Espacio Hacia Pipol 9. El paradigma “neuro” y las paradojas del goce* | José R. Ubieto

Facebooktwitterredditlinkedinmail

La propuesta de Pipol 9 es actual y sugerente. Actual porque no hay duda que lo neuro es hoy un verdadero significante amo de la época, un S1 que viene al lugar de la verdad caída y se añade a la red, otro S1 actual, formando la red neuronal. De hecho, comparten muchos significantes como deslocalización, descentralización, flexibilidad, plasticidad o conexión, que a su vez forman parte del campo semántico del capitalismo neoliberal. La llamada neurona de Wall Street sería el paradigma de ese ajuste entre las redes de influencia de los brókeres y las redes neuronales. Donde Weber asociaba la ética protestante al capitalismo incipiente, ahora el hombre neuronal y el neoliberalismo irían de la mano. Como nos recordaba hace poco M.H. Brousse, hoy “todo el mundo busca imponer el significante milagroso que les permitirá controlar modos de gozar”1. Lo neuro aspira, sin duda, a ser ese significante milagroso.

Y es también sugerente porque la ambición del neurocentrismo no nos deja indiferentes, ya que pretende nada menos que la colonización del inconsciente, que quedaría reducido a una memoria o a una huella de la experiencia. Su operación específica sería el recurso a la cifra y a los algoritmos: “el sufijo neuro es la forma que adquiere la cifra cuando consigue capturar lo psíquico”2.

Esa red neuronal trata, pues, de enredar al sujeto para velar el agujero que la pulsión hace en la cognición, mediante un inconsciente que es lenguaje y que está “en alguna parte sobre el cerebro, como una araña”3.

Nada en común, pues, entre ese inconsciente lacaniano y el cerebro-neuro. Y esa diferencia radical alude también al gap que encontramos entre las promesas de los avances de las neurociencias y su incidencia efectiva en los cuerpos de los seres hablantes. Toda la imaginería cerebral, cada día más potente, no puede esconder esa hiancia que nos habla de la imposibilidad de una relación precisa entre causa y efecto. Imposibilidad que solo desde el psicoanálisis podemos situar en relación al síntoma, a lo que escapa a cualquier cálculo y resiste en los aprendizajes, en las relaciones personales objetando así al mito de neurocentrismo4.

Mito que habría que atribuir solo a una parte de las neurociencias. A la que, bajo el título de neurociencia cognitiva, disciplina dominante en la psicología contemporánea, aspira a identificar los mecanismos biológicos de la cognición, especificando las funciones psicológicas en términos neuronales.

Esta ilusión de fundar el inconsciente en un sustrato biológico tiene ya su recorrido. Desde Rof Carballo5 hasta autores más recientes como Damasio, Pally o Kandel, que conoció a Ernest Kris en su juventud6.

La tesis básica de estas propuestas es que la percepción deja una huella psíquica pero también una huella neuronal que, al modificarse a causa de la plasticidad neuronal, cuestiona la fijeza de la determinación clásica y permite así mostrar la singularidad de cada sujeto en esta doble inscripción. Sería un proceso similar a la epigenética, donde la incidencia del ambiente interactúa con el genoma. Se podría entonces tender un puente entre huella psíquica y huella sináptica, teniendo en cuenta que esta última se relaciona siempre con un estado afectivo de tipo somático. Algunas de estas huellas, además, pueden inscribirse directamente de forma inconsciente y participarían así en la formación de una realidad inconsciente.

Eric Laurent7 señala la diferencia entre la huella escrita y la huella borrada que funda el significante, con la escritura como resto de esa operación. La clave, para nosotros, es que para convertirse en una letra, toda impresión debe pasar primero por el significante, por la palabra. Mientras, que el modelo de escritura que plantea la tesis de la plasticidad neuronal supone una impresión en corto-circuito de la palabra y el significante. No hay, pues, inscripción directa del viviente en lo neuronal.

Aquí se opone la forclusión de la palabra a lo que Lacan llamo el moterialismo que implica la causa del lenguaje8. La mente se asimilaría a un algoritmo que enlazaría, en palabras de Lacan, sintaxis y real sin tomar en cuenta al cuerpo, como sustancia gozante. De hecho, sabemos que el cerebro como tal ni siquiera ofrece sensibilidad al viviente, por lo que se podría intervenir quirúrgicamente sin ningún signo de dolor, lo que duele es la cabeza. ¿Cómo, entonces, esta versión algorítmica del cerebro podría incluir lo vivo del goce?

Lo cierto es que a día de hoy dar el salto de la subjetividad física a la subjetividad mental parece aún una meta muy lejana. La objeción más fuerte es que el sujeto de las neurociencias y del psicoanálisis no es el mismo. En un caso es material y sometido a leyes biológicas, y en el otro se trata de un sujeto intencional, con una evidente dimensión ética que le permite elegir tanto lo que dice como lo que hace. La red neuronal, si bien es plástica y compleja, no es intencional.

Cuando alguien se dirige a nosotros hay una experiencia que deja, sin duda, una huella, pero entre ese Otro y nuestra respuesta hay siempre un lapso, un vacío que introduce la dimensión del equivoco y del deseo. Para la neurociencia, ese vacío no existe porque se ocupa de la actividad cerebral que no deja de funcionar. El cerebro y el ser hablante son, pues, dos objetos de estudio diferentes y por tanto no hay conjunción ni articulación posible: nada en común. El psicoanálisis propone otro binomio: inconsciente–cuerpo, donde lalengua percute en el cuerpo con el que cada uno habla. Se trata, entonces, de elucidar las incidencias políticas, epistémicas y clínicas de esa (no) articulación inconsciente–cerebro, desatacando los síntomas que produce.

José Ramón Ubieto. Miembro de la ELP y AMP. Comunidad de Catalunya (CdC)

 

Notas:

(*) Resumen de la intervención del autor, Comunidad de Catalunya de la ELP 29/1/19.

  1. Marie Hèléne Brousse. “Le triomphe des objets”. Lacan Quotidien num 806.
  2. Jacques Alain Miller (2015). Todo el mundo es loco. BBAA: Paidós, pg. 143.
  3. Jacques Lacan (2007). Mi enseñanza. BBAA: Paidós, pg. 49.
  4. Ives Vanderveken. Editorial. Pratique hors les normes. Num. 24.
  5. Juan Rof Carballo (1992). Biología y Psicoanálisis (3ª ed.). Barcelona: Desclée De Brouwer.
  6. Eric Richard Kandel (2007). En busca de la memòria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente. Buenos Aires: Katz Editores.
  7. Eric Laurent (2008). “Usos de las neurociencias para el psicoanálisis”. En ORNICAR ? Digital N°312.
  8. Jacques Lacan (1988). “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”. En Intervenciones y textos 2. BBAA: Manantial, pg. 126.