Reseña de la presentación de la novela “El caso Anne”, de Gustavo Dessal | Miguel Ángel Alonso

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Ante más de cien personas, que superaban ampliamente el aforo de la sala principal de la Sede madrileña de la ELP, se presentó El caso Anne, la última novela del psicoanalista y escritor Gustavo Dessal. La presentación fue moderada por Graciela Kasanetz, quien dio la palabra a los invitados, Rosa López, psicoanalista, y Roberto Blatt, escritor y ensayista, así como a la actriz Anabel Alonso.

Rosa López comenzó significando la novela por su contundencia y su carácter directo, alejándola de circunloquios y descripciones ambientales. Un modo de introducirnos, sin preámbulos, en el mundo del lenguaje y la palabra como materialidades para una verdad desnuda que nos aproxima a lo real indecible. Desde este punto de vista, destacó la fascinación que provocan los personajes, sobre todo, las mujeres, que traen al primer plano el enigma de la locura, redoblado en lo femenino, como fundamento de lo real que escapa al saber. La voz femenina como eje principal de la novela, conformando historias clínicas que se entrelazan a lo largo de la narración.

Dos vertientes de la novela, la transferencial y la política, como coordenadas sobre las que se desliza la narración, precipitando un cruce entre clínica del sujeto y clínica de la sociedad. Por un lado, la locura de una mujer negra, Shanice, presentada en paralelo con dos pecados históricos de la sociedad norteamericana: la esclavitud y el déficit asistencial en relación a la locura. Ahí la novela desarrollaría su costado ético, acogiendo la locura más allá de un sometimiento legal y punitivo, para propiciar el anclaje trasferencial y todo lo que ello supone en el plano de la interpretación y del advenimiento de una verdad a la que se apela en su grandilocuencia para que el sujeto de la locura consienta a situarse como analizante.

En este cruce entre sujeto y sociedad, destaca el papel de ser madre, sobre el que gira la locura de la protagonista. Desde ahí, la narración sitúa la soledad absoluta a la que la sociedad precipita a los sujetos locos como auténticos excluidos. Rosa López hace una crítica al respecto, poniendo como ejemplo la política de Gran Bretaña con la creación de un ministerio de la soledad, mientras que otras políticas sólo construyen recursos paliativos. El psicoanálisis, personificado en el Dr. Palmer, en su vertiente trasferencial, se propone como destinatario y fiador de la verdad de un relato sin responder a la demanda de amor que la sujeto requería del analista. Una lección clínica acerca del manejo de la trasferencia en algunos casos de psicosis.

Rosa López trae a colación un capítulo de la novela signado por episodios aberrantes de la historia humana, los campos de concentración, donde adviene lo real indecible e irrepresentable. Subraya una singularidad que no pasa desapercibida. Y es que Gustavo Dessal elige nombrar a los agentes del mal como “los alemanes” en lugar de “los nazis”. Toma de posición que deja ver un deslizamiento en la escritura de la historia. Al establecer la diferencia entre alemanes y nazis se vuelca la responsabilidad sobre los últimos exonerando a los primeros, al extremo de que “los alemanes” se convirtieron en las primeras víctimas de la barbarie nazi.

Desde estos avatares históricos, se hace hincapié en otro hilo conductor, el significante superviviente y sus connotaciones subjetivas en tanto ese significante se mueve dentro de un amplio espectro de significaciones. Diferentes tipos de supervivencia que nos proyectan hacia una pregunta crucial: ¿Cómo es, que enfrentados a la misma experiencia, algunos nadan mientras que otros se ahogan? Surgen ahí las motivaciones inconscientes que, preservando el lugar de lo inexplicable, traen al primer plano la posición ética y poética de cada sujeto.

Otro aspecto importante sería la oposición entre el papel del analista y el de la salud mental. La novela muestra el rechazo del psicoanálisis por el furor sanandi, a contracorriente de tendencias actuales propuestas por los “los predicadores de la felicidad”. En este sentido, uno de los ejes fundamentales de lectura es la reflexión en torno a la noción de “verdad”, degradada por las disciplinas científicas, lo cual lleva a preguntarnos si aún es posible establecer un contrapeso al cinismo generalizado de la época. Desde este señalamiento, Rosa López puntúa su presentación estableciendo una jerarquía casi excluyente entre los dichos y el decir que circulan en la novela de Gustavo Dessal: “Quedaremos tocados por el relato de la historia en los campos de concentración, pero sobre todo por la enunciación de un decir. Los dichos nos pueden entretener, mientras que el decir nos despierta porque hace comparecer a la verdad”.

Roberto Blatt, por su parte, presentó la novela como el primer thriller psicoanalítico en tanto persigue una verdad oculta que hay que encontrar. Pero la contrapone a los postulados del realismo decimonónico y el tipo de verdad que allí se configura. No se trataría, en El caso Anne, de una verdad que sucede en el mundo exterior, o en el mundo neurológico, biológico, etc., y que necesita una demostración, sino que es una verdad derivada de la complejidad del sufrimiento como realidad última de la vida, como esa incurable discordia que nos habita.

Más allá de las categorías abstractas psicoanalíticas, la novela permitiría captar la lógica de la sesión analítica desde lo que Blatt considera su poder narrativo. Citando una frase del protagonista, Dr. Palmer, sostiene que, más allá de los acontecimientos reales o imaginarios que atravesamos, el secreto reside en el modo en que nos contamos una historia a nosotros mismos. Y es que, si bien la novela está llena de eventos, ellos nunca suceden en directo, sino que todo está contado, o sea, intermediado, lo cual es poco frecuente en la literatura realista.

Dentro de la lógica de la narración psicoanalítica, Roberto Blatt puso el énfasis en que no tiene sentido detenerse en pensar si los hechos que se narran son verdaderos o falsos, reales o no, lo importante sería por qué se cuenta, qué hay detrás de ello, qué se oculta en lo que se cuenta y cómo se descodifica la narración. La singularidad residiría en que el analizante ya trae la razón, no hay que descubrirle la verdad como haría el maestro, sino resolverle un problema. Ese sería el poder de una narración que atrapa en tanto muestra el funcionamiento mismo de la relación psicoanalítica, en la cual el vínculo transferencial está puesto en primer plano. Veremos a la protagonista, Anne, preocupada por sostener esa relación extraordinaria con su analista. Todo ofrece un contraste con el realismo tradicional en la evolución de los personajes. No se trata del resultado de la interacción con los eventos, sino de ver cómo los personajes evolucionan en su relación con Palmer. Lo cual funcionaría de forma extraordinaria en el nivel narrativo.

En cuanto a los dramas personales, los protagonistas representarían la subjetivación de dramas humanos superiores: el holocausto, el racismo, la emigración. Representarían el dolor personalizado y subjetivado de algo que es un problema de la humanidad total, lo que hace que, continuamente, las reflexiones tienen una licencia que va de lo personal a lo universal, de una forma que no lo hace la ciencia, el periodismo o el análisis político.

Otra contraposición presente en El caso Anne se daría entre la dimensión psicoanalítica de la narración y otro tipo de tratamientos, psiquiátrico, neuronal, químico, científico. Si en el primer caso se procura aprehender la situación real de la historia en la lógica delirante que atrapa al personaje, en el segundo caso se elude ese problema esencial, con todo el dramatismo terrible que eso puede acarrear, como bien muestra la novela en uno de los casos que presenta.

Finalmente, otra dimensión fundamental de la verdad. Hace referencia a la relación entre analizante y analista, de la que también forma parte el Dr. Palmer en tanto analizante del Dr. Rubashkin, que, a su vez, tuvo su relación con otro psicoanalista. Esta relación establecería una reflexión sobre la realidad sin autoridades definitivas, todo un juego de autoridad circular donde el rigor y la reflexión es continuo y extremo en tanto no termina de cerrarse nunca. Sería una característica de la verdad que se ha ido perdiendo: lo verdadero en tanto historia interminable que no termina de agotarse. Desde ahí, Gustavo Dessal produciría una asociación singular con los oráculos, de quien recibimos señales que no representan nunca una literalidad, una verdad cerrada, de donde se deja ver que, en cierto sentido, el psicoanalista es un intermediario entre el analizante y los dioses, ya retirados con la desaparición de los oráculos. Una forma singular de entender la narrativa que, como lectores, nos sitúa como la última estación del libro.

Luego tomó la palabra la actriz Anabel Alonso, que se encargó de la lectura de una de las cartas que la protagonista, Anne, envió a su analista el Dr. Palmer. Fue un momento muy emocionante de la presentación, dado que Anabel hizo de esa lectura una interpretación tan fascinante, con una voz tan cálida, que consiguió llegar de una forma muy directa al cuerpo de los asistentes.

En el cierre de la presentación tomó la palabra la moderadora, Graciela Kasanetz, quien destacó la profundidad con la que el autor plantea la soledad de las víctimas de la Shoah, situándola en serie con la culpa y la vergüenza del superviviente de la que hablan Imre Kertesz o Primo Levi. Hizo alusión a la actualidad del libro en relación a un hecho presente, los movimientos migratorios que intentan llegar a Europa en busca de una vida mejor, y las barreras tan contundentes que encuentran dentro del mundo político, poniendo como ejemplo el desprecio del ministro italiano que los designa peyorativamente a los emigrantes como “carne humana”.

Finalmente, el autor, Gustavo Dessal, expresó la emoción que le causó la escucha de las presentaciones de Rosa López, Roberto Blatt y la lectura de Anabel Alonso. Manifestó, así mismo, que con esta novela era la primera vez que reunía sus dos oficios “palabreros”, el psicoanálisis y la literatura, sin líneas divisorias. Situó el origen de El caso Anne en la impresión que le produjo la escucha de un caso expuesto por un colega psicoanalista, a quién le solicitó la autorización para novelar el caso y convertirlo en un relato de ficción. Manifestó que no es una novela dirigida a especialistas, sino que su interés va dirigido a los lectores que tengan interés en saber lo que hace un psicoanalista, qué clase de personas van a un psicoanalista y qué cosas le suceden. Hizo hincapié en la singularidad de los principios éticos que rigen una consulta psicoanalítica y el modo que tiene dar cabida a condiciones fundamentales de la condición humana que cada vez encuentran menos lugares en los que refugiarse. Gustavo Dessal homenajeó a los lectores afirmando que ellos siempre le devuelven puntos de vista que él, como autor, jamás había sopesado. Sería la magia que contribuye a dar coherencia, cohesión y organización al mismo relato. Y eso ocurriría por el hecho de que, si bien los personajes son únicos e irrepetibles en sus vidas, también son el testimonio de algo que reverbera en el mundo. Consideró la soledad como el hilo que enhebra los relatos de cada protagonista, jalonados con ciertos rasgos de humor para que el lector comprenda que no se trata de una visión pesimista de la existencia, sino de una manera de acercarse a la realidad humana, no desde el optimismo de la felicidad universal, sino desde un pesimismo lúcido para recordarnos que, a pesar de todas las vicisitudes que les ocurren a los personajes, la vida vale la pena ser vivida.