Distorsiones y soluciones del narcisismo en la psicosis | Daniel Cena Reído

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Este escrito es el producto individual del trabajo elaborado en el cartel “Las psicosis ordinarias y las otras”. Constituido en Barcelona en el año 2017 e integrado por: Myriam Chang, Maite Xarrié, Lluïsa Andreu, Montse Colilles , Rosa Godinez. Más Uno Daniel Cena Reído.

Psicosis y narcisismo

Más de cien años han transcurrido desde que en 1914, Sigmund Freud publicara el texto “Introducción del narcisismo en la teoría psicoanalítica”1, el término “narcisismo” ya había sido utilizado con anterioridad por otros autores: Paul Näcke y Havellok Hellis para referirse a determinadas prácticas sexuales en las cuales el sujeto tomaba su cuerpo como objeto erótico. El estudio de Freud demuestra que el narcisismo es un componente estructural en el psiquismo de todo ser humano.

El narcisismo se instituye por “un nuevo acto psíquico” que permite una relación del sujeto con su cuerpo más allá del autoerotismo inicial. En el estudio que realiza, Freud destaca, los síntomas que se producen en ciertos estados psicóticos para deducir el funcionamiento del narcisismo. La megalomanía da cuenta del retorno de la libido sobre el yo, se trata para Freud de un estancamiento de la libido que despegada de los objetos libidinales se concentra en el yo produciendo un estado de exaltación maníaca. El estado de megalomanía muestra de forma contundente las alteraciones narcisistas subjetivas que se producen en ciertos momentos de “desenganche” de los objetos libidinales. La regulación que hasta ese momento estabilizaba la subjetividad se desorganiza dando lugar a una sintomatología que puede presentarse de modos diversos: megalomanías, melancolías, manías e hipocondrías, entre otros estados psicóticos. La esquizofrenia por la vía de un narcisismo patológico es uno de los caminos para el conocimiento del narcisismo en la estructura subjetiva.

El goce del semblante propio

La libido freudiana en la primera enseñanza de Lacan es fundamentalmente narcisista, la imagen produce un efecto de goce. La primera clínica lacaniana, se caracteriza por el goce del semblante propio en el espejo.

“El narcisismo nombra la conjunción del goce y lo imaginario. Y Lacan ubica allí el semblante amo” …”Nos presenta al estadio del espejo, finalmente como una relación erótica y un momento decisivo del goce del sujeto. Es el valor preciso de su notación del júbilo del sujeto ante su imagen en el espejo. No se trata simplemente de una observación sobre la experiencia, esta agitación jubilosa del sujeto connota la elección fundamental de goce en el ser humano”2.

Jacques-Alain Miller ha señalado, que esta concepción de la libido narcisista de la primera enseñanza de Lacan dejaba en un segundo plano el tema de la libido sexual.

Será por la vía de la clínica de psicosis en donde entrará en juego otro elemento que articulará: la sexuación con el estadio del espejo por medio del falo imaginario.

La psicosis también como la neurosis encuentran su causalidad en la cuestión de la identificación. Si histeria y obsesión eran referidas a una falta de identificación, el desencadenamiento del presidente Schreber remite a la conmoción de una identificación y a la consecuente disolución de la estructura imaginaria.

El estadio del espejo aparece en este caso distorsionado y desmentido por el aislamiento de una fórmula de la identificación que no es en absoluto la identificación con el semblante propio.

Lacan aísla una identificación que da cuenta de la intrusión del significante en el goce, esta identificación es la identificación fálica.

Diferentes valores del narcisismo

La forclusión del Nombre del Padre produce como efecto la elisión del falo obligando al sujeto psicótico a una búsqueda de un recurso sustitutivo para resolverla. El psicótico está sometido “a deber ser el falo”.

En el seminario de investigación psicoanalítica sobre “El hombre de los lobos”3, Jacques-Alain Miller comenta la solución encontrada por Schreber: “el asesinato de almas” señalando su carácter catastrófico para el sujeto ya que la misma no es nada apaciguadora.

Es un modo de nombrar o designar la elisión de la identificación fálica. Sin embargo, falla como recurso para estabilizar al sujeto. “El asesinato de las almas es la solución schreberiana. Es la solución schreberiana a la elisión del falo por la muerte”4. Este “fracaso” que constatamos en el caso Schreber sin embargo no puede generalizarse, en el sentido de que el sujeto psicótico puede encontrar otro modo de resolver la elisión del falo que constituya un modo de estabilización. Para Miller esta cuestión pone en “primer plano” los diferentes valores del narcisismo.

Distinguiendo entre un narcisismo que llama de distorsión, de modificación y un narcisismo de solución. Esta hipótesis implica que en ciertos sujetos la fase del espejo no se ha constituido o que presenta serias alteraciones. ¿Qué consecuencias se pueden deducir de las mismas? Entramos aquí en un terreno que tiene ver con los diferentes valores del narcisismo; con sus distorsiones, pero también con las soluciones por la vía de lo imaginario que el sujeto puede hallar. Se trata de las distintas funciones que el estadio del espejo puede asumir para brindar una solución a la elisión del falo. Esta función de la imagen en el humano inaugura por la vía de la identificación imaginaria la relación con el cuerpo propio anticipando su dominio desde la impotencia motriz y siendo además el principio de la socialización. La “adquisición” del propio cuerpo se realiza mediante la función de la imagen y el narcisismo.

Regresión tópica del estadio del espejo

Una de las características destacadas de lo imaginario por Lacan es la de dar consistencia. La consistencia es lo que mantiene unido o junto al cuerpo imaginario. La identificación imaginaria anticipatoria da una consistencia o una unidad al cuerpo despedazado.

Vemos desfallecer la consistencia corporal en la esquizofrenia donde en determinadas situaciones se produce un verdadero “estallido” de la unidad corporal que se expresa en todo tipo de trastornos imaginarios e hipocondríacos cuando se producen estados de desencadenamiento regresivos. En estos casos se manifiesta una deslocalización de goce que afecta lo imaginario fragmentando la unidad narcisista. La identificación fálica por el contrario contribuye a la afirmación narcisista del sujeto, la ecuación niño= falo producida en el marco edípico tiene consecuencias en la posición subjetiva. El parlêtre se identifica con su cuerpo, se representa mediante el mismo. Volvamos a la solución encontrada por Schreber para tratar la elisión del falo, el “asesinato del alma”, no estabiliza, es una solución “catastrófica” que le lleva a un arduo “trabajo” por intermedio del delirio para encontrar una solución imaginaria.

En relación con la imagen narcisista en el momento de entrada en la psicosis vemos que Schreber se representa bajo la forma de un cadáver leproso conduciendo a otro cadáver leproso. En este momento del delirio se puede reconocer a la pareja del estadio del espejo, pero lo que nos llama la atención es la degradación de la imagen con la cual el sujeto se representa: como un cadáver. Dicha imagen corresponde a una conmoción o a una disolución de la imagen narcisista que hace caer el velo o el hábito que corresponde al yo ideal. Es la perturbación subjetiva de lo imaginario que degrada la imagen subjetiva. En los desencadenamientos psicóticos se presenta como primer momento el levantamiento o caída del hábito y la exposición al desnudo de otra dimensión más real.

Este proceso que se produce en los desencadenamientos es llamado por Lacan: “regresión tópica al estadio del espejo” y es la consecuencia de la repercusión en la estructura imaginaria de la forclusión del Nombre del Padre que se produce en los momentos de separación de los tres registros (Simbólico, Imaginario y Real.). En la regresión imaginaria surgen fenómenos observables que dan cuenta de cómo lo imaginario se disuelve y se reduce a veces a la estructura elemental del estadio del espejo. Esta desestructuración puede seguirse en ciertos casos de desencadenamiento psicótico conociendo las coordenadas del estadio del espejo. Cuando este no está organizado por lo simbólico es un estado de orden psicótico habitado por un sufrimiento primordial. La regresión tópica al estadio del espejo es la psicosis. Dicho estadio ilustra la tesis de la psicosis nativa original que planteaba Melanie Klein. En el caso Schreber la caída de la imagen especular, su dilución, da como resultado la aparición de los cadáveres leprosos que desnudan al objeto (a) como desecho o carroña universal. Revelado el lugar de objeto (a) que ocupa el sujeto psicótico como desecho.

El delirio se presenta entonces como un recurso para salir de dicho sitio. Este trabajo se hace mediante el goce transexualista que relocaliza al goce, restaurando la estructura imaginaria que afecta a la imagen especular. Es su imagen feminizada lo que pacifica al sujeto después de un arduo trabajo para llegar a una metáfora delirante “la mujer de Dios”. El goce “trans” logra estabilizar a ciertos sujetos psicóticos en determinados momentos de su existencia por que posibilita una identificación imaginaria.

Suplencias resolutivas

En la convención de Antibes, se habla de neodesencadenamientos. El trauma en el sentido amplio del término se constituye por el encuentro con un real sin ajuste simbólico posible, a veces los efectos se presentan con un estilo melancólico que puede llegar hasta la catatonia. Lo que se pone en evidencia es la insuficiencia del sujeto en relación con su ser vivo. “La imposibilidad de producir una significación fálica para dar cuenta de la situación vivida confronta al sujeto con el desamparo, ya que no puede hacer nada en ningún tema”5. Dicho de otro modo, el sujeto no puede responder a las situaciones vitales que se le plantean en determinados momentos de su vida.

P sub-cero es una hipótesis que se basa en esta ausencia de todo fundamento del ser con lo que el sujeto se enfrenta. Esta ausencia se ilustra con la falta de cualquier recurso que permita una simbolización y un aparejamiento del goce enigmático y sin límites. La hipótesis que tenemos con relación a ciertos estados o desencadenamientos es que pueden leerse como desanudamientos de la estructura ocasionada por la insuficiencia de la relación imaginaria con el cuerpo, que desnuda la imposibilidad de limitar el goce. El fracaso de la castración simbólica se manifiesta en fenómenos desde la perspectiva de Fi sub-cero y fundamentalmente del empuje a la mujer.

“Por no ser el falo que le falta a la madre, le queda la solución de ser la mujer que le falta a los hombres“6. El transexualismo aparece entonces como una de las posibles soluciones “el producto en segundo grado de la elisión del falo, llevado a la hiancia mortífera del estadio del espejo con el fin de resolverla”7. Sin embargo, lo que Lacan llama “el empuje a la mujer” tiene resultados diversos, no se trata de una feminización automática, puede manifestarse a través de signos por los que el sujeto paranoico deduce que el otro le atribuye ciertos rasgos gais u homosexuales. En el otro extremo encontramos los fenómenos de transexualidad, pero existen una gran cantidad de casos en donde este empuje viene marcado por tentativas de sobrecompensación viril delirante. “Ser el hombre de todas las mujeres” o la variante erotómana femenina “ser la mujer de todos los hombres”. En todo caso, todo esto ilustra las formas diferentes de suplencia con el fin de resolver la hiancia mortífera del estadio del espejo.

El reverso del estadio del espejo

Por el contrario, Joyce es tratado por Lacan como un sujeto sin cuerpo, es decir alguien que tampoco ha realizado la identificación fálica pero que sin embargo ha encontrado una solución diferente.

Eric Laurent ha puntualizado esto en su libro titulado “El reverso de la biopolítica”, en dónde recuerda que Lacan en el Seminario 23 hace una nueva lectura de la clínica de la perversión y de la clínica de la sublimación a partir del goce masoquista8.

Perversión y sublimación son dos polos opuestos que interrogan al goce fálico ya que se plantea un acceso a la satisfacción pulsional que no pasa por la castración ejercida por la función paterna.

En el Seminario “El deseo y su interpretación”9, el interés de Lacan se dirige hacia la posición subjetiva del masoquista relacionado con el lugar vacío del sujeto que reducido a un “perro maltratado”, que no tiene nada que decir sobre su suerte y sin derecho a la palabra, está condenado a desaparecer.

Eric Laurent recuerda que, Lacan en el seminario sobre el Sinthome se refiere nuevamente a la desaparición, pero esta vez en relación con el cuerpo/ego dispuesto a desprenderse. Según Laurent, Lacan nos presenta el reverso del estadio del espejo.

Si en dicho estadio el sujeto se inscribe en lo imaginario mediante la asunción jubilosa de su imagen, en la última lección del Seminario 23 Lacan trata sobre un modo de “escritura” del ego que no es asunción sino desaparición.

Contraponiendo el afecto de júbilo, de excitación del estadio del espejo al episodio en donde Joyce es golpeado por sus compañeros se detiene en lo que experimentó el escritor: una reacción de asco. Ese asco se refiere a su propio cuerpo. El masoquismo en este caso parece ser irrelevante para Lacan ya que subraya de dicha experiencia la metáfora de desprendimiento y la repugnancia hacia su propio cuerpo como dos fenómenos decisivos. No es una respuesta de goce como sería en el caso del masoquismo sino de repugnancia, de rechazo.

Lacan “destaca que el cuerpo se desengancha del psiquismo como un mal recuerdo”10. El cuerpo una vez afectado de repugnancia es metaforizado por el recuerdo. El mal recuerdo es expulsado de la mente de Joyce y con él el cuerpo.

En la fase del espejo se produce una identificación subjetiva con la imagen del cuerpo y el goce/júbilo del sujeto ante su imagen en el espejo, en el caso de Joyce se deduce del relato de la pelea una falla o ausencia de identificación del sujeto con su cuerpo. De allí que se afirme que es un cuerpo sin imagen.

Laurent afirma que “la falta de escritura del cuerpo propio en Joyce le da acceso a un cuerpo sin imagen, premisa lógica del desprendimiento del cuerpo”11, y a continuación cita a Lacan “Relacionarse con el propio cuerpo como algo ajeno es ciertamente una posibilidad que expresa el uso del verbo tener. Uno tiene su cuerpo, no lo es en grado alguno. De aquí que se crea en el alma, después de lo cual no hay razones para detenerse, y también se piensa que se tiene alma, lo que es el colmo. Pero la forma, en Joyce, del abandonar, del dejar caer la relación con el propio cuerpo resulta completamente sospechosa para un analista, porque la idea de sí mismo como cuerpo tiene un peso”12.

El “desvanecimiento” del goce narcisista en el caso del escritor da cuenta de un modo de gozar diverso que recupera el goce “en el cuerpo de la letra”.

Daniel Cena Reído.

AP miembro de la ELP y de la AMP. Miembro de la Comunidad de Cataluña. Psicólogo Especialista en Psicología Clínica.

 

Notas:

  1. Sigmund Freud “Introducción al narcisismo” 1914. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid 1976.
  2. Jacques-Alain Miller “De la naturaleza de los semblantes.” Paidós. Buenos Aires 2002.
  3. Jacques-Alain Miller “El Hombre de los Lobos” Un seminario de investigación psicoanalítica. Editorial Gredos S. A. 2011.
  4. Jacques-Alain Miller “El Hombre de los Lobos” Un seminario de investigación psicoanalítica. pag.61. Editorial Gredos S.A. 2011.
  5. Jacques-Alain Miller y otros “La psicosis ordinaria. La convención de Antibes” Editorial Paidós.
  6. Jacques Lacan. De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis. Escritos. Editorial Siglo XXI. México 1976.
  7. Jacques Lacan. De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis. Escritos. Editorial Siglo XXI. México 1976.
  8. Eric Laurent. “El reverso de la biopolítica” Editorial Grama. 2016.
  9. Jacques Lacan “El deseo y su interpretación” Editorial Paidós. Buenos Aires. 2015.
  10. Jacques Lacan-“El sinthome” Seminario 23 Ediciones Paidós.
  11. Eric Laurent “El reverso de la biopolítica” Editorial Grama.
  12. Jacques Lacan “El sinthome” Seminario 23. Ediciones Paidós. Buenos Aires 2006.