Psicoanálisis y poesía: presentación del poemario “La nieve” de Inma Marcos | Esperanza Molleda

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Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid, 24 de octubre de 2018.

Buenas noches, tenemos hoy la alegría de presentar un muy hermoso libro de poesía escrito por Inma Marcos, poeta desde joven o quizás desde niña, si tomamos en serio la escena que relata como prefacio al libro, amiga del psicoanálisis, y de nuestra Escuela, en particular, desde hace tiempo.

La autora cuenta ya con varios poemarios publicados: Bramiconda brama un sueño (Colección Poesía Nueva, 1983), Bailando en la oscuridad (Colección Abén Humeya, 1989), Las estaciones (1997, edición de autor), Aún (Árbol de Poe, 2012) y las antologías Amor fou: ebrio desván de amores locos (Pigmalión 2016) e Inmortal amor mortal, (Pigmalión 2017).

Además de contar con su presencia, contaremos también con las intervenciones de:

Miguel Ángel Alonso, socio de sede de la ELP de Madrid, responsable de Liter-a-tulia, amante de las letras y él mismo poeta.

Mónica Unterberger, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP. Docente del NUCEP. Autora del poemario “Cartas de amor y ausencias”, también, por lo tanto, poeta.

No es tanta casualidad que haya psicoanalistas poetas, psicoanalistas interesados por la poesía, o poetas amigos del psicoanálisis. Y es que hay vecindad entre psicoanálisis y poesía.

Para todos los seres hablantes, como decimos en psicoanálisis, es obligado tomar una posición ante el lenguaje. No se trata de una posición consciente o que puede ser intencionalmente elegida. Se trata más bien de una elección forzada por el inconsciente y por la singular manera de cada uno de gozar del lenguaje.

Es habitual estar en la posición de creyente ciego en el lenguaje del sentido común, ese lugar que normalmente tenemos cuando ejercitamos el blablablá, pero es excepcional colocarse en un tipo de relación con el lenguaje como la que tiene el poeta o el filósofo, el lingüista o el psicoanalista, o, cómo no, el novelista. Aquí encontramos posiciones que se la juegan en una relación más advertida de la separación que hay entre cuerpo y lenguaje, entre existencia y lengua, más alerta de esa brecha que se abre a la hora de intentar dar cuenta de lo que hay, de lo que existe, de lo real por medio del lenguaje, más precavidas respecto de la doble cara del lenguaje: su naturalidad irradicable y su artificialidad profundamente extranjera. Una manera de estar en el lenguaje muy distinta también de la que encontramos en el uso instrumental que de ella se hace tanto en el cientifismo como en el burocratismo actuales con su creencia férrea en la objetividad unilateral de los significantes, en la posibilidad de una racionalidad pura encadenada a la lógica de la causa-efecto.

Es la primera vez que leo la poesía de Inma Marcos y he de decir que para mí ha sido el encuentro con una afinidad compartida respecto a la manera de habitar el lenguaje. Antonio Gamoneda en la contraportada califica la poesía de nuestra autora de “difícil sencillez”, de “lirismo transparente y conciso” y de “serenidad”. Frente a la sensibilidad gongoriana y barroca del lenguaje, yo soy, en cambio, receptiva, precisamente a estas cualidades rescatadas por Gamoneda, a la sencillez, al “menos es más”; a la limpieza del mucho blanco y de las pocas palabras por esenciales; a la bala precisa de los haikus que dan en la diana. Y esto es lo que encontramos en los poemas de Inma Marcos. Tras la lectura de cada uno de ellos, una no puede más que quedarse parada un momento y decir: “¡Tocada!”.

En el seminario 24, impartido en el curso 1976-77, Lacan dedica varias clases a definir las características de la operación poética. El propio título del seminario L’insu que sait de l’une-bévue s’aile a mourre es todo un ejemplo de juego poético en el más personal estilo de Jacques Lacan, ya que, por su homofonía, puede ser traducido tanto como “Lo no sabido que sabe de la una-equivocación da alas a la morra” (juego de pares y nones/chinos) o bien “El no-éxito del inconsciente es el amor”. O con otra combinación de los distintos sintagmas hómofonos que forman el título (por ejemplo, “Lo no-sabido que sabe del inconsciente da alas a la morra” o El no-éxito de la una-equivocación es el amor”). Queremos destacar, pues, algunos de los apuntes que hace Lacan en este seminario y que están bien ejemplificados en la obra de Inma Marcos.

Empecemos por la elección pensada y exigente de determinados significantes que hace el poeta. Se trata de un recorte que Lacan no duda en calificar de “violencia del lenguaje común” en cuanto “uso madurado de la lengua”. Me gusta mucho, en este sentido, el poema Pájaros que hace una bonita pirueta, al recortar el significante del título. Un poema que casi es un chiste por el desenfado que desprende:

Tengo tantas cosas en la cabeza

que casi no me queda sitio

para los pájaros

Esto no puede ser

A partir del dicho tan común “tener pájaros en la cabeza”, sobre el que no nos pararíamos a pensar dos veces, el poema nos ilumina, en cambio, acerca del padecimiento de la parasitación del lenguaje en forma de pensamiento que impide tener, a menudo, otras cosas en nuestro imparable discurso interior, ¿por qué no “pájaros”? Pero, ¿a qué refiere entonces tal significante “pájaros”? ¿a variadas aves, hermosas o feas, vulgares o exóticas, temibles o admirables? ¿o a seres humanos de cuidado? ¿o tal vez al revoloteo sin sentido de palabras que aletean en la cabeza?

Este mismo poema, también podría ser un buen ejemplo de lo que Lacan localiza como fundamento de la poesía, y que consiste en hacer uso de los significantes, no en su función de S1, de significantes amo que comandan con la rigidez de una única significación el mundo interior de los sujetos, sino en una función del S2 que sería la de la ambigüedad, la del sentido doble, la de la apertura al juego significante. Se trataría aquí no de la clásica función de S2, nos explica Lacan en este seminario, no como significante que va después del S1, para declinar un saber respecto a él, sino de otra función posible del S2 como significante doble, que desdobla los sentidos posibles del S1, con toda la riqueza evocativa y alusiva que los significantes pueden tener, que abre las dobleces de los significantes, que hace que “las palabras se abran como flores”, si tomamos la manera de decirlo de Hölderlin.

En este juego de las dobleces del significante me parece especialmente hermosa la sencilla operación de titular varios poemas de la misma manera. Una elegante manera de señalar que no hay un significado último, ni primero, que cada significante, aún repetido, es una invitación a volverlo a entender, a vivir, a desplegar en un nuevo recoveco.

Estas dos operaciones tan sencillas permiten “hacer vacilar la cristalización del sentido” y hacer aparecer no solo un nuevo “efecto de sentido”, sino también un “efecto de agujero”, ya que apunta con delicadeza al vacío último cuando con el que nos encontramos a la hora de poder poner en palabras la experiencia. Con los poemas, y en este caso, con este que he traído a colación nos vemos enfrentados, por un lado, a una apertura del sentido, el poema acierta a decir algo que no puede ser dicho de otro modo; pero, por otro lado, señala esa falta de sentido en sí, relacionada con el agujero que aparece siempre a la hora de tratar vía el significante lo real. Tras leer un poema siempre queda un punto de perplejidad, inherente al “efecto de agujero”; ¿qué quiere decir en realidad este poema?, nos preguntamos. El poema nos deja en la vacilación de qué quiere decir realmente, al borde del fuera del sentido.

Por último, me gustaría subrayar otra de las peculiaridades de la posición poética ante el lenguaje, que Lacan discrimina en estas clases. Gracias a la iniciativa que han tenido Inma Marcos y Mónica Unterberger, vamos a poder vivir juntos, el doble registro pulsional en el que navega el significante poético. Por un lado, el significante poético en cuanto a grafismo, palabras escritas en determinado orden y realizando siempre con sus versos un dibujo en el papel en blanco que compromete la mano que escribe y la mirada que se deleita. Del lado del grafismo es muy interesante, en este libro, el juego de la ausencia de puntuación que da una mayor limpieza aún a los poemas, el bello índice que parece en sí mismo un poema más, hecho de palabras y de números, y, como resaltaba al principio, la blancura nívea que habita todo el libro. Pero, por otro lado, encontramos el poema en su valor sonoro, en su ritmo, su musicalidad, que desperezan la voz y el oído. Contaremos para recorrer este registro con la lectura en vivo de algunos poemas por parte de María Morales, actriz, y de Antonio Bueno, poeta y pintor.

Sin más, entonces paso la palabra a los invitados.