Reseña de la presentación del libro “Recorridos” de Patrick Monribot (17/12/17). La Colección de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis nº 11 | Ana Aranguren

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El 1 de diciembre se presentó en Donostia-San Sebastián el libro Recorridos de Patrick Monribot, Psicoanalista en Burdeos, miembro de la ECF, de la NLS y de la AMP. Esta actividad organizada por la Biblioteca de Orientación Lacaniana de la Sede de San Sebastián de la ELP, contó con la colaboración de Donostia Kultura y se realizó en la Sala de Actividades de la Biblioteca Municipal de la ciudad.

La presentación del evento corrió a cargo de Maribel Aranjuelo -Directora de la Biblioteca de Orientación Lacaniana de la Sede de San Sebastián- quién mostró su placer al presentar este libro que da cuenta del largo camino que el autor nos presenta. Éste comienza mostrándonos su propio recorrido analítico y epistémico para más tarde en la práctica ofrecernos aportaciones clínicas extraordinarias y asequibles para un público amplio. Resaltó algunos recorridos clínicos que Monribot nos ofrece en los que no sólo nos habla de las dificultades de los casos sino también de las suyas propias, de su posición en la transferencia dando buena cuenta de su deseo de analista. También contiene su testimonio de analizante después de su nominación como AE en el pase y textos relativos a la necesidad de una Escuela para que el psicoanálisis viva en el mundo actual. Agradeció al autor por todo lo que el libro aporta sobre lo necesario de trabajar sobre el detalle –la sesión analítica como el arte de perderse en los detalles– y por la extracción de una lógica teórica pertinente con las curas actuales. Tras esta presentación Maribel Aranjuelo pasó la palabra a las personas participantes en la mesa.

Comenzó su intervención Julio González, -Psicoanalista en Bilbao, miembro de la ELP y la AMP- expresando su agradecimiento a la BOL y sobre todo al autor por la generosidad con que ha escrito el libro, por transmitirnos los trozos de saber extraídos de su práctica y del control, de su hacer como miembro de una Escuela y de su análisis personal. Destacó varios puntos que le han interesado vivamente al leer el libro, el cual dijo, lo ha leído con la pregunta de cómo se juega la relación con la Escuela en el final de análisis.

En primer lugar hizo referencia a que una Escuela es necesaria en tanto funciona como causa para el sujeto -la causa freudiana en el lugar del ideal- Monribot precisará que el ideal es necesario para hacer lazo pero pensando qué uso hacer de dicho ideal –que no enmascare lo real pulsional- ya que cada uno tiene un vínculo singular de goce con dicha causa. Como segunda articulación se refirió al parentesco estructural entre el real en juego en la vida de la Escuela, y el real que el analizante logra especificar en su propio análisis –real como la experiencia de un no hay estructural-. Citó la formulación de Patrick: “Clínicamente se me ha manifestado que el vínculo del sujeto a la Escuela está estructuralmente ligado a la manera en que él pudo arreglárselas con una mujer, incluso con la feminidad, en la cura”.

La tercera articulación fue la Escuela como partenaire-sinthome para tratar el goce incurable del ser hablante. En el caso de P. Monribot la elaboración del síntoma conclusivo pasaba por un arreglárselas con el goce femenino, construir una relación con una mujer, no con las mujeres. Fue una solución –menage à trois– ya que la elaboración del partenaire-sinthome incluyó la relación con una mujer y con la Escuela.

Posteriormente sugirió al autor que pudiera decir algo en torno al nudo del odio -a lo femenino, al no-todo y al goce del Otro- que le fue necesario explorar en su análisis para que la Escuela se constituyera como partenaire, como lugar en el que explorar lo que sería un nuevo vínculo social, un nuevo amor.

Como último punto recogió que el final de análisis y su anudamiento con la Escuela es una decisión ética. Monribot señala que hubo un momento decisivo para la conclusión del análisis que constata como una certeza y abordará estas consecuencias en términos de creencia: la creencia en la letra del síntoma, la confianza en la Escuela que nombra, de los otros que pueden tomar nota de dicha marca. Supe que tenía algo que enseñar (transmitir) a esta Escuela sobre la lógica de una cura y sobre su final particular.

Julio terminará diciendo que lo que el texto de Monribot nos enseña con rigor y generosidad es su tarea de construir la relación con una mujer –tarea que permite poner un cierto abrigo al odio, al racismo, a la segregación pero tarea constante, pues el estrago del síntoma siempre acecha.

Después tomó la palabra Vilma Coccoz – psicoanalista en Madrid y Donostia, miembro de la ELP y de la AMP- quién también agradeció con entusiasmo la invitación a conversar. Comenzó su intervención haciendo mención al título Recorridos que da cuenta de un ordenamiento interno del propio libro y de otros recorridos. Monribot define el análisis como un recorrido y evoca la metáfora freudiana de un viaje que Freud utiliza en el caso de la joven homosexual. Monribot dice: “el viaje analítico es un trayecto sinuoso donde el analizante se pierde como en los senderos, pero no por ello permanece menos orientado por una brújula: la del deseo del psicoanalista que condujo la cura”.

Sobre esta cita Vilma señaló que el deseo del analista es una invención de Freud, un nuevo deseo de alguien que se empeña en hacer existir el inconsciente. El deseo del analista no es un deseo terapéutico ni surge de la Universidad, surge del propio análisis. Lacan inventó el pase como manera de explorar el pasaje del deseo de analizarse al deseo de analista dando la opción de testimoniar en la Escuela y recibir una nominación que dura tres años –AE- haciendo de lo singular algo colectivo, ofreciéndolo a la Escuela.

El pase, al igual que el movimiento analítico del psicoanálisis tiene una historia. Monribot fue nombrado AE en el 2000 y fue impactante escucharle -era el primero que lo hacía- hablar de las razones inconscientes de su odio a la mujer que él ha denominado racismo anti-mujer. Vilma también apuntó como uno de los grandes desarrollos del libro el trabajo que el autor hace sobre el pudor, dada la impudicia generalizada de este momento. Hace falta recuperar la virtud del pudor para cuidar los lazos entre las personas, para que se produzca una civilización del goce.

Así mismo señaló como su experiencia personal como sujeto analizante le ha permitido adentrarse en lo que es hacer Escuela, la importancia que tiene una Escuela de psicoanálisis, necesaria para no delirar demasiado, para conversar con los otros. Cuando Lacan llegó al psicoanálisis se encontró con que los psicoanalistas hablaban más de los preceptos de la técnica que de los conceptos psicoanalíticos. Se habían olvidado de Freud y no tenían una institución, una Escuela de psicoanálisis acorde con el descubrimiento de Freud, y se dedicó a construir una Escuela que tuviera en el corazón de su estructura lo que el psicoanálisis había enseñado respecto a la existencia del inconsciente y del goce. A lo que Patrick señalará que gracias a su viaje analítico pudo comprender la importancia que tiene para hacer avanzar el psicoanálisis federar el síntoma, término monribotiano por el que Vilma le pregunta, si esto aporta una solución a la democracia analítica –en lugar de federar comunidades se trataría de federar los síntomas-.

Para finalizar comentó en detalle varios de los interesantes casos clínicos desarrollados en el libro subrayando –en la conversación con P. Monribot- la diferencia entre sujeto y parlêtre en la cura analítica y la importancia de los equívocos en la misma.

Por último, intervino Patrick Monribot, quién también agradeció esta invitación y los múltiples comentarios de sus compañeros de mesa. Comenzó diciendo que es un obsesivo analizado, pero obsesivo y que tiene la obsesión de no caer en la trampa de la facilidad psicoterapéutica. Hay que hacer un esfuerzo hacia lo real para diferenciar una cura analítica con una psicoterapéutica. Y todo depende de la relación que el analista tiene con lo que Julio llama el no hay fundamental, la hiancia fundamental. Se trata de construir un saber que no tape esa hiancia –ésta es la diferencia con la psicoterapia- de un saber que se intenta ceñir, estrechar sin tapar.

Continuó explicando que la redacción del libro le impuso retomar su propio testimonio de cura 15 años después porque -como subrayó Vilma- el pase ha cambiado y en su época de AE no se hablaba del significante Uno como raíz iterativa del síntoma que no cesa de escribirse sobre el cuerpo. Ha sido un buen ejercicio retomarlo y presentarlo ahora de esta nueva manera.

Respecto al odio anotó que el odio a las mujeres es común a todos los parlêtres, no sólo de los hombres. Se puede analizar pero sólo con una cura lacaniana, ya que es necesario extraer el objeto pulsional de tal forma que una mujer no pueda resumirse en un objeto a, ya que el objeto a es la matriz del racismo. En la cura se trataría de tratar el objeto a primero para después tratar la cuestión del goce femenino, del no todo femenino. Y lo que ha podido descubrir en su pase es que el tipo de vínculo con una mujer va a cambiar el vínculo con una Escuela.

En cuanto a la federación de síntomas aclaró que no es un término monribotiano ya que hace 15 años en las Jornadas que se celebraron en Bilbao, Eric Laurent habló del sinthome que no puede constituir una comunidad porque el síntoma es una experiencia de soledad, de goce autista pero sí puede servir a los demás. En su caso su síntoma era alrededor de la transparencia de la transmisión y decidió escribir un libro que pueda servir a otros. Esto es la federación de síntomas que no es una federación de comunidades ya que la comunidad jamás puede hacer síntoma.

Para concluir comentó que en el transmitir encontró límites pues no se puede transmitir todo ni en un testimonio ni tampoco en un libro pues hay dos tipos de transmisión. Está por un lado lo que se demuestra y por otro lo que se muestra con el cuerpo y la enunciación, no sólo con el enunciado.

Tras las intervenciones se abrió un espacio para preguntas e intercambios de comentarios con el público asistente. Se retomó la idea sobre el momento actual de la civilización en que se demandan técnicas de tratamiento y que precisamente en la cura psicoanalítica no hay técnica sino ética y esto plantea un problema con lo que Lacan llamó el amo moderno que demanda técnicas cifradas y evaluadas.

También se retomó el título del capítulo II del libro Construir una mujer, y de su duda de nombrarlo así o Construir la feminidad ya que es una cuestión que se plantea para todos los analizantes –sean hombre o mujer. Lacan dice que el fin de la cura feminiza al sujeto, es decir, se trata de enfrentarse con su propia feminización porque construir una mujer también concierne a uno mismo.

La muy interesante presentación del libro promovió en el público asistente interés y deseo de leerlo. Se vendieron ejemplares en la misma sala que Patrick Monribot amablemente dedicó y firmó.