Reseña “Adolescentes, ¿sin normas?” | Iolanda Ferreres Sebastià

Facebooktwittergoogle_plusredditlinkedinmail

jornadaadoEl sábado 27 de mayo se celebró en el Palau Macaya de Barcelona una jornada preparatoria del congreso en Bruselas PIPOL 8, La clínica fuera de la normas. Leonora Troianovski la presentó, “Adolescentes, ¿sin normas?”, y dio paso a la sesión inaugural de Daniel Roy; psicoanalista en Bordeaux y miembro de la ECF y de la AMP.

Con el título “La adolescencia, síntoma de la pubertad” Daniel Roy abrió la Jornada lanzando varias preguntas que permitieron situar más vivamente de qué se trata en la clínica con adolescentes: “¿Qué pasa después de la infancia?”, “¿dónde va a alojarse la líbido de la juventud?”, “¿cuál es la naturaleza de esa líbido?”. Explicó que, al contrario de lo que podría pensarse, no se trata de una imaginación ni de nada sutil; sino, como Lacan refiere en el Seminario XX, la líbido es una materia, una sustancia gozante. Después de la infancia hay una economía particular del goce, y hay una repartición según la diferencia de los sexos. Primero hay una organización en función del falo, niño-niña, que en el campo del goce deja los objetos pulsionales repartidos como pequeños riachuelos que recorren el cuerpo del niño, y que al final van a parar al mar/madre (contando con la homofonía mer-mère en francés). La pubertad llega como un accidente que configura de otro modo esa repartición libidinal. Freud hablaba de una nueva satisfacción que viene al cuerpo. No se trata más de la satisfacción como un riachuelo hacia la madre, sino que es un goce al que ya no sirve la autoridad de los padres. Antes la FOTO INICIO DEL TEXTOtradición podía organizar esta líbido de los jóvenes, pero ahora esta dimensión de la tradición ha desaparecido y lo que queda hoy, en su lugar, son las normas. Normas internacionales que regulan los objetos de consumo y que, por una inversión inesperada, estas normas que pretenden domesticar el goce acaban derrotadas por él. Los nuevos síntomas de la adolescencia, síntomas como las adicciones y el bullying, dan cuenta de ello. Son fenómenos que testimonian el plus de goce que uno no puede sacar de su cuerpo; y que está localizado en el propio cuerpo y en el cuerpo del Otro (como es en el caso del acoso). En lo que Freud llama la Metamorfosis de la Pubertad lo que está en juego es la extracción de la líbido bajo el modo de goce sexual, que es el goce fálico. Para cada adolescente esto requiere un tiempo en el que la nueva economía de goce modifica tanto la sustancia gozante como la pensante. Puso como ejemplo el desorden de las habitaciones de los adolescentes en las que sus objetos (ropa, libros, etc.) van por el suelo, porque es la propia habitación la que para ellos es una extensión de su cuerpo. Es la extensión de la sustancia gozante, de esa líbido. En este tiempo también hay modificación de la sustancia pensante por parte de la sustancia gozante. No hay los significantes para decir aquello que está en juego para ellos, y es por eso que los adolescentes, sobre todo en los primeras encuentros, no tienen nada que decir. Es el tiempo necesario para encajar la existencia de la sustancia de goce sexual que atraviesa nuestro cuerpo, del que no tenemos forma de abordarlo, y de lo que además somos responsables. Pasamos mucho tiempo defendiéndonos de eso que hace traumatismo y gracias a lo cual nos hemos constituido.

FOTO  PÁRRAFO EN LA SEGUNDA MESAEn la segunda mesa se abordó el tema Normas, agresividad y respeto. Ivan Ruiz la presentó recordando que “para educar a alguien hace falta el deseo de algún Otro, no anónimo”; e introdujo un cuarto término que atravesaba las intervenciones de la mesa, Institución. “La institución como Otro para el propio sujeto. ¿Qué institución conviene al sujeto adolescente que se encuentra sin familia?”. Las reflexiones de M Jesús Larios, Begonya Gasch, Erick González, y José Miguel Leo, ahondaron sobre problemáticas sociales tocando diferentes ámbitos: el de la protección de los derechos de los menores, el de la clínica, y el de la educación.

Después de una rápida pausa, Leonora Troianovski conversó con Miguel Ballarín: máster en Estudios avanzados de Filosofía por la UCM, coreógrafo y B-Boy. Miguel tomó las danzas urbanas como un nuevo lenguaje y, tras explicar qué es el B-Boying, transmitió su experiencia de cómo llegó al Hip Hop. El B-Boying es la evolución del Break Dance de los 80, y hoy en día está en nuevos momentos de investigación. No sería FOTO PÁRRAFO DESPUÉS DE UNA RÁPIDA PAUSAequiparable a una disciplina física sino que, más bien, es un nuevo lenguaje relacionado con lo contemporáneo. Se originó en barrios de New York que importaban, a través de los jóvenes que venían de otros países, modelos populares de fiesta. Generalmente eran modelos que tenían una instrumentación guardada y sobre ella se empezó a cantar libremente. De ese modo se daba una alternativa de ocio a los jóvenes: se ofrecía un lugar y ellos, espontáneamente, podían bailar introduciendo movimientos propios de la cultura y la vida de cada uno. La norma para ello es: “todo vale”. El B-Boying es la confluencia de grafitis, música, letra, baile… que conecta el barrio de uno con su cuerpo. Entre ellos compiten agresivamente, que no violentamente, defendiendo su propio estilo. Es un lenguaje abierto a través del baile, y en éste “cuánto más seas tú mismo, más ganas”.

FOTO PARRAFO EN LA ULTIMA MESAEn la última mesa de la mañana, coordinada por José Manuel Álvarez, “¿Hay normas para el cuerpo?”, se expusieron experiencias de la clínica con adolescentes que van a hablar de su cuerpo. Noemí Elvira y Oriana Novau tocaron el campo de la sexualidad. Sílvia Grases habló sobre “Vestir el cuerpo” y las conductas anoréxicas. Y, José Ramón Ubieto con el título “El cuerpo y sus pantallas” se preguntó por la clínica con los adolescentes en este tiempo que hay tanta proliferación de nuevos modos de goce: el botellón, las pantallas, el flash mob ….

A modo de conclusión Daniel Roy, tras escuchar todos los trabajos de la mañana, tomó de nuevo la palabra subrayando el eje común en todas las ponencias y lo enlazó con lo que él había destacado al principio de la mañana para entender las adolescencias: “de lo que se trata no es de la sexualidad, sino de aquello que se presenta como un break (fractura) en la vida del sujeto”.