4ta. Mesa Redonda: “Los tres polos de las Psicosis: Melancolía, Paranoia y Esquizofrenia” – Hacia el XI Congreso de la AMP “Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia” | Corina López De Sousa

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reseña mesa redonda nucep 2017-web2Sección Clínica de Madrid: NUCEP, 12 de Diciembre de 2017. Participan: Antonio Ceverino, Santiago Castellanos y Juan de la Peña.

Inicia Antonio a modo introductorio destacando como en la historia de la psicopatología hay un balanceo entre la idea de la discontinuidad y la continuidad, como observamos por ejemplo desde una primera enseñanza de Lacan donde tenía un punto de vista discontinuista, estableciendo una distinción clara entre normalidad y locura, neurosis y psicosis como estructuras bien delimitadas. Y pasando a la última enseñanza de Lacan, el Lacan borromeo ,que relativiza esos límites de las estructuras y nos sitúa en el territorio de lo uno. En este planteamiento la psicosis es universal, todos estamos en las psicosis y las neurosis y el Nombre del Padre, es uno más de los arreglos posibles.

En esta oportunidad pretendemos reflexionar sobre las distintas posiciones o polos dentro de la psicosis, “melancolía, paranoia y esquizofrenia”, hipótesis planteada por nuestro colega José María Álvarez y colaborador del departamento de psicopatología, y que nos sirve esta noche como punto de partida.

Estas posiciones en las psicosis podrían ser anticipadas incluso antes del desencadenamiento por su forma singularísima que pueden adoptar los fenómenos elementales. Y dependiendo de cómo el sujeto maniobra tras el desencadenamiento, estas posiciones pueden cristalizar en categorías estables, o bien el sujeto puede ubicarse en formas mixtas, o bien, una tercera posibilidad, en la diacronía la psicosis puede evolucionar mediante transiciones entre un polo y otro.

Melancolía

Es una clínica de la pérdida, y, como en la propia constitución del sujeto capturado por el lenguaje, ya hay una perdida inaugural, pérdida de goce en el cuerpo, en cierto sentido podríamos decir que todos tenemos un fondo melancólico, es decir que la melancolía es un posición inaugural. Para algunos autores incluso la melancolía es primaria, corresponde al desamparo primordial del sujeto cuando viene al mundo ante al que tiene que buscar un lugar en el otro, es decir la melancolía sería como el lecho de la locura. Esta quizás es la razón quizás por la cual es más fácil empatizar con el paciente melancólico, es más fácil comprenderlo, ponernos en su lugar…

Podría decirse que la melancolía es de la psicosis que quizás tiene más afinidad con las psicosis ordinarias, tiene un curso fásico, evoluciona en forma de enganches y desenganches, son sujetos que en los periodos de eutimia se presentan como individuos hipernormales, etc.

Paranoia

Continua Santiago Castellanos: a diferencia del paranoico que está en la inocencia radical (la culpa es del otro), en la melancolía es el propio sujeto el que esta en la culpa. Hay una elección muy primaria: “o culpable o perseguido”. Más allá de las clasificaciones psiquiátricas que a lo largo de la historia se han ido formando, cambiando en las continuas reformulaciones de los DSM, las psicosis nos demuestran que el sujeto psicótico hace estallar cualquier intento de clasificación, y lo que al psicoanálisis lacaniano le interesa a partir de la escucha del sujeto particular es localizar su posición subjetiva. Son dos formas supuestas de subjetivización tras el encuentro primario con el lenguaje. El melancólico asume la culpa y el paranoico la carga sobre el Otro. En la paranoia siempre está la figura del Otro malvado, porque es una forma de hacer consistir al otro. Entonces continuando el orden, en segundo lugar viene la posición paranoide, porque siempre que uno siente un dolor, busca un culpable, busca un causante externo de este dolor.

Citando a Jacques-Alain Miller: “Digamos que la maldad es una significación fundamental, que está ligada a la cadena significante, por el solo hecho de un significante se enganche con otro hay un efecto de significación. Como es otro, es el encuentro con el lenguaje, y si hay uno puede haber otros”. Dicho de otro modo: hay sobreentendidos, malentendidos, se trata de una propiedad de la cadena significante, es decir es una propiedad del lenguaje. Siempre se puede interpretar de otra manera. Siempre hay sobreentendidos, por el solo hecho de que sus progenitores hablen de él, todo discurso precede su llegada al mundo. Se charla acerca de él, y probablemente esto es lo que constituye un Otro malvado. El Otro habla de él, Otro que no tiene buenas intenciones, esto define el estatus primario del Otro. Desde esta perspectiva podemos suponer a cualquier Otro un goce malvado, porque el goce del otro siempre nos es desconocido. Esto es en la estructura del ser hablante.

Desde otro punto de vista, el mismo encuentro con el lenguaje que produce esta pérdida inaugural y lo precipita en esta melancolía estructural, tiene otro efecto posterior que también apunta a la paranoia, y es que siempre que hay lenguaje, hay una discrepancia entre significante y significados. Entre que hay lenguaje, hay malentendido y eso esta en la base de la posición paranoica.

Cuando el esquizofrénico es capaz de construir alguna elaboración de saber, un delirio que involucre a un Otro que intuye que está gozando de él, nos estamos desplazando hacia el polo paranoide. El delirio constituye una elaboración de saber que disuelve la perplejidad angustiante en la cual se encuentra el sujeto esquizofrénico. A diferencia de la pasividad que caracteriza a la posición del esquizofrénico el paranoica denuncia activa e incansablemente estos manejos del Otro malvado, y se presenta como la víctima inocente. Por eso quizás la paranoia es la salida más frecuente del estado esquizofrénico, en lo que hoy se llama esquizofrenia paranoide.

El paranoico no es culpable, sino perseguido: la inocencia paranoica se corresponde con el hecho de que identifica el goce de la maldad en el otro, alrededor del cual el paciente puede localizar en su historia una causa que desencadena su delirio. En muchas ocasiones son sujetos que no presentan trastornos del lenguaje (más propios de la esquizofrenia), o incluso pueden parecer incluidos en lo que el sentido común denomina “la normalidad”. Es la razón por la que la paranoia siempre ha objetado al campo psiquiátrico, porque este presupone la idea de la psicosis como un déficit y un deterioro, producto de la visión organicista de la locura.

Esquizofrenia

En tercer lugar continua Juan de la Peña: existen dos polos en vez de tres, dado que hablar de polos es hablar de paradigmas, es anclarnos en la teoría, pero luego la realidad es muy distinta, dado que la categoría pura no siempre la encontramos. Sostiene esta distinción además porque desde la teoría lacaniana en la paranoia y la melancolía siempre existe una relación a lo simbólico, mientras que la esquizofrenia está absolutamente desamparada de lo simbólico. O como dice Lacan: “sin el auxilio de ningún discurso establecido, para él lo simbólico es real”. Esta posición radical pone distancia entre el polo de la esquizofrenia por un lado y el de la paranoia y melancolía por el otro.

Juan hace mención a dos tesis formuladas por Lacan al respecto del “que llaman esquizofrénico”. Una, primera, profundamente dura y radical: “para el esquizofrénico todo lo simbólico es real”, lo que nos invita a plantearnos si verdaderamente nos encontramos en la clínica a sujetos que estén en el grado cero de la metáfora. Entonces quizás sea preferible hablar, como plantean algunos autores, del fenómeno esquizofrénico en vez del esquizofrénico.

Lacan nos dice que lo que falta cuando todo lo simbólico es real, es la producción de la falta, de ese vacío que produce cada significante en lo simbólico. Es decir, lo que permite una relación de un significante a otro es el vacío donde se inscribe la división subjetiva. Sin vacío no existe lo simbólico, en la esquizofrenia falta el vaciamiento que opera lo simbólico. Y esto tiene un doble efecto sobre la constitución del sujeto y el cuerpo: en la esquizofrenia esa modalidad del rechazo consiste no tanto en que el sujeto rechace su división subjetiva, sino que pone en cuestión la existencia misma del sujeto, su armazón significante. En el esquizofrenico encontramos más bien la “no constitución” del sujeto tachado y la pluralización de los significantes primordiales no encadenados por fuera de lo simbólico, lo que Lacan ha llamado un enjambre de significantes que pone en cuestión la representación misma del sujeto por el significante.

El cuerpo esquizofrénico es un cuerpo con un estatuto muy particular: al no estar ordenado por lo simbólico es un cuerpo fragmentado, un cuerpo vaciado de goce y es un cuerpo del cual el sujeto no se ha apropiado.

Podemos decir entonces que el cuerpo en la esquizofrenia es una especie de objeto bizarro del que no se ha apropiado el sujeto, algo que arrastra por la vida con cierta indiferencia de su ser y que lo empuja a buscar un límite que lo simbólico no operó, la castración simbólica que no se operó.

La segunda tesis a la que nos referimos en Lacan, es aquella según la cual el esquizofrénico no tiene acceso a lo imaginario, es decir al acceso a la función estructural y constitutiva de la imagen especular en el estadio del espejo. Esta tesis es solidaria de la tesis de Freud según la cual la esquizofrenia se produce como una consecuencia de una regresión al narcisismo primario.

En el debate posterior y ya para finalizar y a modo de conclusión los tres ponentes coinciden en que estas clasificaciones no deben ser vistas como absolutos. Existen para darnos un indicio sobre las estructuras y sus modos de funcionamiento, pero debemos tomar en cuenta cómo a lo largo de la historia las psicosis hacen estallar cualquier intento de clasificación, lo que ha causado constantes reformulaciones de las clasificaciones psiquiátricas como podemos observar en cada edición de los DSM. Y lo que al psicoanálisis lacaniano le va a interesar es apuntar, a partir de la escucha del sujeto, su particular posición subjetiva, en palabras de Santiago Castellano.

Otro punto que comparten los participantes es la forma en que la esquizofrenia se ha convertido en la psicosis de la contemporaneidad, es la categoría que ha terminado, por decirlo de algún modo, por ocupar casi todo el campo de la clínica psiquiátrica de las psicosis, reduciendo a la mínima expresión a la melancolía y a la paranoia, expulsándolas incluso de las nosologías. Quizás la melancolía era más propia de tiempos pretéritos donde la culpabilidad, el pecado, el escrúpulo moral y el temor de Dios estaban más presente, o quizás la esquizofrenia se ha convertido en la psicosis de la modernidad cuando la ciencia ha desplazado a la religión y ha acallado a los antiguos demonios que hablaban.

Foto: Corina López De Sousa.