Reseña de una sesión de trabajo en la comunidad de Zaragoza de la ELP sobre el seminario de Jacques-Alain Miller “El ser y el uno”. Capítulo 9 | Jaime Claro

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Se opone en el seminario, la voluntad de pensar a lo que Lacan formuló como “tirer au clair” sacar en claro, sacar en claro el inconsciente. El psicoanálisis es una práctica, no una teoría, es decir una puesta en acto que supera el pensamiento que podamos tener de él. Así el psicoanálisis exige una ascesis intelectual que exige atrapar la posición de lo real.

La posición de lo real, J.-Alain Miller (JAM) propone atraparla entre dos coordenadas, por un lado el S1 solo desligado del S2 del que toma su sentido y, por otro lado, la líbido freudiana y que en Lacan pasa a ser denominada “goce”.

Si bien encontramos precedentes de esta conexión entre el Uno y el Goce en la tradición filosófica (Spinoza, Libro V de la Ética en Aristóteles, el neoplatonismo…) es en la experiencia analítica donde interesa ubicarla. Más concretamente, a partir del término Freudiano Fixierung, la fijación.

Freud fundamenta la represión (Verdrängung) en una detención, en una inhibición de la líbido que impide lo que él consideraba como un desarrollo normal de la misma.

Esta fijación se produciría en un punto (Stelle) o varios puntos del desarrollo “normal” de la líbido hacia su estadío genital.

Esta fijación es lo que en Lacan pasa a denominarse Uno del goce, e impediría avatares, desplazamientos o metamorfosis de la pulsión. Es decir, que siempre se volvería en los diferentes desplazamientos al mismo lugar. Es por eso que se la considera “real”.

Freud abordaría la elucidación de esta “fijación”, de esta detención, en “Análisis terminable e interminable”, es decir el análisis como una experiencia que se detiene y que siempre debe ser retomada.

Sin embargo, en nuestra época el análisis se prolonga de una forma que no fue concebida por Freud. Lacan se propuso forzar este limite, este punto de fijación freudiano para ir más allá, y lo hizo inventando “el pase”.

En un primer momento abordó este más allá del punto de fijación, el pase, mediante “la reducción del fantasma”. La multiplicidad fantasmática del sujeto se reduciría a un fantasma fundamental, en singular, que ya no se interpretaría, pero que serviría de instrumento para la interpretación en el sentido que funcionaría como un axioma en un sistema lógico, y que podría aislarse. Este axioma lo escribiría como S/ <> a.

A partir de ahí se propone la fractura del fantasma, mediante la caída de “a” y la destitución del S/ que se habría instituido en el marco del fantasma. De esta manera el sujeto estaría eventualmente liberado de la constancia vinculada al objeto “a”. Consideraría así mismo que el sujeto, sujeto de la palabra, sería “móvil” y que quedaría fijado, inmovilizado, por el objeto “a”, al que por ello le daría un estatuto de “real”.

Según esto, para Lacan, entonces, el acontecimiento del pase, consistía en el atravesamiento del fantasma, es decir en su fractura, y podría verificarse por una serie de efectos. En primer lugar, una deflación del deseo. El deseo inflado por una multiplicidad de objetos que se presentificaban o se ocultaban al sujeto, sufriría una reducción y el sujeto, destituido, podría encontrar una solución a su deseo, con la mediación del deseo del analista se le haría presente la pregunta “¿qué quieres?”, la cual remite a una voluntad que denominó “deseo decidido”. El pase sería el procedimiento mediante el cual el formulado por Freud como “deseo indestructible” encontraría una solución.

Pero pasa que una solución para el deseo no es una solución para el goce. Sólo es una solución para lo que del goce produce sentido.

Lacan lo percibe con tanta claridad que formula que la caída del objeto “a” es una caída en el fuera de sentido. Se ve así llevado a formular que dicho objeto no es tanto lo que produce sentido, sino que tiene un “sentido real”, términos heterogéneos toda vez que lo real excluye el sentido, así, al caer, estamos ya en el campo de aquello que de lo real no pasa al sentido.

Así la experiencia actual del psicoanálisis confronta al analizante con aquello que de su goce no tiene sentido, prolongando la experiencia analítica de una forma inconcebible, inpracticada e impracticable en tiempos de Freud, es decir más allá del stop and go prescrito por Freud en su “Análisis terminable e interminable”.

Lacan se da cuenta, que para explicar la repetición freudiana, el término cadena, elegido para denominar el orden simbólico ya no es conveniente, puesto que ya no se trataría para él de una lógica de la sucesión, sostenida por las leyes de lo simbólico, lo que explicaría la repetición, sino de una lógica de la reiteración, donde la causa de lo real, de aquello que siempre vuelve al mismo lugar, sería la conjunción del Uno y del goce, y no las leyes de lo simbólico.

Poco a poco, dice JAM, Lacan va abandonando el término dialéctica, que sería una traducción de lo que Freud concebía como desarrollo de la pulsión.

La dialéctica se da a nivel del ser, y eso produce una alternancia sin límite de multiplicidades de seres y no seres que llega a producir vértigo. La última palabra de la dialéctica sería “la nada”. Lacan termina su escrito, “La dirección de la cura…”, considerando el término freudiano “Spaltung” y que traduciría como falla o falta en ser. Esa sería la última palabra de la dialéctica. Y durante los cinco o seis primeros seminarios el final de la cura para Lacan sería la asunción de cierta falta en ser. Es el periodo en que la enseñanza de Lacan tiene lugar en un horizonte que el ser ya ha abandonado.

Posteriormente el pase cambia de nivel, y la última palabra ya no es la Spaltung (S/) , y la interpretación ya no apunta a la falta en ser, sino a “a” como objeto metonímico de la palabra.

Pero finalmente ya no se trata ni de la falta en ser, ni del objeto a, sino de la pura reiteración del Uno del goce que Lacan llama Sinthome, diferente del síntoma que se detiene en el sentido. Lacan va más allá de la innovación freudiana de la semántica de los síntomas, para plantear un cuerpo, no tanto que goza, sino que se goza. El no hay relación sexual, alude a un primado del autoerotismo. El sinthome produce sentido, y dicho sentido se puede descifrar en análisis mediante la semántica de los síntomas, pero lo que hay en la raíz de dicha semántica es un puro acontecimiento del cuerpo.

Así el pase ha ido vacilando en localizar lo real en juego en el punto de fijación freudiana que produce la represión de la líbido.

JAM denomina pase a partir de ahora al momento en que se desnuda esta raíz de la represión, abriendo un espacio en el que todo está por construir y donde la interpretación revela cierta vanidad.

Lacan, nos da pistas para explorar este espacio y que son “guías” para la escucha analítica. Así hay una afinidad entre el “no hay relación sexual” el “Hay Uno” y el cuerpo que se autogoza.

Pero hay, según JAM, hay un más allá del pase en el análisis, y en eso Lacan fue el primero en adentrarse en una zona que aunque conocida y experimentada, es aún insuficientemente pensada. Es la zona que Lacan intentó aparejar [l’apareiller] con su nudo borromeo, y que está situada a nivel de lo real, donde las hipótesis de sujeto supuesto saber y del inconsciente, en la medida en que son deductivas y pertenecen a la lógica, poseen escasos recursos.

Por eso concluye que en relación a ese más allá del pase es que hay que forjar algo nuevo.