Identificaciones e identidades… nuevas subjetividades | Montse Pastor Puyol

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Texto elaborado a partir del cartel “¿Cómo las adolescencias interrogan la época?” presentado en la mesa “Usos del significante” en las Jornadas de Cárteles celebrada en la Comunidad de Cataluña de la ELP el sábado 10 de noviembre de 2018

“El malestar en la cultura se manifiesta hoy en la preocupación por la identidad”1. Vemos variadas categorías de identidades que plantean nuevas formas en la lógica de los vínculos y de los grupos. Categorías como son las relativas al género, los diagnósticos, los diferentes grupos o tribus urbanas que ante el vacío dejado por los ideales se pluralizan, mostrando también nuevas formas de segregación. Lejos de pensar que en otros tiempos fue mejor, trataremos de hipotetizar alrededor de las identificaciones, las nuevas formas de las identidades y el plus de goce que aparece tras la caída del ideal. J.-Alain Miller2 plantea que a partir del eclipse del ideal, desde donde se explica la crisis contemporánea de la identificación, la promoción del plus de goce cobra sentido.

La identificación es un proceso que permite fundar el psiquismo y cuya formación se da en el estadio del espejo. Es necesaria para la estructuración mental del niño y se da una primera identificación cuando el niño dice “yo”. El ideal del yo y el superyó serán mecanismos que irán guiando el proceso. El ideal en la época tradicional girará entorno a la moral de austeridad y sacrificio y tendrá como finalidad refrenar el goce.

La identidad sin embargo no es un término lacaniano. Lacan plantea que es un fenómeno imaginario; como tal, quizás en la sociedad tradicional marcada por ideales fuertes y sólidos las identidades no ofrecían demasiada variedad.

Pero ¿ qué nos trae nuestra época? ¿Podríamos pensar que ante la debilidad de lo simbólico y el declive de la función paterna los sujetos se unen alrededor de los síntomas y del goce? ¿cómo se da en las adolescencias?

Tal y como señala Miller en “En dirección a la adolescencia” se puede pensar en una socalización sintomática en tanto que los nuevos síntomas pueden articularse al lazo social y convertirse en fenómenos de masa incluso en epidemias; se puede ver en los fenómenos de suicidios en serie, autolesiones cuyas fotos pueden compartirse y comentarse en instagram, anorexia y bulimia…. y destacar el hecho de que esto da una identidad que se comparte en la red, en torno a una comunidad de desconocidos.

Vemos los efectos – en palabras de Miller- del mundo simbólico en mutación en la época en la que cae el Nombre del Padre. ¿Cómo leer entonces un funcionamiento en el que ya no se trata del dominio de lo simbólico sino que se trata del imperio del semblante? Y si pensamos la identidad como un semblante, ¿podemos inferir de ahí el aumento de categorias de identidades? En estas condiciones ¿qué identificaciones pueden orientar a los sujetos?

La época del Otro que no existe, la caída de los ideales, la semblantización del mundo deja lo imaginario en un lugar destacado.

El declive de la función paterna lleva a la degradación y ausencia creciente del superyó y del ideal del yo característicos de las sociedades tradicionales. A partir de este declive podemos observar una concepción utilitarista del hombre, una priorización del individuo y el estar al servicio de la ciencia que lleva al sujeto a un aislamiento cada vez más cercano a la soledad constitutiva del ser. Así es el paso de la época del Nombre del Padre a la del Otro que no existe.

¿Cómo pensar la identificación hoy? La identificación de Freud implica un vínculo con el Otro por tanto depende del otro. Y ¿en qué se transforma la identificación cuando hay inconsistencia del Otro?

Partimos de la premisa de que siempre hay un Otro y éste es primordial para la constitución del sujeto. Marie-Hélène Brousse3 señala que “la prioridad del Otro está marcada en lo más profundo de la identidad del sujeto, la constituye. Podemos incluso decir que Lacan se esfuerza en poner unilateralmente del lado del Otro todo lo que es para el sujeto constituyente”.

Los mecanismos de identificación firmes de la sociedad tradicional se establecían a partir de la identificación con el padre que junto al Deseo de la madre permitían entrar en el Complejo de Edipo. Pero lo que señaló Freud en Psicología de las Masas es que la ligazón entre los individuos de un grupo se establecía mediante una identificación entre ellos –importante comunidad afectiva- y a la vez esta comunidad quedaba ligada o identificada al líder. Aquí tenemos cómo la identificación en la época del Nombre del Padre se establecía en torno a la identificación a los rasgos del líder y a la identificación entre los miembros del grupo.

¿Qué hipótesis podemos plantear en cuanto a la identificación en la época de la inconsistencia del Otro? ¿Se puede pensar en la identificación al rasgo de goce de la comunidad ? A diferencia de la época de Freud, aquí no podemos hablar de ligazón entre los sujetos, sino de identificación de rasgos de goce.

En esta época del poder de la imagen y de los chats, de los foros y las apps, las identificaciones se presentan frágiles. El hecho de poder adherirse a uno de estos grupos, ligados por el goce, da un lugar al sujeto, podríamos decir que la da una identidad y un lugar en el mundo.

Surgen nuevas comunidades y tribus urbanas que ya no se unen por el ideal del yo sino por vinculos identitarios en torno a los rasgos de goce: minorías sexuales, grupos de diagnosticados, sujetos a menudo aislados que esconden su particularidad de goce al otro más próximo, mientras que lo exponen a la mirada anónima de la comunidad virtual, el gran Otro.

Es el caso de la chica cuya página web “mixborderlineandanorexic.com” relata todo su periplo en torno a la anorexia, el trastorno mental, el bullying… y el proceso para su recuperación. Se presenta así:

“I’m a french girl, minimalist, lifestyle blogger with Borderline Personality Disorder, Atypical Anorexia and others Mental Illness on the way of recovery”.

Así, ante la caída de las identificaciones surgen categorías de identidades que le permiten al sujeto ser nombrado. Esta promoción de las diferentes identidades se organizan alrededor de comunidades de goce que dan un lugar en el mundo, lo vemos por ejemplo en el auge y necesidad de los diagnósticos –necesidad de ser nombrado para intentar tratar algo del malestar estructural. Si bien antes los diagnósticos eran más bien rechazados, ya que se veían como una imposición, hoy son buscados a través de una demanda exigente y en cierta manera caprichosa. Es el caso de Alexei un adolescente que vive con una familia adoptiva, y que presenta dificultades en el lazo social y en el cumplimiento de la normativa en el colegio. Los profesores animarán a los padres a obtener un diagnóstico en un centro especializado de autismo, esto les permitirá aplicar los protocolos educativos al uso ya que en caso contrario no saben cómo tratarlo. Huyendo del tratamiento del uno por uno, la homogeneización de los sujetos permite la ilusión del saber sobrellevar algo del malestar. En este sentido, el discurso de la ciencia hace funcionar un Para–Todos en un intento de suprimir las particularidades y diferencias del deseo y del goce.

Se prometen categorías del sujeto a las comunidades de goce. Se puede escoger el diagnóstico que a uno más le guste Asperger, TDH, fibromialgia… así tenemos una serie de nombres que tocan el goce del sujeto y cuyas categorías permiten clasificar en torno a este goce. Lo vemos también en los adolescentes y jóvenes que muestran el malestar en la red; investigan lo que les pasa, buscan un nombre, un diagnóstico, una comunidad de iguales que sufren de los mismo. Es el peso de los “influencers” y de las imágenes en instagram. Allí donde fracasa el Nombre del Padre estas categorías prometen nombrar algo de la particularidad del sujeto.

Podemos pensar estas epidemias diagnósticas como una pasión por las identidades y establecer una hipótesis: Cuanto más débiles son las identificaciones sostenidas en el Nombre del Padre y en el ideal, más proliferan las identidades.

Para concluir, podríamos decir que ante la caída de las identificaciones surgen categorías de identidades que permiten al sujeto ser nombrado. Esta promoción de las diferentes identidades se organizan alrededor de comunidades de goce que dan un lugar en el mundo.

 

Notas:

  1. Miller, J-.A. “El Otro que no existe y sus cómites de ética”. p. 71
  2. Idem.
  3. Brousse, M.-H. “Las identidades, una política, la identificación, un proceso y la identidad, un síntoma”.

 

Bibliografía:

  • ADURIZ,F.M. (comp.) “Adolescencias por venir”. Gredos. Barcelona, 2012”.
  • AMADEO de FREDA, D “El adolescente actual. Nociones clínicas” UNSAM-edita y Pasaje 865. Buenos Aires 2015.
  • BERENGUER, E. “Identíficate” Conferencia del 4/4/2017 en Radio Lacan.
  • BROUSSE, M-.H. “Las identidades, una política, la identificación, un proceso y la identidad, un síntoma”.
  • FREUD, S. (1920-22) “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras completas t XVIII Amorrortu, Buenos Aires 1993.
  • MILLER, J-.A. “El Otro que no existe y suscómites de ética”. Paidós. Buenos Aires 2005.
  • MILLER, J-.A. “El otro sin otro” Freudiana 68, 2013, pp 131-151.
  • MILLER, J.A. “En dirección a la adolescencia”.
  • SINATRA, E. L@snuev@sadict@s: la implosión del género en la feminización del mundo. Tres Haches. Buenos Aires 2013.