Reseña Espacio Preparatorio para el Congreso AMP “Signos discretos en la psicosis” | Myriam Chang

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XI Congreso AMP-02El martes 9 de mayo en la CdC-ELP, sede de Barcelona, Vicente Palomera, con la coordinación en la mesa de Hebe Tizio, añadió una nueva guía en la dirección al tema del próximo Congreso. Tomando el título del Congreso de la NLS, “Signos y fenómenos discretos”, que tuvo lugar en Dublín este año, junto con el de su texto de contribución en Papers, “Signos discretos interesantes”, V. Palomera explica el por qué de este título, la novedad de emplear el término “signos” en la clínica de la psicosis. Que propone como un punto de arranque en la interrogación de lo que sabemos y lo que no sabemos acerca de ésta.

Lacan, en su Conferencia a los psiquiatras, de 1967 dice, “Todo el mundo se da cuenta de que un lenguaje no está hecho de signos”. Lo que quiere decir que un lenguaje no tiene relación directa con las cosas. La perspectiva del signo implica ya no situarse sólo en la perspectiva del significante que representa al sujeto para otro significante, que constituye la primera enseñanza de Lacan. Hablar de signos nos remite a la última enseñanza.

La clínica de las psicosis ordinarias nos confronta a determinados signos y fenómenos que no son evidentes. La palabra “discretos” es ya una interpretación, es decir, que son signos muchas veces de una gran banalidad que a veces pueden confundir. En estos signos y fenómenos no hay una significación que pueda dar sentido al síntoma. Muchas veces se presentan en su carácter de sinsentido, o si lo tienen, tienen un sentido poco común, que no es muy evidente.

En la Conversación de Antibes, en 1998, É. Laurent introduce la cuestión de ¿qué tipo de práctica se deduce de trabajar con estos fenómenos que no tienen de entrada una significación? Habla ahí de una práctica del surcamiento. Es la misma expresión que Lacan toma en su última enseñanza, especialmente en Lituraterre. Lo que está marcado por aquello que es el significante que va erosionando el cuerpo, y va dejando una especie de depósito.

De manera que la práctica del surcamiento va a aparecer como una manera de explorar estos signos que aparentemente no tienen una entidad, no tienen un sentido. Dejando que caiga la lluvia del significante, en una operación de conversación con el sujeto psicótico, se va produciendo, van librándose, los significantes propios del sujeto; los significantes que están detrás de estos signos más banales, más humildes.

Esta nueva clínica nos sitúa en un más allá del Edipo. Lacan en la presentación de las memorias de Schreber habla de la polaridad del sujeto del goce. Es decir, no habla solamente del sujeto del significante, nos introduce en una nueva axiomática. Hasta entonces el punto de partida era la dimensión del Otro, del gran Otro, la dimensión del lenguaje y de la comunicación. Pero en 1972, el punto de partida es el goce, que Lacan define como una propiedad del cuerpo viviente que responde al régimen del Uno.

En la práctica se trataría de aislar los efectos de la forclusión. Constatar la presencia o ausencia de la represión, en tanto ésta es diferente del desplazamiento. Los signos discretos tienen esta característica de no estar desplazados, se percibe en ellos la presencia de lo real, que también puede aparecer en el cuerpo. Recuerdos fijos sin memoria.

Tratamos de explorar la lengua particular del psicótico. Construir bajo transferencia una lengua a partir de estos signos discretos. Explorar los diferentes modos en que el sujeto hace bricolaje para mantenerse en el lazo social. Es un intento de que el sujeto psicótico pase su lengua privada a un lazo con el otro, en un trabajo de traducción, que le permita construir un síntoma.