Reseña de la presentación del libro “Freud, un despertar de la humanidad” de Vilma Coccoz | Marije Elzo

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El pasado 2 de marzo tuvo lugar la presentación en San Sebastián del libro “Freud, un despertar de la humanidad”, escrito por la psicoanalista Vilma Coccoz, prologado por el también psicoanalista Vicente Palomera y editado por Gredos. El acto organizado por la Biblioteca de la Sede de San Sebastián de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis congregó a un variado y numerable público, que abarrotó la Sala de actividades de la biblioteca municipal sita en la calle San Jerónimo.

La presentación -planteada como una exposición referenciada al análisis que la autora hace de los casos clínicos de Freud a lo largo de los once capítulos del libro- fue coordinada por la psicoanalista donostiarra Maribel Aranjuelo, y contó, además de con la presencia de la propia autora, con la participación del filósofo Iñigo Martínez y el artista Asier Laspiur.

Se trató de un ameno diálogo interdisciplinar que propició acercar a los oyentes el psicoanálisis de orientación lacaniana. Desde mi punto de vista quedó patente el esfuerzo realizado por la transmisión, y por la extensión, ya que, aun siendo un libro denso, los ponentes lograron acercarlo al público, promover la curiosidad en aquellas personas que no lo habían leído y animarnos a profundizar a aquellas que habíamos empezado a trabajarlo. Fue también todo un ofrecimiento de saberes particulares que facilitó un encuentro singular entre Psicoanálisis-Filosofía-Educación-Arte a través de un hilo conductor, el inconsciente.

Si bien Vilma Coccoz fue la última en exponer su texto, podemos comentar en primer lugar alguna de sus aportaciones, en tanto fue su trabajo sobre el inconsciente, sobre “su” Freud, el motivo de la reunión. Argumentó que el descubrimiento por parte de Freud del inconsciente conmueve absolutamente lo que es la relación con el saber que cada uno tiene, con el saber que uno tiene de sí mismo. Y es que el inconsciente, nos señaló, “es aquello que no sabemos de nosotros mismos”, “…aquello que hemos vivido y ha dejado unas huellas incomprensibles que portamos sin saberlo, hasta que nos ponemos a indagar pacientemente en el recorrido de un análisis”.

Recorrido analítico a través de la palabra, recorrido de desciframiento, sostenido en la clínica psicoanalítica (rigurosa y desarrollada como un discurso) que “facilita encontrarnos con ese saber precioso que tenemos de nosotros mismos pero que no lo podemos usar, porque no lo tenemos disponible; en el que se trata de volverlo disponible para que nuestra vida sea mejor y sea más digna”. “… que permite distinguir qué es realmente lo más singular de alguien”.

Por todo ello, esta gran aportación de Freud asintió “supone una nueva manera de pensar, una manera que toma en cuenta lo que resiste; lo que resiste a nuestro pensamiento”. Un gran cambio, un nuevo discurso que ya no se podrá soslayar, que abre algo nuevo. Se trata así pues de un momento de despertar, un despertar de la humanidad.

Por su parte, Iñigo Martínez planteó su exposición en lo que denominó a contracorriente de algunas inercias -pedagógicas, cientificistas y temporales-, desmarcándose de este modo de las tendencias homogeneizadoras mayoritarias actuales. Para ello, tomando como pilares la defensa del inconsciente y la singularidad, y basándose en citas referentes al libro, señaló varios ejes y preguntas en torno a temas como: el aprendizaje, el deseo, la contraposición entre el narcisismo del deseo y el narcisismo del ego, la relación entre la psiquiatría y la filosofía en torno a la idea de libertad, o los sueños.

Interesantes reflexiones y preguntas abiertas las planteadas, difíciles de desarrollar en este escueto texto. Sin embargo, mi interés personal por la educación me lleva a remarcar su idea de “aprendizaje como algo activo; como actividad vital en la que siempre hay algo del estilo particular de cada uno “…alejado del aprendizaje mecánico, pasivo, del entrenamiento o adiestramiento, de una pedagogía de tipo conductual en el aprendizaje se trata de cada uno pueda asumir su propia particularidad”.

Este planteamiento fue retomado por la autora quien avanzó en la dirección de relacionar aprendizaje y deseo (inconsciente), y abrió la interesante pregunta de ¿cómo se puede causar el deseo de saber? ¿el deseo de aprender? En esta línea retornando al texto “Psicología del Colegial”, nos recordó a todos aquellos que navegamos en el mundo de la educación que “el deseo de enseñar, si existe, tiene que ser muy respetuoso del momento singular en que pueda surgir el deseo de aprender en el otro”.

Posteriormente, Asier Laspiur desarrolló el capítulo número 10 – El secreto de la melancolía en el pintor Haitzmann y de Dostoiesvski-, realizando un documentado recorrido de la historia del pensamiento y de la historia del Arte, así como aportando algunas consideraciones sobre la melancolía en su relación con el Arte. En este sentido, y a raíz de la afirmación de Oteiza “todo espacio vacío es espacio sagrado” retomó a Freud y formuló la siguiente reflexión “la melancolía fabrica un vacío en el propio yo, dejando al sujeto vaciado”. Vacío que, señaló, no hay que confundir con la Nada, ya que más bien sería una salvaguarda frente a ella, una protección.

Partir de esta idea de vacío, así como de la referencia a las diversas ventanas (lienzos, marcos, pantallas…) con las que se encuentra el artista en su día a día, condujeron a Laspiur hasta Lacan, en concreto al “Seminario de la Angustia”, y a la propensión citada en dicho Seminario del sujeto melancólico a arrojarse por la ventana. Su exposición concluyó en lo que, en mi opinión, fue un alegato a favor del Arte y de su competencia a la hora de encarar el laberinto de la melancolía, en tanto que puede ser un modo de autoprotección, facilitando al artista las que él denominó “ventanas salvadoras”, realizando una metáfora con el concepto de ventana utilizado por Lacan en el Seminario citado. Explicó con más detalle esta idea valiéndose de algunos ejemplos, como los casos de Dalí o Bourgeois-.

Varias fueron las aportaciones realizadas por Vilma Coccoz al hilo de todo ello desde la perspectiva clínica. Por un lado, nos habló acerca de la capacidad de sublimación de algunos sujetos así como de la capacidad de creación a través del inconsciente exclusiva de los artistas, en sus palabras “los artistas pueden hacer con su inconsciente algo que los demás no podemos, pueden usar su inconsciente sin saber que lo están haciendo y de ese saber lo pasan a la realidad e inventan algo.

¡Es prodigioso!”. Por otro lado, en referencia a la intervención del psicoanálisis en el arte su mensaje fue contundente “el psicoanálisis nunca interviene en el campo de la creación, sino cuando hay una inhibición para el trabajo”, es decir: “cuando una persona dotada para la creación no puede crear”.

Acercándose al final de su exposición nos recordó la definición de Lacan sobre la belleza como “una de las barreras ante la pulsión de muerte, como un tratamiento de la pulsión de muerte”. Algo de esa belleza considero estuvo presente en las tres presentaciones, en el encuentro singular entre saberes que, por unas horas, nos acercó y despertó a la vida a los allí presentes a través del libro “Freud, un despertar de la humanidad”. Libro que, a su vez, nos acerca y despierta a ese otro libro “ese libro con tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su hilo conductor – Jacques-Alain-Miller-” que es nuestro inconsciente.