Reseña de la presentación del libro “Niñ@s Hiper” de Jose Ramón Ubieto y Marino Pérez Alvarez | Eva Rivas

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Graciela Kasanetz fue la encargada de introducir el acto haciendo referencia al extenso currículo del autor. Tras señalar que la infancia es ese tiempo para comprender qué significa hacerse mayor, planteó que este libro invita a reflexionar sobre la pregunta de cómo seguir siendo interlocutores válidos para la infancia en el siglo XXI.

Patricia Zalazar, desde su lugar de profesional de la Atención Temprana en Educación dio la perspectiva de los maestros que constatan el uso temprano de objetos tecnológicos, habiéndose pasado de la hipo a la hiperestimulación en los niños que atienden. Presentó varios casos que muestran cómo los niños expresan con total espontaneidad sus síntomas y cómo depende de la mirada del profesional la interpretación de los mismos pudiendo ser los padres los que lleguen a tratamiento. Habló de cómo en la actualidad no se admite la duda, la espera, el no saber, son tiempos hiperactivos. Sin embargo, el tiempo de la infancia debería ser el de armarse o construirse sin sentirse desamparados. Subrayó también cómo los autores de este libro dan un papel a la educación frente al saber biomédico, dejando para un segundo tiempo al psicólogo si algo desborda el marco educativo, dando una propuesta a contracorriente, fuera de lo estandarizado. Proponen recuperar el juego, la conversación, el aburrimiento, los juegos, los espacios de filosofía donde poder hablar.

Gustavo Dessal ensalzó la versatilidad del discurso en el que está organizado el libro, que permite que sea útil tanto para profesionales como para padres, con un discurso trasmisible aunando la sencillez y la posibilidad de que el psicoanálisis llegue a un público amplio. Recordó que la infancia no es una etapa natural sino una construcción cultural moderna, un constructo simbólico, teñido por tanto de las particularidades del discurso de la época. Freud decía que el niño es una proyección del narcisismo de los padres habiéndose llevado al extremo, a lo “hiper” la imagen de His Majesty the Baby, que ya señalaba el fundador del psicoanálisis.

Por otro lado, señaló que la infancia está colonizada por muchas fuerzas: la del mercado, la de la clínica que son en definitiva una sola, ocupada en patologizar al niño. Esta colonización tampoco nos debe introducir en una dialéctica buenos/malos con los niños y los padres, que también hacen un uso interesado de los gadgets. Planteó que el rendimiento es un ideal atroz de la época en una sociedad donde le objetivo es el éxito y la multitarea, que va en contradicción con la posibilidad de focalizar la atención, siendo Google la industria de la atención, un bien que escasea cada vez más.

Finalmente señaló cómo actualmente hay una ruptura radical de la transmisión que hace que las madres se sientan desasistidas recurriendo a Google allí donde antes recurrían al saber de la generación anterior al consejo de las abuelas.

José Ramón Ubieto, el autor, no quiso desentrañar el hilo del libro pero habló del motivo por el que propuso al coautor, Marino Pérez Álvarez, escribirlo. Bromeó con que él mismo fue un TDAH, con la fortuna de pasar la infancia en el Pirineo aragonés con el único psiquiatra de la provincia a 50 Kms de distancia: una infancia tranquila en la cual no le estaban escrutando continuamente, en la que uno a través del juego iba construyendo su manera de estar en el mundo. Sin embargo, hoy cualquier niño tiene un TDAH mientras no se demuestre lo contrario. La rebeldía, el desafío, llevan al diagnóstico.

J. Ramón aludió a Damasio con su “El Cerebro creó al Hombre” para constatar cómo hoy existe la idea de que podemos reducir el sujeto al cerebro, y a Lacan, que en 1945 en “La Psiquiatría inglesa y la Guerra” escribió que la rebeldía , la indocilidad en el futuro no vendrían de los sujetos, de su manera de ser, sino de las clasificaciones , de cómo nosotros interpretamos el síntoma. Hoy olvidamos que para salir de la infancia hay que pegar un portazo, no se hace sin una cierta violencia. Nombró también a Winnicot que en “La Juventud no terminará” habla de ese intento condenado al fracaso de limitar lo pulsional, de que los niños sean como los adultos.

Aludió también a cómo J.-A. Miller subraya que el peso que antes tenía el ideal lo tiene hoy la satisfacción, que tiene muchas formas por ejemplo para los padres la del rendimiento de los hijos. Hay algo que nunca va a poder programarse, garantizarse y es lo pulsional de un niño, cosa que los padres viven como una impotencia y los condena a la exigencia superyoica de estar siempre vigilando la performance, el rendimiento del niño. Terminó subrayando que los padres de antes eran más conscientes de que la imperfección de un padre es una virtud y no un defecto. No hay que culpabilizar a los padres por dejar el móvil a los niños sino responsabilizarlos por lo que dicen y recordar que el padre imperfecto puede dejar una marca, una transmisión valiosa para el hijo, desidealizando la paternidad. El buen padre es el que tiene la paciencia de dar el tiempo necesario al hijo para hacerse. Concluyó diciendo que la religión de lo digital ya ha entrado a producir el hartazgo y que el intento de sustituir la vida real por la algorítmica hace síntoma.

Madrid, FNAC de Goya el 19 de septiembre 2018.