efectivamente de eso se trata”1.

”Y la fórmula más general que les doy de la sublimación es la siguiente…ella eleva un objeto…a la dignidad de la Cosa”2. La Cosa se presenta como una unidad en extimidad.

Bordear el vacío permite ordenar la función de la sublimación a partir del momento donde se encuentran real y significante. Mejor encontrar un tratamiento del vacío que no ocultar su sin remedio.

Es fundamental apuntar a la diferencia de los goces, que se rijan por una lógica del no todo.

Para ejemplificarlo, Lacan nos presenta un apólogo3: en ocasión de una visita a su amigo, el poeta Jacques Prévert, advierte que éste había dispuesto una colección de cajas de fósforos, todas iguales, vacías alrededor de una chimenea, de modo tal que seguían el reborde y continuaban ascendiendo por una pared hasta que descendían a lo largo de una puerta. El efecto logrado por esta agrupación de cajas de fósforos, bajo esta Erscheinung o apariencia, no es la de ser un objeto simplemente sino la de ser una Cosa. Lacan no aparta el psicoanálisis de este real, que es la Cosa, invita a afrontar a bordear ese real.

Paradójicamente en el Seminario 6, la sublimación se sitúa como tal en el nivel del sujeto lógico, donde se instaura y se despliega todo lo que en sentido estricto es trabajo creador dentro del orden del logos. “La sublimación… es lo que permite que la letra y el deseo equivalga”4. Como dice Miller en el capítulo I, “Bricolage”, Piezas sueltas (p.17) “La significantización del falo depende de la lógica del bricolaje…digamos que esta operación se apropia de una pieza suelta para elevarla a la dignidad del significante”.

Sublimación es una palabra sublime, pero eso mismo es lo que rebaja Lacan al denominarla escabel en “Joyce el Síntoma” (Conferencia del 6 de Junio 1975 en el gran anfiteatro de la Sorbona con motivo de V Simposio Internacional de James Joyce).

Ya había destacado que el artista siempre precede al psicoanalista y que el poder de enseñanza de su obra consiste en que su trabajo es recuperar el objeto por medio de su arte, “elevando un objeto, que no es valioso en sí, a la dignidad de la Cosa”.

La sublimación revela lo que es la naturaleza de la pulsión, separándola del instinto, y mostrando su relación con Das Ding, La Cosa, una vez que la Cosa es distinta del objeto. Para que un objeto de la experiencia, un objeto industrial, venga a ocupar el lugar de Das Ding es preciso que ocurra una transformación, es preciso bordear ese vacío para poder producir una transformación y es a esa transformación que Lacan designa como sublimación.

La satisfacción sublimatoria es una satisfacción que no pasa por la demanda, no tiene que pasar por el otro, no hay una exigencia de demanda, pintar, leer, crear música es un goce… sin demanda al otro.

Ya en su última enseñanza, en el Seminario 23, El Sinthome, Lacan deja el concepto de sublimación y lo sustituirá por el de sinthome, para calificar la estética de Joyce, para desnudar a ese real al que el artista se confronta y que las posibles sublimaciones velan.

Miller nos recuerda que la satisfacción que comporta la sublimación” encuentra en el goce Uno su verdadero fundamento”5.

Y en Piezas sueltas Miller señala cómo “Lacan enseñó en su Seminario Aún… que hablar, manejar los significantes, es al mismo tiempo sublimar…desplazó el modo en que consideraba la verdad y el significante”.

Tenemos al Lacan 1 (1966): el síntoma no se interpreta sino en el orden del significante, en la articulación entre S1-S2, aquí radicaliza que el síntoma es verdad, que había preparado la conjunción, haciendo coincidir la verdad en el inconsciente y en el síntoma… había preparado la conjunción, pero como dice Miller,… ”cuando Lacan muestra con tanta claridad las conjunciones prepara las disyunciones”6. Y solo cuando ha clarificado esa verdad del síntoma resuena …Es el Lacan 2 el que da una función al sinthome en su Seminario 23 y en el texto “Joyce el síntoma” de los Otros escritos. Primero se define el síntoma a partir del orden significante y diez años más tarde, ya no se le define como efecto de verdad, sino como acontecimiento del cuerpo.

Conclusiones

Si sublimar no es del orden del síntoma, podríamos llamar sublimación a la desviación de la meta de la pulsión en otra dirección, en la que el sujeto escoge otra lógica, ante la voracidad del vacío, que no va por la vía del ideal, ni la represión, ni la demanda al Otro, va en la línea del Uno. Es la insondable elección de otra dirección en la búsqueda de la satisfacción. ¿Se trataría de una elección de goce legitimada, una manera de hacer con la castración, con el real implicado en ella?

¿O es una elección tomada con alfileres, ante la voracidad del vacío, que anuda pero dejando respuestas sublimatorias como otros modos de hacer con el trauma?

En este sentido, el desencadenamiento del artista con su arte sublimatorio, podría ser la singular respuesta ante el agujero que a todos nos constituye?   Todos sublimamos en el encuentro, inevitable, organismo viviente lenguaje, es decir, la operación de significantización a la que, como humanos estamos abocados, es una producción sublimatoria que nos eleva a la dignidad del significante.

Después vendrá el uno por uno. Es la constitución ética del sujeto, el manejo que cada uno haga con ese real de goce con el que se encuentra, previo a la producción de la obra de arte. El psicoanálisis, a través de la sublimación, apuntó a orientarse desde el inicio por la singularidad radical. La sublimación es un ideal que se emparenta con el deseo, es su horma dice Lacan y podría decirse que ella “eleva la singularidad a la dignidad del resto”7.

Este recorrido me acercó al dicho de Lacan: “el estilo es lo real”. El modo de hacer con el goce, con desvío o no de la meta, guarda el secreto de lo que se hace.

María Cruz Rodríguez, psicóloga, psicoanalista, socia de la Sede de Sevilla de la ELP.

 

Notas:

  1. Lacan, J. Seminario 7. La ética del psicoanálisis. Cap. XXII. “La demanda de felicidad y la promesa analítica”. Paidós, Buenos Aires, 1988. p. 348.
  2. Lacan, J. Ibid. p.138.
  3. Lacan, J. op. cit. Cap.VIII “El objeto y la cosa”. Paidós, Buenos Aires. 1988. pp. 140-141.
  4. Lacan, J. Seminario 6, El deseo y su interpretación. Cap. XXVII “Hacia la sublimación”. Paidós, Buenos Aires, 1915. p 536.
  5. Miller, J.-A. El lenguaje, aparato del goce “Los seis paradigmas del goce”. 1999. Publicado en. Buenos Aires. Colección Diva, 2000, pp. 141-180.
  6. Miller, J.-A. Piezas sueltas. “La teoría del escabel”. Ciudad Autónoma de Buenos Aires,2013, p. 91.
  7. Domínguez, Irene. Diploma de Estudios Avanzados (DEA): Recorrido de la Sublimación. En Colochos 5, junio, 2015.