Reseña de la Presentación del libro ”El enigma del mal”, de Luis Seguí | Antonio Ceverino

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“Si soy malo es porque sufro”.

Mary Shelley. Frankenstein.

 

“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”.

Camilo José Cela. La familia de Pascual Duarte.

Presentacion EL ENIGMA DEL MAL en ELP-M-webEl pasado miércoles 16 de noviembre de 2016 la Biblioteca de la Orientación Lacaniana presentó, en la flamante nueva sede de la Escuela en Madrid y con una nutrida asistencia de público, el último libro de Luis Seguí Sentagne, “El enigma del mal”, de la editorial Fondo de Cultura Económica.

En la presentación, moderada por Beatriz García Martínez (miembro de la Biblioteca), participaron Rosa López (psicoanalista, miembro de la ELP y la AMP, co-cordinadora y docente del NUCEP) y Jesús Villegas Fernández (Magistrado instructor en Guadalajara y decano del partido judicial, autor de “Fiscal investigador contra juez instructor” (2012) y de “El poder amordazado” (2016), y director de la revista digital “Tempus Octobris”).

El acto contó con la presencia del propio autor.

Luis Seguí tiene un perfil particular dentro de nuestra comunidad, porque además de ser miembro de la AMP y de la ELP desde su fundación, es además licenciado en Derecho y abogado.

Esta posición singular que ocupa el autor -y que fue destacado por los dos invitados a la mesa- tanto en el discurso del psicoanálisis como en el discurso jurídico, explica su trayectoria intelectual, que se despliega en múltiples artículos, libros y conferencias. Estos temas ya fueron objeto de su último ensayo, “Sobre la responsabilidad criminal”, presentado también por la BOLM en 2012, en el que trataba de arrojar luz “con la lámpara del psicoanálisis” (como destaca en el Prólogo José Mª Álvarez) a cuestiones relacionadas con la criminología y la responsabilidad subjetiva. En aquella ocasión abordaba también una reflexión sobre la política y la guerra, y revisaba una serie de casos criminales célebres, lo que quizás –como se resaltó en la presentación- ya contenía el germen de este nuevo libro.

En esta ocasión el interés del autor se dirige al enigma del mal, al que aborda como problema filosófico y social, universal y transhistórico, inherente a la condición humana, pero a la vez inefable e inaprensible. En su primera parte -tal y como destacaron los presentadores- el autor realiza una revisión de la manera en que las distintas disciplinas y campos del conocimiento han tratado de cernir ese real imposible de pensar que es el origen y la esencia del mal: la historia, la política, la religión, la teología, el derecho, la ética, la moral, la sociología… todas ellas enhebradas, como las cuentas de un collar, por el hilo rojo del psicoanálisis.

En este recorrido por la historia comparecen las aportaciones al debate de las distintas religiones monoteístas, el pensamiento griego, la filosofía medieval y la Ilustración, las ideologías de los siglos XIX y XX, hasta llegar hasta el mito del nacimiento del pacto social que teoriza Freud en “Totem y tabú”. Y el texto también nos permite ver por las ventanillas del coche que nos lleva en este viaje “los momentos estelares del mal en la humanidad”: las cruzadas, la inquisición y la caza de brujas, el resurgir de los nacionalismos en el siglo XX, así como los totalitarismos y sus genocidios, o el inesperado retorno en nuestro siglo de las guerras de religión y el fundamentalismo yihadista.

Todos estos intentos –el rigor de la filosofía, las fantasmagorías de la religión, el filo del psicoanálisis- muestran en definitiva la impotencia del saber para captar el origen del mal y para dar respuesta al interrogante sobre su naturaleza. Esa es una primera conclusión que se desprende de las intervenciones en el acto de presentación.

Una segunda conclusión: el mal es inherente a la condición humana, el exterminio del mal es imposible. O, en palabras de Freud que resuenan en mitad del fragor de la Primera Guerra Mundial: ”No hay desarraigo alguno del mal”.

Y, es más, las experiencias que históricamente se han propuesto combatirlo (particularmente las religiones) con mucha frecuencia han producido, como un estrago, un mal mucho mayor que el que pretendían erradicar, como destacó Rosa en su presentación.

Los conceptos del psicoanálisis como la pulsión de muerte o el superyó, ayudan a comprender esta dimensión mortificante de ciertas luchas contra el mal que a veces conducen a lo peor.

“El malestar en la cultura” es otro gran momento freudiano en la investigación sobre esta maldad esencial del hombre. Si la maldad es inerradicable en es razón precisamente de aquello que nos hace humanos: la introducción del lenguaje, y las mociones pulsionales que resultan. Y si el proyecto ilustrado pensó que la cultura, la educación y las leyes que regulan nuestra convivencia podían domeñarlas, la historia muestra que las pulsiones destructivas pueden despertarse en cualquier momento. Este pesimismo freudiano con respecto a cualquier ilusión de bondad resuena en las palabras que fueron recitadas durante el acto de la presentación: “El ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo”.

Para Jesús Villegas, la división del libro entre una primera parte general (“Miradas), expositiva, y una segunda parte especial, al modo de los grandes códigos jurídicos, refleja muy bien la estructura de pensamiento del autor. En la segunda parte del texto, que lleva por título “Malvados/malvadas”, a lo largo de siete capítulos otros tantos casos penales, bien conocidos en su mayoría, son descritos desde el punto de vista jurídico y criminológico y analizados utilizando las categorías del psicoanálisis. Entre ellos el filicidio de José Bretón en Córdoba, el asesinato de la niña Asunta Yong Fang en las afueras de Santiago de Compostela, el crimen de Isabel Carrasco en León, la historia de una familia argentina consagrada a secuestrar empresarios o familiares a los que luego asesinaban (recientemente llevada al cine con el título de “El clan”)… así hasta siete.

En palabras de Rosa López, en esas páginas el autor nos sumerge en un “túnel del terror” por el que circulan sujetos depravados, infames, asesinos, algunos de los cuales están locos (aunque no lo parezcan) y otros “simplemente son malvados”.

Esta segunda parte, aborda pues la relación entre locura y maldad, que es un viejo debate decimonónico que alcanza hasta nuestros días, y que es difícil y delicado, porque si empezamos a ver locos en los criminales corremos el riesgo de terminar por ver siempre potenciales criminales entre los locos. Pareciera que el mal, sobre todo cuando se presenta en la forma de crimen horrendo, fuera tan incomprensible y extraño que hubiera que empujarlo al campo del desorden mental, como si fuera inaceptable admitir que el mal puede darse sin enfermedad. Esto explica (entre otros motivos) la difícil recepción que encontró el libro de Hanna Arendt “Eichamm en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal” en el que sostenía que incluso el más común de los humanos puede cometer crímenes inmundos, que los criminales no necesariamente son locos o monstruos, en suma que –en palabras de Miller- “nada hay más humano que el crimen”.

Tras las presentaciones y las palabras del autor, el debate fue rico y animado, y transitó entre temas tales como el fervor belicista al que se entregaron los alemanes (incluidos los intelectuales judíos de la cultivada Viena de la época) en la Primera y Segunda Guerra Mundial, el terrorismo del autodenominado estado islámico, la maldad como espectáculo, el auge de la xenofobia y los neofascismos, y (¿cómo no?) el triunfo electoral de Donald Trump.

Desde la BOLM les animamos encarecidamente a la lectura de este nuevo libro de Luis Seguí.