Reseña: Clínica discreta de la forclusión del nombre del padre | Beatriz García

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En la sede de Madrid, el martes 20.03.18 tuvo lugar el 7º encuentro preparatorio hacia el Congreso de Barcelona “Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia”. En esta ocasión se dedicó específicamente al tema de las psicosis ordinarias. El encuentro, coordinado por Beatriz García, contó con la intervención de Amanda Goya y Graciela Medín.

Durante una época, el psicoanálisis se sostuvo en la solidez de una clínica estructural que permitía distribuir los casos entre dos campos diferenciados: la neurosis y la psicosis. La presencia o ausencia del significante del Nombre del Padre en el lugar del Otro era el responsable del ordenamiento de la clínica en el Lacan de la primacía de lo simbólico.

Con esta clínica del significante, binaria y discontinua, Lacan ordenó el campo analítico dejado por Freud sustituyendo el Edipo freudiano por la función lógica del Nombre del Padre lacaniano. Pero este Lacan estructuralista no constituye la última palabra. Está después el Lacan que se encuentra con que no todo el goce se deja negativizar por la significación fálica. El Lacan que constata que siempre hay un conflicto con el goce, o lo que es lo mismo, hay una forclusión generalizada y lo que encontramos en la clínica son las soluciones singulares.

Amanda Goya tituló su intervención: “Una brújula: los signos discretos en las psicosis ordinarias”. Expuso cómo hablar de una Clínica discreta de la forclusión del Nombre del Padre, entraña una crítica hacia la manera en que los post-freudianos, y la psiquiatría en general, han concebido, y por ende tratado, a los llamados casos raros. Al carecer del concepto de Forclusión del N.P. como mecanismo estructural de la psicosis, los autores encallan, y se deslizan hacia nociones que reflejan lo puramente descriptivo, como es el caso de las personalidades como si, de H. Deutsch. Para nosotros no se trata, ni de un núcleo psicótico en la neurosis, como era para los kleinianos, ni de un estado límite, como lo es hoy para la psiquiatría descriptiva. Al disponer del concepto de forclusión, nuestra referencia en el marco de una clínica discontinuista, es que cuando hay forclusión, sabemos que es una psicosis, y si no, es una neurosis.

Pero la clínica binaria es insuficiente porque existen los casos raros. Ciertas señales que nos alertan sobre la posible presencia de una forclusión, más o menos enmascarada. A esas señales llamó J.- A. Miller signos discretos, ínfimos detalles que nos hacen dirigir el foco, sobre la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto, para disipar las posibles vacilaciones sobre el diagnóstico.

J.-A. Miller llamó signo discreto y no significante a lo que hemos de detectar porque a diferencia del significante, que remite a otro significante y que representa a un sujeto, el signo no remite a otro signo, y tampoco representa nada, el signo remite a un real a cuyas manifestaciones el analista les otorga un estatuto de señal. En su texto de 2009, “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria”, Miller nos provee de una brújula, que circunscribe las esferas en que los sutiles indicios de (Φo) se muestran, se externalizan -esta es la palabra que usa- Estas son: la esfera de lo social, la del cuerpo, y la subjetiva. Una cuarta, la de lo sexual, la desestima, porque de la imposible relación sexual ningún ser hablante queda excluido, luego, infinitas variantes son posibles bajo este dominio.

Gabriela Medin tituló su ponencia “Interrogantes en torno a los signos discretos a partir de la clínica con niños y adolescentes” y se orientó hacia la interrogación de qué valor dar a ciertos signos discretos que en el encuentro con un niño o adolescente muestran fallas en el anudamiento RSI así como fallas en la instalación de la lógica fálica. Cuándo se puede afirmar que se trata de una estructura psicótica, cómo distinguir un fenómeno que puede ser parte de una solución sintomática de aquellos que son manifestaciones de que algo se va fijando en el proceso de constitución subjetiva o manifestaciones de la forclusión.

Se trata de abrir la pregunta por el momento de efectuación de la estructura y por la forma en que se presenta para cada sujeto el anudamiento RSI. Esta clínica suma un elemento al debate continuidad-discontinuidad, la cuestión de los tiempos en la constitución de un sujeto.

En la infancia, es importante atender a los tiempos, dice Miller en su texto “El niño y el saber”. ¿En qué momento se plasma la insondable decisión del ser? ¿Hay tiempos para que se instale la lógica fálica? ¿Hay vencimientos de esos tiempos? Sabemos que el sujeto necesita del Otro para producirse. En ocasiones, en la clínica con niños, el analista asume el lugar del Otro caído de su función y se producen operaciones de constitución subjetiva. De ahí la relevancia de las intervenciones “tempranas”.

Ambas ponentes presentaron viñetas clínicas que dieron lugar a un animado debate con la sala.