Reseña Testimonio de Pase: “Del síntoma al fantasma y del fantasma al sinthome” | Maite Esteban

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El pasado 4 de mayo la sede Málaga se iluminaba de esa manera, diferente cada vez, que tiene lugar cuando contamos con la presentación de un testimonio. Un aforo completo fue testigo de cómo Patricia Tassara AE (2017-2020) en el ejercicio de su transmisión, conquistaba la escucha de un auditorio concernido y por ello dispuesto a dejarse iluminar por quien dio muestras de haber encontrado una nueva alianza con la pulsión, no sin antes avanzar por la construcción del fantasma y su retorno. El título elegido “Del síntoma al fantasma y del fantasma al sinthome”, orientaba la necesidad de esperar ese retorno y el texto, a su vez presentado, daba cuenta del recorrido y los tiempos en él empleados para hacer dos trayectos bien delimitados hasta alcanzar la nueva escritura del síntoma, el sinthome del que Patricia generosamente se sirvió para compartir con un público animado y con apetito de intercambio.

Acompañados de su enunciación, seguimos los momentos cruciales del análisis que operaban relanzando y perseverando en lo que podríamos definir como un temprano y firme compromiso con el pase de esta analizante. La consecuencia de esto fue poder acoger en lo particular del caso, cómo en este se jugó la separación entre el ideal de la identificación fundamental, de la dimensión del goce pulsional escópico, así como la contribución indiscutible que el trabajo del inconsciente otorgó, especialmente con la producción de algunos sueños bajo transferencia y que se revelaron decisivos para que el trabajo lector alcanzara finalmente lo fundamental. Pudimos entonces seguir el largo camino y los pasos que en él devinieron con efectos de formación y relanzamiento del “duro deseo de duelar”, como citó Eric Laurente en el último Congreso de la AMP y Patricia recordó en su escrito hasta alcanzar lo esencial que invita a la invención, al lazo con la Escuela y al entusiasmo como su mejor motor.

La puesta en acto que es un testimonio permite mostrar cómo el parlêtre sacó partido de los restos del naufragio del no hay relación sexual, Patricia y su entusiasmo tuvieron un efecto de reflexión duradero, que se deja saborear en el tiempo y que al menos, para quien escribe esta reseña y me consta que para otro asistentes también, hace considerar bajo nuevas formulaciones el “calado” de los efectos terapéuticos que sí tiene el análisis y aún más, hasta donde esto se pueden llevar cuando no se espera la última palabra, no como un decir, sino como un hacer. La risa que acompañó el tramo final de su análisis, así con la salida ingenua que posibilitó el pasaje de analizante a analista, dan prueba del efecto de aligeramiento que conlleva la experiencia, permitiendo que la mortificación abandone filas y el acto, que no va sin la soledad del analista, encuentren la buena salida, dicha salida opera haciendo el lazo que conviene a la Escuela, Escuela que mantiene viva la pregunta siempre inconclusa ¿qué es un psicoanalista?

Las preguntas e intercambios con la sala reflejaron aspectos de la transformación que la experiencia posibilitó y que han tenido claras consecuencias tanto en la práctica clínica a partir del final de análisis, como en el control de casos que se vuelve un lugar de trabajo importante, vivo ya sin angustia. También se destacó otro pasaje, en un momento anterior del análisis, un pasaje que permitió el paso del trabajo en la vida local a una apertura mayor y con consecuencias para el trabajo en la vida de la Escuela, en definitiva, pasos previos al pase como resultado de la lógica que anima la experiencia, ahora mejor ubicada para consentir de la mejor manera lo real que siempre adviene, sirviéndose por tanto de él y no defendiéndose de él, en definitiva un mejor uso de lo escópico que ahora está dirigido a la Escuela.

“Vibración” sí, un acontecimiento de cuerpo que se presta a la contingencia y a la página en blanco, dejaron huella en un espacio abierto y sostenido para acoger el pase, el mejor hallazgo de Lacan, en palabras de Miller.

¡Muchas gracias, Patricia Tassara!