Presentación del libro “¿Cómo se construye un caso?” de Enric Berenguer | José Ramón Ubieto

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El muro de Harpo Marx

El acto se inició con unas palabras de Alfredo Landman, director de Ned Ediciones, quien situó el libro en un proyecto editorial de difusión de obras de psicoanálisis, temas de salud mental y síntomas contemporáneos.

Lucy D’Angelo, miembro de la ELP y la AMP y docente del Instituto del Campo Freudiano, definió el trabajo de Berenguer como “un útil esencial, especialmente para la generación de jóvenes analistas”. Destacó dos ideas claves del libro. La primera es el relieve que toma la transferencia, por oposición a otras modalidades actuales de la clínica psi, a la que sigue el síntoma como inseparable de ella, ya que es bajo transferencia que puede articularse del modo que permitirá su modificación. El síntoma, como el fantasma, es una construcción que siempre tiene un pie en el Otro. Aplaudió la decisión del autor de elegir el testimonio de Mauricio Tarrab, para mostrar este final de análisis, por sus rasgos de minimalismo y simplicidad. Lo que le permite, en la construcción que Tarrab hace de su propio caso, localizar el esqueleto o hueso que queda como resto final. La segunda idea es que la teoría es un instrumento, no un metalenguaje y que es, por tanto, el caso quien interroga la teoría y no al revés.

A continuación, Vicente Palomera, también miembro de la ELP y la AMP y docente del Instituto del Campo Freudiano, tras recordar el valor histórico de la librería (antigua Herder) donde nos encontrábamos, cercana a los primeros cursos de Oscar Massotta en la antigua sede del Instituto Alemán, elogió la escritura del autor por su “precisión, soltura y rigor”. Tomando una escena de la película de los hermanos Marx “Una noche en Casablanca”, gag memorable en el que Harpo se apoya en un edificio que se derrumba al separarse de él, destacó la idea desarrollada por Berenguer en su libro de que detrás de cada construcción que hacemos, o hace el analizante, en realidad no hay nada, sólo el agujero, que es lo más fundamental. La tarea de un análisis, nos enseña Lacan, no es otra que medir ese agujero y tener una idea de que el sujeto ha metido dentro. Insistió también en la buena elección, por parte del autor, del testimonio de un AE (entre otros casos de otra índole) para mostrar que el verdadero relato, la mejor construcción, no es el que el analista hace de un analizante sino el que este hace de su propio caso. Una reducción del caso a una serie abierta de significantes mínimos, nunca completa a pesar del efecto de conclusión. Esos semblantes que se producen en el testimonio del pase dan un nombre al real en juego. Eso es –dijo- “lo preciso y lo precioso”.

Enric Berenguer, actual presidente de la ELP y docente del Instituto del Campo Freudiano, agradeció la “larga complicidad” de años de trabajo de los dos colegas y resaltó que este no es un libro que responda a una intención de autor sino a “una pregunta de Escuela” encarnada hace unos años por los colegas de Caracas que le propusieron un seminario alrededor del título del libro ¿Cómo se construye un caso? La dificultad de encontrar ejemplares de la primera edición y las demandas de muchos en la AMP le animó a una revisión y ampliación del seminario, dictado entonces. Se trata, pues, de una nueva versión revisada y muy ampliada con materiales que no pudieron, por falta de tiempo, ser incluidos en ese seminario. A lo que se añade una segunda parte enteramente nueva, con un trabajo sobre las referencias de Freud y de Lacan al tema.

Berenguer insistió en que no podemos hoy conformarnos con las respuestas que dio Freud o Lacan a esa cuestión y debemos pues arriesgar las nuestras, respondiendo a lo que Miller planteó, en el sentido de que debemos responder a qué es el psicoanálisis del siglo XXI. Él mismo tomó la invitación de Miller hace años en Milán para investigar exhaustivamente las referencias freudianas al término “construcción”, añadiendo el contrapeso necesario de Lacan. Esto supone un viraje fundamental de la construcción como acción del analista a algo que forma parte de la tarea analizante como efecto del análisis, en relación a la noción de “construcción del fantasma”.

Por otra parte, la cuestión tiene su evidente actualidad ya que hay otras muchas disciplinas que construyen los casos de otra manera, ya que los casos siempre se construyen, se reconozca o no. La particularidad es que lo hacen en nombre de una supuesta objetividad, olvidando así que ellos también hacen un relato, apelando a supuestas estructuras eternas o a esas tesis “evidentes” en las que sujeto apenas cuenta. Es por eso que insistió que toda construcción tiene también un pie en el Otro, sea la ciencia, la religión o la cultura. Y si los síntomas cambian es porque, a veces en transferencia con el Otro de la ciencia, el sujeto construye para él su síntoma. Paradójicamente, intenta decir con significantes del Otro aquello que por estructura no puede tener lugar en el Otro y no se puede decir con sus términos. Pero es una vía de paso inevitable.

La construcción del caso, para el psicoanálisis en cambio, es mostrar aquellos significantes originales que le servirán de brújula en su vida y que sólo la orientación hacia lo real permite mostrar. De esos significantes, únicamente el sujeto es responsable, él los ha elegido.

Pero el analista tiene que construir el caso a medida que avanza, no para comunicar eso al analizante, sino como su brújula, incluyendo en esa brújula la orientación de lo real, como aquello que nunca puede acabar de ser incluido en la construcción, pero sí por dónde anda, por así decir. De ahí el valor que en su momento dio Lacan a la “resistencia”, como índice de lo que no se puede simbolizar.

Construir es lo que hacemos cuando presentamos un caso en el Seminario del Campo Freudiano, por ejemplo. Esas construcciones, retomando el ejemplo de Harpo Marx, son para tirarlas, una vez usadas. Incluso el relato de un AE tiene su caducidad, está para tirarlo después de usar, como la escalera de Wittgenstein. Si las construcciones no se asumen como provisionales y no se dejan cuidadosamente incompletas, incluyendo su agujero necesario, terminan bloqueando el trabajo del analizante. Lo que decimos de un caso nunca debe dejar de poner de relieve lo que falta en el mismo, ya que un caso “completo” es más bien un cierre del agujero que se trata de producir, con sus bordes originales, que sólo el analizante puede deslindar mediante su tarea.

Tras las intervenciones de la mesa, el acto continuó con un animado debate con la numerosa concurrencia de colegas, estudiantes y profesionales psi interesados. Sin duda, se trata de un libro que por su interés y su rigor y claridad expositiva tendrá un largo recorrido en nuestra comunidad y en ámbitos clínicos.

Librería Alibri, Barcelona, 20 septiembre de 2018