Reseña “Las psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia” | Yudmila Lima Sarmiento

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Durante el quinto Encuentro preparatorio hacia el XI Congreso de la AMP «Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia» se desarrolló el tema: “Hacia una estabilización de la Psicosis, soluciones sinthomáticas”. Las presentaciones quedaron a cargo de Beatriz García y Esperanza Molleda, quienes aportaron miradas diferentes del asunto. La coordinación fue llevada a cabo por Miguel Ángel Garrido, quien aprovechó la oportunidad para hacernos una introducción al tema en cuestión.

La época actual nos confronta con nuevas formas de anudamiento en los sujetos. Este punto fundamental hace que tengamos que orientarnos en nuestra clínica más allá de la división clásica entre neurosis y psicosis. La dirección de la cura entonces en las psicosis para nosotros en tanto que psicoanalistas está orientada hacia las estabilizaciones y soluciones sinthomáticas que son capaces de construir los pacientes, uno por uno, frente a lo real en juego de la existencia.

Beatriz García profundizó en el tema de las estabilizaciones en las psicosis. Partiendo de la raíz del término estabilización y ahondando en sus dos acepciones: Lo que permite a un sujeto evitar un desencadenamiento, la estabilización como un estado construido por el sujeto mismo en el curso de su vida. O la estabilización como la restauración de un estado subjetivo, después que el desencadenamiento haya ocurrido y que se alcanzaría en un tratamiento psicoanalítico.

Lacan habla de estabilización como un momento lógico articulado al concepto de desencadenamiento. La orientación lacaniana va más allá de esta conceptualización, utilizando el término estabilización como la metáfora o suplencia que ha encontrado el sujeto para reinsertarse en el lazo social. La importancia de captar en nuestra clínica qué es lo que estabilizaba anteriormente al paciente y qué hecho concreto de su vida ha provocado la desestabilización. Con estos dos puntos podemos dirigir el tratamiento en pos de una re-estabilización.

Luego Beatriz nos guio a través de los tres momentos fundamentales en la enseñanza de Lacan en la conceptualización de las estabilizaciones en las psicosis:

El primero en 1946 con su tesis sobre Aimée, donde Lacan plantea el pasaje al acto de Aimée como aquello que la estabiliza. Es decir nos propone el acto como vía de estabilización.

El segundo por la vía del delirio como forma de estabilización que aparece ilustrado en su texto de 1958 “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, donde Schreber ejemplifica con la idea de ser la mujer de Dios, la metáfora delirante, lo que nos lleva a la tesis de Freud del delirio como tentativa de curación. En el lugar donde faltaba la significación fálica aparece una significación de suplencia, una metáfora que puede reemplazar el anudamiento existente antes del desencadenamiento y que le permite estabilizarse.

La conceptualización de Lacan en este momento de su enseñanza es que la experiencia enigmática surge en el momento en que un significante aislado de la cadena se le impone al sujeto como un goce sin sentido pero con la certeza de que ese goce le concierne. El sujeto no tiene cómo responder a este llamado contingente a ese lugar pues el significante del Nombre del Padre que organizaría la estructura esta forcluido.

El tercer momento aparece en el seminario 23 de 1975-1976: «El sinthome”, donde surge de manera novedosa la idea de la fabricación del yo por parte del sujeto como procedimiento de remiendo en las psicosis, centrándose en la identificación con la que se fabrica un yo. En esta vía de estabilización el síntoma no tiene una función de metáfora sino de goce de la letra.

En este último momento de la enseñanza de Lacan el significante S1 aparece solo, desabrochado del S2 dentro de la cadena. Esta articulación entre el significante y el goce va a nombrarla «Hay del UNO ». Aparece el sinthoma como concepto que nos permite pensar las psicosis de una manera diferente. Ya no se trata de localizar una deficiencia en relación a la norma sino más bien de capturar el anudamiento sintomático particular que ha construido cada sujeto en el curso de su existencia en su intento de darle una significación a lo real. Para terminar Beatriz presentó un caso de su clínica que ejemplificaba dos tipos diferentes de estabilización en diferentes momentos de la vida del paciente.

Esperanza Molleda por su parte se interesó al trabajo continuo de estabilización de los seres hablantes y a la pluralidad de elementos que se ponen en juego para alcanzar una estabilización, proposición que nos hace el título del congreso con su alusión a las «soluciones sintomáticas». Previniéndonos sobre la precariedad que acompaña a la estabilización y los límites de la misma. Pues si bien le permite al sujeto saber encontrar nuevos medios para saber hacer con lo real que se encuentra en la existencia, no es previsible la resistencia que puede tener este anudamiento ante determinados eventos contingentes de la cotidianidad.

Esperanza nos llevó de la mano a través de los tres paradigmas de Lacan para mostrarnos estos límites y como si bien en cada uno de los casos los sujetos logran una estabilización a través de diferentes vías (el acto, el delirio, el sinthoma) hay un padecimiento subjetivo que continúa y que da cuenta de la fragilidad del anudamiento. Aprovechó entonces para invitarnos a la prudencia y a la desidealización de los medios que contribuyen a la instalación de una cierta estabilidad en las psicosis.

También ahondó sobre la existencia de dos modelos en el tratamiento de las psicosis en la enseñanza de Lacan. El primero enmarcado por el Seminario 3: «Las psicosis» y su escrito posterior: «De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis». Y el segundo que comienza con el seminario 21 «Los no incautos yerran» y sigue los siguientes seminarios de Lacan. Ambos modelos tienen en común la idea de que es necesario para el ser hablante hacer un anudamiento entre los tres registros: Real simbólico e imaginario. Lo que le va a permitir al sujeto tener un cuerpo, mantenerse en un discurso y sostener un saber hacer con lo real de la existencia.

Pero también existen diferencias entre ellos. En el primer modelo aparece una propuesta discontinuista. Para tener un cuerpo el sujeto debe pasar por la identificación fálica. Para poder mantenerse en un discurso es imprescindible que el Nombre del Padre haya funcionado en la metáfora paterna. Y para enfrentarse a lo real contingente, el ser hablante necesita el velo que le proporciona el fantasma. Sin estos elementos estamos frente a una estructura psicótica. Esta manera de teorizar las cosas por Lacan en este momento no deja de lado la idea de que existen otros elementos que pueden venir a sustituirse a los creados en las neurosis, como por ejemplo el de la metáfora delirante en el caso del presidente Schreber.

En el segundo modelo la propuesta es continuista Lacan introduce la idea de que es necesario un cuarto nudo estable para que los tres registros puedan mantenerse unidos. La desestabilización la conceptualiza entonces como el momento en que hay un desanudamiento de uno o de más registros. Esta forma de pensar las psicosis nos permite entonces plantearnos la existencia de una diversidad en los modos de anudamiento y de desanudamiento. En el seminario 23 Lacan nos introduce el síntoma como una forma de anudamiento, a través del caso Joyce.

Con respecto a las estructuras en este momento, neurosis y psicosis necesitan anudar los tres registros para lograr una estabilidad. La diferencia fundamental estaría en el tipo de solución que encuentra cada uno. Del lado de las neurosis las soluciones son acordes al discurso establecido y le permiten al sujeto habitar el lazo social, mientras que del lado de las psicosis, estas soluciones son del orden de la invención que muchas veces quedan por fuera del lazo social.

Desde esta perspectiva que nos propone Lacan en su última enseñanza, este nudo inicial con el que el sujeto forjó su estructura, sufrirá las afectaciones de la contingencia, provocando fallos o desanudamientos. En tanto que analistas entonces la dirección de la cura estará orientada por la búsqueda de los anudamientos anteriores que le permitieron al sujeto arreglárselas con lo real de la existencia, la captación de los eventos que provocaron los desanudamientos y la indagación de nuevos modos de anudamiento. Para ejemplificar la dimensión diacrónica del trabajo de estabilización, Esperanza nos trajo un caso de un paciente que atendió en el dispositivo del CPA-Madrid (Centro Psicoanalítico Aplicado de Madrid).