Reseña de la Primera Noche del Cartel (Alicante): “Sobre el Más Uno del Cartel” | Carolina Salinas

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reseña noche cartel N17En “La hora de la Escuela”, Miller se preguntaba por dónde empezar con un verso de Quevedo:

“Lo que se ha de hacer, de qué sirve dilatarlo? Hágase hoy. Sepamos qué hora es”….y el mismo se sigue preguntando. “Empecemos ahora mismo, por dónde? Por el principio. Y cuál es el principio? El cartel.” (1)

La reciente “Noche del Cartel” era el primer encuentro, el principio, para la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis en la Comunidad Valenciana, en la ciudad de Alicante. El principio de una serie de noches que convocarán a los integrantes de Valencia y Alicante. Encuentros que surgen del trabajo que están realizando los diferentes carteles convocados recientemente. El título de la jornada era: “Sobre el Más Uno del Cartel”.

La primera “Noche Del Cartel” en Alicante estuvo impregnada del espíritu que dispusieron sus responsables: La conversación.

En latín conversación proviene de conversatio: Esta formada del prefijo con, reunión, versare, dar vueltas, y el sufijo tio, acción y efecto.

Cada una de las partes de este desglose pudo encontrarse en esta particular noche.

Reunión:

El espacio es inaugurado por Patricia Tassara, Directora de la ELP en la Comunidad de Valencia, quien nos invita a reflexionar acerca del vínculo entre la Escuela y la actividad del Cartel: “El órgano de base de la Escuela es el Cartel”, recordando las palabras de Jacques Lacan en el Seminario del 11 de Marzo de 1980 poco antes de fundar la Escuela de la Causa Freudiana (ECF). Así mismo, plantea la experiencia del Cartel como una experiencia de Escuela, mientras inaugura un nuevo espacio de la Escuela en la Comunidad Valenciana, definiéndola como “un conjunto de soledades subjetivas, conjunto de excepciones con un vacío central, el del propio sujeto gracias al cual circula un deseo”.

Lorena Oberlín y Raquel García, responsables de los carteles de la Comunidad Valenciana de la ELP, introducen las características del Cartel. Despejan los conceptos acerca de la cantidad de integrantes de los cárteles y sus variaciones más funcionales, el término de permutación, inscripción en la Escuela, y el rasgo de trabajo. Nos recuerdan el punto diferencial con respecto a cualquier grupo de investigación: la posición del cartelizante con respecto a su propia división subjetiva que causa un saber y que promueve la transferencia al trabajo. Una posición que requiere de una pregunta, una interrogación propia, alejando el dispositivo del discurso universitario para acercarlo al discurso histérico con respecto al saber. “Cada uno va con su propio fantasma” recuerda Patricia Tassara.

Los efectos ilusorios e imaginarios propios del grupo (enmascarando un plus de goce) ocupan parte de la conversación a modo de introducción justamente, con respecto a la función del Más Uno. Por ello se destaca que el cartel es un medio para un trabajo, no es el fin en sí mismo, que introduce la elaboración de un saber que se resiste y pone en juego la invención y la interrogación (no se trata de un servicio alineado).

Dar vueltas

Pero detrás de la vertiente imaginaria hay una vertiente real: Muy oportuno entonces el comentario de Ruth Pinkasz, desde su lugar de Más Uno, titulado “Hacer de lo Real una causa”.

Desde esta función, la responsable del Seminario de Campo Freudiano de Alicante, ubica el lugar de “Más Uno” como un lugar de cierta garantía que vela por la heterogeneidad y por los efectos del grupo como obstructores del trabajo:

“Sería entonces el Más Uno, una suerte de función simbólica que permitiría ordenar y orientar la dirección del trabajo pero con la característica principal de que su presencia no haga obstáculo, no sature, el uno por uno de sus miembros. Se trataría entonces de velar por la heterogeneidad. Miller dirá que el Más Uno sería entonces, “un líder pobre y modesto”.

Finalmente y destacando el lugar del Más Uno, Ruth Pinkasz menciona que “así como el Sujeto supuesto al saber (SsS) se encarna en la figura del analista en la transferencia; es verdaderamente al inconsciente que debe su lugar. Y es así como a mi entender toca también a la función del más uno. Es decir, tanto para el analista como para el más uno, identificarse con el SsS, no es otra cosa que dar consistencia imaginaria al yo, suturando la hiancia de quien habla; sea analizante, sea participante de un cartel”.

El efecto y la acción

El efecto se hizo presente en las preguntas y reflexiones de los participantes. Muchos de ellos miembros actuales de cárteles y otros interesados en ello. De qué se trata la transferencia en el Cartel, como se elige al Más Uno, la dirección desde el discurso universitario al discurso histérico, así como la diferencia entre Escuela e Instituto eran algunas de las cuestiones que se fueron planteando. Me ha llamado la atención comprobar la “sorpresa”, de aquellos que participaban por primera vez de una actividad de estas características, ya que expresaban el grato encuentro con una nueva forma de relación al saber, alejada del clásico grupo de investigación, incluso comentado al finalizar la jornada. Un “efecto sorpresa:” nada más cercano al encuentro imprevisto con lo real que nos provoca para avanzar en tanto invención: el efecto de los carteles en la Comunidad Valenciana estaba comenzando. El cartel como principio de la Escuela estaba tomando forma.

  1. Miller, J-A., “La hora de la Escuela”, Fascículos de psicoanálisis, Ed. Eolia, BsAs, 1991.