Reseña de la Actividad preparatoria de la 1ra Jornada de FCPOL | Graciela Esebbag

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El 14 de mayo de 2018 tuvo lugar en Barcelona, en la Sede de la Comunidad de Catalunya de la ELP, la actividad preparatoria de la 1ª Jornada de FCPOL, donde pudimos escuchar el testimonio de analistas que trabajan en instituciones. Instituciones diversas, instituciones que se constituyen como respuestas al malestar, como reguladoras del goce.

Tres experiencias, tres formas en las que un analista puede hacer una invención en la que dar un lugar a la subjetividad.

Nuestras colegas Mari Cruz Fernández, Oriana Novau y Lidia Ramírez construyeron sendos textos donde -en cada experiencia particular- mostraron cómo cada analista “…sale y sostiene una conversación con los otros…ofreciendo no la cura analítica para todos, sino un lugar posible para todos” (Eric Laurent en “Psicoanálisis y Salud mental”).

M. Cruz Fernández nos transmitió cómo su presencia en una escuela de educación especial pasa de ser una mera observadora de las conductas de los niños (tal y como le plantearon desde la dirección del colegio) a ser alguien que instaura “una conversación con los otros”, sobre los casos y sobre las intervenciones posibles. Unas breves viñetas clínicas mostraron claramente el efecto de esta conversación.

La intervención de Oriana Novau ilustró cómo un psicoanalista “puede hacer pasar de un problema social a lo más singular de cada sujeto”, según sus propias palabras. El problema social -la violencia de género- es el ámbito en el que interviene la institución en la que Oriana trabaja. Ella presentó una viñeta clínica donde mostró del sintagma “violencia de género” – que es lo que lleva a una mujer a consultar en esta institución- la analista puede hacer emerger lo más propio de una mujer.

Lidia Ramírez, habló de dos dispositivos en los que trabaja. Señala que no se trata de instituciones propiamente dichas sino de dispositivos que podríamos llamar lugares alfa, lugares en los que es posible alojar la subjetividad y darle un hábitat (J. A. Miller).

En uno de los dispositivos –Interxarxes– Lidia Ramírez nos enseña cómo el analista acoge la demanda de respuestas de los profesionales, abriendo un espacio de conversación, que genera preguntas y que hace freno a la segregación. En el otro dispositivo, la demanda angustiada de una madre, encuentra un lugar donde ser enunciada.

Fue verdaderamente interesante el debate que se produjo a posteriori de las presentaciones. Los textos fueron un motor para las preguntas que surgían a propósito del psicoanálisis y del psicoanalista en las instituciones. El debate se fue transformando en una conversación entre la mesa y el público.

La pregunta sobre la relación del psicoanálisis y las instituciones, que aparece desde casi el origen del psicoanálisis, sigue estando vigente. Quizás hoy más que nunca.