3a. Mesa Redonda: “¿Qué lugar puede ocupar el analista frente a la certeza del sujeto psicótico?” – “Hacia el XI Congreso AMP: Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia” | Antonio Ceverino

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XI Congreso AMP-02Noches de la Escuela, Madrid, 21 de noviembre de 2017

El pasado 21 de noviembre de 2017 tuvo lugar en Madrid, en el marco de las Noches de la Escuela, la tercera mesa del ciclo preparatorio “Hacia el XI Congreso AMP: Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia”. En esta ocasión, el encuentro llevaba por título “¿Qué lugar puede ocupar el analista frente a la certeza del sujeto psicótico?”, y bajo la coordinación de José Antonio Bustos, contó con la participación de Araceli Fuentes y Miguel Ángel Garrido.

Araceli inicia su intervención distinguiendo la evanescente certeza que el neurótico encuentra en su fantasma, el cual le proporciona al sujeto la verdad sobre el interrogante del deseo del Otro, de la certeza de la psicosis, inconmovible porque no está del lado de la verdad, sino de lo real. Esta distinción es correlativa de la que diferencia la creencia del neurótico, que cree que podría surgir algún significante que iluminara lo que no sabe, de la increencia radical del psicótico, que no espera ningún significante, sino que antes bien brota de la forclusión del significante fálico que, en la metáfora paterna, da algún significado a la x enigmática del deseo materno. Precisamente porque en la psicosis hay fracaso de la metáfora, de esa operación en que un significante puede ser sustituido por otro, la certeza del psicótico no se presta a las sustituciones y la dialéctica, y es inamovible. En la psicosis la certeza surge en una temporalidad lógica donde a este vacío de significación le sigue una certeza proporcional de que eso quiere decir algo, y esa certeza además se ve sometida a distintas transformaciones, que Araceli Fuentes va puntuando en el siguiente recorrido: es una significación amenazante; está referida a la persona del psicótico, el cual es su destinatario; es certeza de una demanda que el Otro dirige al sujeto; lo que indica que hay una falta en el Otro, hay certeza de la falta en el Otro, hay un agujero que el psicótico (es muy claro, por ejemplo, en la erotomanía) siente que puede colmar; y, por último, es un vacío de significación que termina afectando al sujeto, porque ¿qué soy yo entonces, qué objeto a soy para el Otro si puedo colmarlo?), y a ese enigma que el psicótico se vuelve para sí mismo viene a responder por último una certeza que lo transforma: soy la mujer de Dios, por ejemplo, en el caso del presidente Schreber. Araceli concluyó su presentación con dos viñetas clínicas. La primera corresponde a un caso presentado por Hervé Castanet con el título “Desarraigados”, en el que puede verse cómo en las dos últimas sesiones un paciente construye una certeza delirante que lo entrega a un pasaje al acto sin apenas margen de maniobra por parte de su analista. En el otro extremo, la segunda viñeta consiste en un caso atendido inicialmente en el CPA, y que ilustra las posibles estrategias en la cura frente a la certeza en la psicosis.

Esta última escena enlaza perfectamente con la intervención de Miguel Ángel Garrido, que, mediante frecuentes alusiones a la clínica, intenta responder a la pregunta: ¿Cómo tratar la certeza del sujeto psicótico? De entrada señala como la certeza, a la vez que un criterio para el diagnóstico diferencial con la neurosis, constituye un elemento fundamental en la psicosis, y se presentifica tanto en las grandes manifestaciones de la psicosis extraordinaria como en esas sutiles miniaturas clínicas que son los fenómenos elementales, que pueden acontecer antes, durante o después del desencadenamiento, y también en las psicosis no desencadenadas. Incluso los fenómenos elementales, que ya introducen una discontinuidad en la biografía del caso, al vacío de significación sucede la certeza de que significan algo (significación de significación) que le concierne. Este extremo es ilustrado con distintas referencias clínicas, desde el pequeño crujido que despertaba a Schreber en la noche y del que concluyó “de manera indiscutible que era efecto de milagros divinos”, hasta una experiencia recortada de certeza en la infancia de Rousseau, y otros ejemplos tomados de la práctica clínica. Al igual que Araceli, destaca que los ejemplos muestran la diacronía lógica que en la psicosis se establece entre el vacío enigmático de significación que deja al sujeto perplejo y la emergencia de una certeza que se convierte en partenaire del sujeto psicótico (“Los psicóticos aman su delirio como a sí mismos”). Esta circunstancia es la que presta la dificultad para la maniobra en la cura: ¿Cómo convertirnos en su interlocutor si el psicótico no le pide nada al Otro, porque este ya ha respondido de manera plena? ¿Qué transferencia posible con un sujeto que se presenta con una certeza impuesta y no supuesta? Una posible maniobra, sugiere Miguel Ángel, sería “introducir el sujeto en el texto del psicótico”, haciéndose –al modo de un secretario- destinatario de sus producciones, capitoneando el discurso (no para introducir un sentido, sino para operar una sustracción del mismo) e introducir una distancia con ese Otro que lo estorba. Esta operación es ejemplificada en un caso que relata Pierre Malangreau, y donde el pedido del analista de que el paciente contabilizara todos los objetos que iba a perder con la venta de la casa de su padre (“extracción de detalles susceptibles de descompletar el conjunto”) de forma que la pérdida no fuera incontable, permitió introducir cierto sosiego en un trance de desencadenamiento melancólico. En otro ejemplo cita a Laurent: “Se trata de introducir la posibilidad de un corte, que la lengua deje de estar compactada, holofraseada, que no haya simplemente una sola secuencia de significantes (S1S2S3…) sin las comas, se trata de poner las comas. Apuntamos al sinthome”.

Por último, Miguel Ángel Garrido se refiere a la pluralidad de soluciones sintomáticas que en las Psicosis Ordinarias los sujetos pueden inventar para anudar los tres registros, más allá del síntoma estándar del Nombre del Padre, y se pregunta si los analistas sabremos consentir a estas rarezas, a estas invenciones, de forma que podamos acogerlas.

En el debate, concluidas las presentaciones, se abordaron cuestiones como las estrategias de la cura en las psicosis no desencadenadas, y quedó en el aire, para reflexionar, un interrogante que José Antonio Bustos lanzó a la sala: ¿Qué relación entre certeza y angustia?