Reseña de la presentación del libro “¿Cómo se construye un caso?”, de Enric Berenguer | Paula Fuentes y Zacarías Marco

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El 3 de octubre se presentó en la sede de Madrid de la ELP el libro de Enric Berenguer, ¿Cómo se construye un caso?, reedición ampliada de la que en su día se hizo como resultado del trabajo de un Seminario impartido en Caracas en 2006. La presentación del acto corrió a cargo de la directora de la BOLM, Beatriz García, quien, antes de pasar la palabra a los comentadores, Andrés Borderías y Mercedes de Francisco, destacó del libro la tensión entre la posicicón del analista que al construir un caso suma datos sin jerarquizar por temor a incluir elementos ajenos al paciente y el que aplasta la singularidad del mismo con sus construcciones de saber. La orientación hacia lo real nos permite elaborar un caso desde una perspectiva que no es la del discurso de la ciencia, que se postula como dando cuenta de una supuesta realidad objetiva, sino que parte, por el contrario, de la necesidad de una construcción por parte del analista.

Andrés Borderías ubicó de entrada la tesis rectora del libro a partir de la difícil relación entre lo simbólico y lo real, definiéndola, siguiendo a Lacan, como una relación imposible. La zona de falla o de fractura que caracteriza lo real queda por fuera de lo simbólico, aunque haya, no obstante, construcciones que articulan estos dos campos heterogéneos. Enric trabajará esta relación imposible, para ilustrar, en tres niveles consecutivos la construcción del caso. En primer lugar, la construcción del caso hecha por el practicante, con indicaciones muy pertinentes sobre la lógica del síntoma, la del fantasma y la perspectiva del final de la cura. A este abordaje le sigue otro, que sería la construcción que ya hizo el propio analizante, y que fue su manera de apañarse con lo real, pues la construcción del caso hecha por el analista se apoya y se deriva de esta otra construcción. A este segundo nivel se le añade un tercero, el de la construcción que el analizante hace, bajo transferencia, en la cura.

Las referencias a Freud y Lacan vuelven a ser aquí necesarias, y de entre ellas Andrés destacó la manera en que Enric aborda el impasse al que Freud llega en la construcción sintomática intentando avanzar hacia el fin del análisis, que Lacan articulará, dando un paso más allá de Freud, como atravesamiento del fantasma, y cuya formulación será a su vez revisada ulteriormente, en su última enseñanza, cuando se acerque a Joyce urgido por la búsqueda de nuevas invenciones sinthomáticas.

Mercedes de Francisco resalta el detenimiento con el que el autor trata las dificultades que surgen al construir un caso, destacando dos elementos relevantes de esta época donde todo parece posible, como son la libertad aparentemente absoluta y la percepción de que todo está determinado por la biología, dejando clara la importancia de no relegar la cuestión ética ante la existencia del goce. Mercedes retoma por un lado el tema de la mujer y su relación con un análisis terminable o interminable y la forma de retomar a Freud por parte de Lacan al nombrar el goce y lo real, y por otro lado destaca el papel del psicoanálisis como forma de ponerle freno a la continua exigencia de productividad de mercado que se produce en esta época frente a la división del sujeto. Se traza una línea clave en la orientación lacaniana donde el analista debe tener en cuenta que frente al goce la única posibilidad del sujeto es organizar una construcción mentirosa, que habrá que tenerla en cuenta y no añadir nada, salvo cortes, silencios o interpretaciones, hasta el momento de presentar dicho caso, para poder entonces construir algo que permita avanzar, ya que ante el exceso de construcción o descripción siempre se pierde algo de lo singular, siempre hay un resto no categorizable, siendo precisamente lo singular lo que nos orienta. Por tanto, la orientación hacia lo real aceptará el límite de lo simbólico y la organización del sujeto de su propia realidad para que vaya a favor de su satisfacción pulsional, retomando entonces la cuestión del acontecimiento del cuerpo de cada uno, separado de los fenómenos y por tanto de la idea de destino, siendo ese acontecimiento el que nos saque del relativismo al ser el límite a la elección del sujeto.

Enric Berenguer tomó la palabra dando cuenta de la producción de este libro como efecto del “poner a trabajar” que logra la escuela, ya que acepta un reto propuesto por Miller para pensar sobre el tema de la construcción en Freud, donde queda clara la existencia de tensión entre estructura y construcción, existiendo la construcción del sujeto inconsciente, la del analista y la teoría. Toma la fórmula del fantasma resignificada, ya que Lacan propone otra forma de hacer con lo que se queda fuera del inconsciente transferencial y así ponerlo en juego en la cura, como la construcción del fantasma donde los significantes bordean un real, hay depuración o simplificación, pero sigue siendo un semblante. Se tratará pues de conseguir en el final del análisis una construcción que se diga de la forma más verídica posible. Enric remarca que la orientación hacia lo real implica poder demostrar al analizante que “su síntoma es su obra”, siendo clave que reconozca su implicación subjetiva, su resto ineliminable de decisión, por lo que habrá que apuntar desde el principio al goce, teniéndolo en cuenta para poder conducir la cura pero saliéndose del efecto de sugestión.

A través de varias viñetas clínicas y el posterior debate, el autor destaca la necesidad de evitar entender demasiado de entrada, porque lo más fundamental está siempre por descubrir y concluye con la importancia de mantener una postura de apertura hacia lo inesperado.