Efectos de formación: nada más ni nada menos | Rosa Godínez

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laacademia-cuadroEl 29 de marzo de este año 2016 pusimos en marcha un nuevo espacio: “La Escuela (se) interroga. Cuestiones de responsabilidad: formación del analista, ética, política, transferencia, institución”.  Son algunas cuestiones candentes que nos ocupan desde siempre, por ello se trata de un espacio que no habría podido ser sin tener en cuenta los ecos y los flecos que dejaron otros anteriores de la Escuela y los que cada Junta Directiva de esta comunidad ha ido ofreciéndonos. ¿Por qué nuevo, entonces? A mi parecer, porque arranca de una propuesta en el interior de la Junta, de la cual soy miembro, tras los propios interrogantes que surgen del trabajo que se desprende de la asunción del cargo institucional, lo cual va, si y sólo si, a partir de  los efectos de la  experiencia analítica.

Este texto pretende dar a conocer a la Escuela entera, la ELP, a invitación además de un colega miembro de fuera de esta comunidad, lo que estamos haciendo y  lo que estamos obteniendono como una reseña, pues ésta por mi parte no sería nunca justa con el decir y la producción de los invitados,así como de los asistentes y participantes, sino como una mención respecto a lo que, en mi lectura, se está produciendo a partir del saber expuestoy del exponerse de cada uno sobre el fondo de las propias preguntas.  Es, a mi parecer, lo que Lacan nombró como “comunidad de experiencia”.

Nos hemos puesto manos a la obra: la primera  reunión de apertura del espacio fue a cargo de Emilio Faire como Director de la Junta Directiva con una primera invitada, Margarita Álvarez tras la presentación de este espacio por mi parte, y la segunda, el 12 de abril, con dos invitadas, Soledad Bertrán y Mª José Freiría en una mesa dedicada a “La formación del analista” moderada por Montse Colilles. Interesante porque recogió también puntos que tomamos en la convocatoria inicial y permitió que el clima de transferencia de trabajo empezara a tomar temperatura y pulso.

Algunos puntos centrales de la enunciación de la producción de cada colegatocaron  los efectos de formación que lleva a cada una a su relación con la Escuela en tanto apuesta que, como tal, estápermanentemente en riesgo de pasar por la tensión entre apertura y cierre. Para evitar al menos un cierre consistente, me parece que una buena manera de contrariar el real en juego es no desconocerlo y vapulearlo a través del propio trabajo de escuela.

Margarita Álvarez. presenta su elaboración sobre“La escuela como estilo de vida: del creyente al incauto” que parte del marco de un cartel inscrito en la sede de Tarragona de la Comunidad de Cataluña de la ELP bajo el título general de: “La política de la transferencia”. Toma la Escuela no sólo como lugar de formación sino como dispositivo, a modo de instrumento que permite, como indica Lacan en su Acto de Fundación, “un trabajo de crítica, la apertura del fundamento de la experiencia y la puesta en tela de juicio del estilo de vida en que desemboca”. A distinguir, la lógica que Margarita indica de la creencia (¿cómo queda ésta al final del análisis?) al lugar del incauto. Dicho lugar, junto a la confianza que reemplazaría “la creencia ciega y consistente”, conviene para construir un cierto estilo de vida no basado en la identificación con el grupo en base a un Ideal: “…sino que estaría motivado para cada cual en la singularidad de su relación con la causa”.

Soledad Bertrán que ha trabajado por doble, escribe un texto sobre la presentación de la primera reunión de trabajo (“A modo de reseña” que podrán leer en la web de la comunidad de Cataluña junto con otros textos de colegas que iremos añadiendo) y exponeen la segunda reunión su trabajo sobre “Efectos de formación”. Resultó enseñante el cruce entre recorrido epistémico como producto de su formación y su experiencia de acercamiento a la Escuela y de transferencia de trabajo como efecto de ésta. “Creo que un efecto de formación de la Escuela es querer formar parte de su experiencia”, diceY añade: “…los efectos de formación pueden surgir cuando se pueden plantear las propias preguntas, cuando se entiende que no hay formación en el sentido del dominio de un saber, que el trabajo corre a cargo de cada uno, pero que hay orientaciones”.

Este trabajo de Soledad se articula bien con las aportaciones elaboradas que trajo  Mª José Freiría en su trabajo: “La formación que se da” que fue coherente con lo que en la primera reunión ella y otros colegas expusieron: que pudiéramos hacer de este espacio no una repetición de lo mismo anterior, los mismos temas, con las mismas preguntas… sino algo novedoso que nos conecte con nuestra actualidad, con la civilización que nos toca y nos concierne lo cual afecta, por supuesto, a la Escuela misma. Ello no sin ir y venir sobre los fundamentos teóricos.

Mª José hizo un ejercicio muy interesante pues conectó la época del 1956 del texto de los Escritos de Lacan: “Situación del psicoanálisis y formación del psicoanalista…” con la Escuela del 2016 cuestionando sus aperturas y sus cierres a la luz de la crítica que Lacan hizo de la política de la Sociedad Psicoanalítica y de la posición de sus coetáneos:de los vicios generados tras el uso de los conceptos freudianos y de los dos preceptos princepssobre la cura lo que derivó en confusión y desviaciones sobre la teoría y la práctica.

El cuestionamiento sobre nuestras preocupaciones, como señala Jacques-Alain Miller en “El lugar y el lazo”, y nuestras contribucionesno sólo nos conviene sino que forma parte de nuestra responsabilidad como analizantes en la Escuela y como psicoanalistas practicantes que no sólo podemos sino también debemos, sea cual sea nuestro sitio, ocupando o no un cargo institucional, aportar nuestras experiencias que nutren al agujerear el saber, la práctica, pero también la política del psicoanálisis en la Escuela.

La escuela como apuesta es una elección que apunta al deseo de transferencia de trabajo. Así entiendo la indicación de Lacan: “La experiencia tiene su precio…” (“Primera Carta del Foro del 26 de enero de 1981”).