Entrevista a José Ramón Ubieto

Facebooktwittergoogle_plusredditlinkedinmail

Jose Ubieto“Los hombres sienten angustia ante la incertidumbre del encuentro con el otro (o la otra) y reaccionan muchas veces de forma agresiva o autodestructiva”.

Entrevista realizada a José Ramón Ubieto (1), realizada por Juanjo Compairé (HI)

Vamos a comentar algo del contenido de la entrada de su artículo “Psicoanálisis de la crisis”.(2)

Bueno, el declive de masculinidad va muy parejo a lo que sería también el declive de lo que Lacan llamaba la imagen social del padre. Porque el declive de la función paterna con el declive de la masculinidad son parejos. Y se trata de un declive que en realidad es un asunto que viene de lejos. Ahora se nos hace quizás más evidente porqué hay más signos. Pero en realidad estos procesos, los procesos siempre de transformación social son procesos lentos y largos. No es de un momento para otro, no es el efecto de una crisis momentánea. De hecho, hay un momento que Lacan señala y después otros autores de psicoanálisis como Jacques Alain Miller también, han escrito sobre esos temas.

El declive de la función paterna con el declive de la masculinidad son parejos y el proceso viene de lejos.

Más o menos alrededor de los años 50 o 60 aparece en Francia una escritora, Françoise Sagan, que tuvo un gran éxito. Publicó un par de libros muy interesantes: Bonjour, Tristesse. “Buenos días tristeza” (3), se tradujo. Y después, “Una cierta sonrisa” , el segundo libro (4). Bueno, estos libros fueron novelas que tuvieron éxito en la época y que explicaban un poco, ponían en cuestión una cierta figura de lo que sería el macho tradicional, para decirlo así. La masculinidad tradicional que estaba muy ligada a la condición de padre, a la condición del proveedor y sustentador, el paterfamilias.

Luego, un poquito más tarde, unos años más tarde, hubo también otra creación artística que tuvo también su revuelo y su eco, que fue “Ciao Maschio” , una película de Marco Ferreri, “Adiós al macho” (5). Una película protagonizada por Gérard Depardieu. Una película en la que el protagonista encarna ese personaje, ese macho alfa, para decirlo así, que va viendo, a lo largo de la película cómo se va descomponiendo, se va deconstruyendo esa figura tan sólida que corresponde. Es decir que en todo ese proceso podemos decir que ya, después de la Segunda Guerra Mundial se van viendo signos en que esa masculinidad va perdiendo las aristas más claramente ligadas a lo viril y sobre todo ligadas a una función muy encarnada por el padre.

Después vamos a ir viendo cómo se produce la transformación familiar, cómo la familia va contrayéndose, van apareciendo otras formas familiares que no estaban tan presentes, como las familias reconstituidas, las familias monoparentales. En la actualidad otras formas como “Living a part together” (6)

Es decir, que hay que pensar que el declive de lo masculino y el declive de la paternidad van juntos y que son el resultado de un proceso que podemos ir rastreando en la Historia.

Usted habla de diversos síntomas de este declive. Hay una lista bastante larga: desde la depresión hasta los sentimientos de cólera, de rabia, de impotencia… No cita, pero creo que se puede relacionar la epidemia de disfunción eréctil ¿Podríamos hacer un repaso de todos estos síntomas?

Bueno, cada uno, cada persona, a lo largo de su vida, tiene que encontrar su manera de ser un ser sexual. Es decir, su manera de hacerse una representación y colocarse digamos, en un tipo sexual. Ese tipo sexual, por supuesto que puede variar. Es decir que uno puede identificarse en una posición heterosexual durante una época de su vida y después puede tener una identidad homosexual. Es decir, todo eso no es estático, va variando. Pero cada uno tenemos que ir haciendo ese esfuerzo de ir construyendo una identidad sexual. Cuando hay discursos sociales muy sólidos, muy compactos, donde todo eso está bien establecido (se sabe que es un hombre, se sabe que es una mujer; en las sociedades tradicionales todo eso está pautado y hay una serie de ritos, insignias, emblemas, etcétera), cuando todo eso es así, uno tiene menos dificultades para decirlo así, para identificarse a ese tipo sexual. Cuando todo eso aparece como desconstruido, cuando todo eso aparece mucho más abierto, cuando no se puede definir exactamente qué es ser un hombre o que es ser una mujer, cada uno tiene que ser más práctico. Cada uno tiene que inventar en ese vacío de referencias o en esa cierta orfandad respecto los más tradicionales, uno tiene que inventar. Tiene ese proceso de invención y de construirse, digamos, una vida ejemplar, pero ya no una vida ejemplar del otro sino una vida ejemplar para cada uno.

La identidad sexual no es estática, pero todos tenemos que ir construyéndola.

Evidentemente entonces se producen o registramos muchos más situaciones de impass. Y esa situación de impass, de dificultad, se pueden traducir de muchas maneras. Se pueden traducir como inhibiciones. Por ejemplo, la disfunción eréctil de la que Vd hablaba. Es decir, el sujeto se inhibe frente al otro sexo, porque no encuentra cuál es la fórmula adecuada para eso y entonces prefiere -como sucede ahora, por ejemplo- que aumentan las disfunciones eréctiles pero aumenta el ciberporno. Es decir que, para muchos hombres no hay satisfacción o es más difícil la satisfacción con las mujeres pero en cambio es más fácil la satisfacción a través del contacto del porno. Sea el porno clásico o sea el ciberporno que es una modalidad que ha ido en aumento porque, además, es un negocio muy importante.

Las situaciones de impass, de dificultad, cada vez más abundantes, se pueden traducir en inhibiciones como la disfunción eréctil o el autoerotismo.

Eso significa una sexualidad no compartida, quiero decir, una sexualidad un poco onanística. ¿No?

Sí, como sucede en la pel·lícula “Her” (7) , que es una película, digamos, muy ilustrativa de cómo podemos sustituir el encuentro con el otro por la relación con un objeto. En este caso es el objeto voz. Supuestamente la voz de Scarlett Johansson que se presenta al protagonista de la película como una manera de mantener la relación sexual. Lacan decía que la relación sexual no existe. Es una tesis, por otro lado, que de otra manera se ha dicho siempre. La media naranja no deja de ser un poco una ilusión. “La relación sexual no existe” quiere decir que no está preestablecida la armonía sexual. O, sea, no se sabe cuál sería la armonía sexual, cuál sería la relación exacta, la proporción exacta, para un hombre, que es lo que le convendría a un hombre o que le convendría a una mujer, sino que eso está abierto. Y en esa abertura que hay, en esa falta de pauta, podríamos decir que no hay el libro blanco de la relación sexual, eso está por escribirse, cada uno lo escribe. Bueno, en esa falta cada uno busca sus fórmulas. Y una de las fórmulas que observamos ahora -facilitada sobretodo también por la tecnología- es que, para el autoerotismo al que se refería Freud, es decir, esa tendencia del sujeto a hacérselo solo, es decir, a no compartir, a tener más bien una práctica autoerótica hoy es muy facilitado por todas estas tecnologías, claro.

¿Y esa otra derivación (que aparece también en otros artículos suyos) hacia las adicciones, hacia el consumo de sustancias? Parece que son más prevalentes sobre todo las estimulantes entre los hombres y las hipnóticas entre las mujeres. Pero hablamos de los hombres. Esta tendencia que creo que siempre existió de los hombres hacia las adicciones ¿Esto se está viendo estimulado por esta dificultad de encontrar su lugar en el mundo, nuestro lugar en el mundo?

Bueno, las respuestas frente a una situación de impass siempre son diversas. Para muchos hombres, por ejemplo, una respuesta que observamos es una respuesta de tipo reactivo y en términos de agresividad y a veces de violencia grave.

Otras veces, a las situaciones de impass muchos hombres reaccionan de forma reactiva, en términos de agresividad y a veces de violencia grave, contra las mujeres y contra ellos mismos.

Cuando se sienten, de alguna manera, que no tienen el lugar que le corresponde, que ellos creen que le corresponde, interpretan o leen el protagonismo de la mujer en términos de: “ahora son ellas las que mandan”. Es decir, reproducen el esquema clásico machista de la relación de poder. Ellos se sienten evidentemente inferiores, porque, claro, sienten que han sido destronados y frente a eso pueden tener una reacción violenta que puede ir desde el maltrato psicológico hasta formas extremas de violencia física. Eso lo vemos. No es lo más habitual, evidentemente, pero sí que vemos que hay situaciones de violencia que las podemos considerar con ese registro. Esa es una forma.

Pero también hay formas que no implican la violencia directa hacia el otro, pero implican la violencia hacia si mismo. Son hombres que frente a estas situaciones encuentran una especie de consuelo, entre comillas, a veces, muy autodestructivo en el consumo de tóxicos. Personas que recurren a “quitapenas”: al clásico, como puede ser alcohol, hasta otras sustancias incluso también a veces a consumos de medicamentos, abuso de medicamentos, etcétera. Serían formas de esquivar ese encuentro con el otro sexo, que siempre es un encuentro difícil porque no está pautado, porque siempre es un encuentro en el cuál, hay que estar continuamente negociando, hablando, cuestionando, resituándose. Si además, hay no sólo la cuestión de pareja sino que además también están los hijos, todo eso evidentemente hace más complejo la posición del hombre en estos momentos. Bueno, pues, o el recurso a la violencia o el recurso a la inhibición bajo las formas depresivas, ansiosas o el recurso a los tóxicos sean maneras posibles de tratar eso, la angustia que genera todo eso.

Ante la angustia que provoca el encuentro con el otro sexo, que es un encuentro no pautado, recurren a la violencia o a la inhibición bajo las formas depresivas, ansiosas o el recurso a los tóxicos.

Y el cuerpo, el cuerpo del hombre ¿por qué ha sido como olvidado? Había una frase, de un compañero nuestro italiano, que decía: “una relación sexual heterosexual es el encuentro de un deseo sin cuerpo con un cuerpo sin deseo”. Es decir, se negaba el deseo femenino y por otro lado, también se negaba el cuerpo masculino, como si no existiera. Los hombres no se miraban a si mismos en el espejo, se miraban poco, se cuidaban poco. Ahora quizás está cambiando un poco por el hecho de que hay una cierta cosmética masculina y hay una cierta consideración del cuerpo del hombre cómo algo deseable. Pero todavía se mantiene un poco esto de que los hombres nos cuidamos poco, miramos poco nuestro cuerpo, que realmente somos nosotros, claro. No somos otra cosa que cuerpo.

Eso es verdad pero también como usted señala es una tendencia que vemos que se está modificando, en el sentido de que el hombre cada vez más se preocupa también de su cuerpo. Podríamos decir que en psicoanálisis clásico, la explicación que podemos dar a esa diferencia es que, mientras para la mujer, el cuerpo, en su globalidad, aparece como algo a valorar, algo valioso, algo que toma, digamos, la forma de un objeto que causa deseo para su pareja. Digamos que, para el hombre, ese objeto causa de deseo está mucho más focalizado. No se refiere al cuerpo entero sino que se refiere a una parte del cuerpo que es el órgano sexual y la significación que se le da.

Dicho eso, lo que vemos es que en un mundo en el cual se opera una transformación en el que el peso de los ideales, el peso de las insignias, el peso de los valores -si queremos decirlo así- ha ido cada vez perdiendo fuerza y en su lugar ha ido tomando más fuerza los objetos, los objetos de consumo. Es decir, si antes la gente se encontraba en la calle y se presentaba diciendo “yo soy comunista”, “yo soy católico”, a partir de un ideal colectivo, ahora la gente nos presentamos en la calle con un móvil en la mano, explicando algo que tiene que ver con nuestra satisfacción: si tomamos este medicamento o compramos esto. Cuando este efecto se ha producido, que es el paso de los ideales a los objetos, los objetos han tomado ese lugar de mando, entonces vemos que el cuerpo emerge cada vez con más fuerza. El cuerpo hoy tiene un papel prioritario para todo el mundo. Para los hombres y para las mujeres. Vivimos en una idolatría del cuerpo. Lacan decía que nosotros adoramos el cuerpo porque en realidad es nuestro principal activo. Y adorar el cuerpo quiere decir cultivarlo en todos los sentidos: disciplinas corporales. De ahí toda la importancia que tiene la gimnasia, el fitness, la cirugía plástica, las marcas corporales, tatuaje, piercing y, por supuesto, la ropa. Es decir, que esa pasión por el cuerpo hoy es ya universal y alcanza a hombres y a mujeres. Evidentemente en las mujeres tiene más importancia por esto que señalaba antes de que el cuerpo es, para decirlo en términos analíticos, lo fálico es el cuerpo en su conjunto, mientras que para el hombre lo fálico puede reducirse a una parte del cuerpo. De ahí que no tengan la misma dedicación al cuidado del cuerpo. Pero, en cualquier caso, hoy vemos que ya ese interés por el cuerpo es generalizado. Los hombres practican fitness, los hombres también además se hacen cirugía plástica, se colocan piercings, se hacen tatuajes… En fin, que eso ya es para todos.

En las mujeres lo fálico es el cuerpo en su conjunto, mientras que para el hombre lo fálico puede reducirse a una parte del cuerpo.

El cuerpo, de todas maneras, como objeto de consumo más como en lugar de placer o como en lugar de sensación o de sentimientos.

Bueno, objeto de consumo y satisfacción no son separados. Es decir, los cuerpos, el cuerpo se satisface siempre. El cuerpo es algo que nunca puede dejar de parar, siempre está en satisfacción. Entendiendo por satisfacción no exactamente placer, porque a veces el cuerpo se satisface en el malestar. Es decir, tenemos dolores. El cuerpo es algo vivo, algo en permanente movimiento, en permanente tensión. Por tanto, el cuerpo es siempre, está ligado siempre a la satisfacción. A veces, la satisfacción puede ser de carácter sexual, relacionada sea con el autoerotismo o con otro cuerpo, pero en cualquier caso el cuerpo es una sustancia gozante. Es algo que está en permanente vida. El cuerpo y el deseo no son asuntos diferentes.

¿Y las diversas formas de violencia? Estamos en un mundo muy violento en donde la mayor parte de la violencia está protagonizada por hombres que mandan, que disparan que matan, que hacen violencia sexual, de violencia armada. ¿Qué tiene que ver eso con nuestro psiquismo? Antes ha salido algo, usted ha citado algo sobre esa inseguridad, esa incertidumbre en la que vivimos. Pero, de hecho, ahí hay una tradición cultural en la que los hombres han sido protagonistas de los actos violentos a lo largo de la historia. Y ahora ¿qué es lo que está pasando?

Bueno, la violencia entendida como una manera -vamos a decirlo así- de enfrentar conflictos entre colectivos, entre comunidades, entre países, desde luego que eso es muy antiguo. Ha estado presente en la Historia de la humanidad siempre. Ahora hay una diferencia en el sentido en que las armas, las tecnologías ofrecen muchas más posibilidades de las que podían ofrecer antes. Y no sólo eso. Sino que además, el conocimiento que hoy tenemos de los conflictos es un conocimiento mucho más amplio, más directo, más inmediato de lo que se podía tener antes. Yo no tengo, no soy experto y no lo puedo valorar si hay más o menos conflictos que antes. Lo que es seguro es que lo sabemos más. Y que además, la capacidad de destrucción que tenemos ahora es muy superior a la que se podía tener antes donde un conflicto podía durar años y años en el asedio de una ciudad. Ahora una ciudad se puede destruir en una noche, en un bombardeo.

¿Qué lugar tienen los hombres en esas operaciones? Bueno, siempre ha habido esta división del trabajo en la cual, el hombre era el que tenía que salir a cazar, tenía esas funciones de defensa. Por un lado, relacionado también con aspectos más del cuerpo, de la resistencia, de la fortaleza. Es decir, aspectos más del tipo físico. Y, por otro, también, por aspectos que tienen que ver con cuestiones psíquicas. Con la diferencia entre lo masculino entendido como lo viril, que se presta más al conflicto y al enfrentamiento directo diferente de una posición femenina en la cual hay otras formas de abordar un conflicto. Formas que pueden incluir otros sistemas como la mediación, la negociación, en la empatización con el otro.

Es decir, hay aspectos psíquicos que diferencian, no tanto hombres y mujeres, sino lo masculino y lo femenino que creo que no han de coincidir. El hombre y lo masculino no es lo mismo. Una cosa es la anatomía que nos hace hombres y mujeres y otra cosa es la posición que luego tomamos.

Hay aspectos psíquicos que diferencian, no tanto hombres y mujeres, sino lo masculino y lo femenino que creo que no han de coincidir. El hombre y lo masculino no es lo mismo. Una cosa es la anatomía que nos hace hombres y mujeres y otra cosa es la posición que luego tomamos.

Pero estamos en un momento, usted ha citado la crisis de la figura paterna, esta falta de referentes incluso a nivel mundial, social. El hecho de que no haya unas normas impuestas por alguien que esté por encima y que su autoridad sea indiscutida ¿no ha provocado una violencia de otro tipo, fratricida, una lucha entre hermanos, podríamos decir?

Sí, sí, esa es una consecuencia. Como decíamos antes, cuando las referencias clásicas, que están fundadas en la autoridad vinculada al padre. Cuando eso entra en crisis, entonces una sociedad tiene que buscar fórmulas alternativas a esa. Entonces, en esa búsqueda, en ese proceso de búsqueda de fórmulas alternativas, se producen momentos de transición en el cual vemos cómo florecen formaciones reactivas. Es decir, posiciones que reaccionan frente a ese declive tratando de fortalecerlo. Es un retorno al fundamentalismo.

Cuando una sociedad entra en crisis con el modelo tradicional, vemos que hay personas que quieren volver a ese modelo incluso volver al punto 0 de ese modelo. Entonces vemos como el fundamentalismo es una respuesta contemporánea. No es una respuesta antigua. No, no, es una respuesta contemporánea. Es una exhaberación de algo que ya no tiene su peso. Y eso políticamente lo vemos en sociedades fundamentalistas y familiarmente lo vemos en posiciones fundamentalistas. Es decir, padres, hombres que, frente a esa situación de crisis, pretenden recuperar posiciones y recuperar fórmulas que ya están obsoletas. Y también a veces la vemos por ejemplo, con menos fuerza en el mundo de la educación. Y digo con menos fuerza porque es muy difícil que hoy alguien quiera recuperar esa imagen o ese esquema del maestro todopoderoso antiguo porque ya los alumnos no se lo van a permitir, sería una ilusión pretender que alguien lo recuperase. Pero es verdad que en esos momentos se producen los fenómenos por ejemplo, del ascenso de un político de extrema derecha, que sería un ejemplo de ese retorno al fundamentalismo. El fundamentalismo no es sólo el Islam. El fundamentalismo lo vemos en los neocon norteamericanos, lo vemos en la extrema derecha europea y lo vemos en algunas sociedades fundamentalistas ligadas al Islam. Es decir, que eso es algo que ocurre en todo el planeta y que es una reacción.

El retorno a los fundamentalismos y, en el otro extremo, la ilusión de la horizontalidad extrema, son algunas de las consecuencias de la crisis de las referencias clásicas, que están fundadas en la autoridad vinculada al padre.

Después, hay otras reacciones. Afortunadamente no sólo esa. Hay otras y seguramente esa no es la mayoritaria. Las relaciones que tenemos en el otro extremo, podríamos ver ciertas reacciones de dejar hacer, reacciones de una horizontalidad extrema. Esta ilusión de que la red, el modelo de la red, el modelo del compartir todo, el modelo de la horizontalidad, el modelo de la ausencia de líderes, sería como la respuesta idónea cuando sabemos que eso es también otra ilusión porque eso no funciona así. Siempre. “Google” e Internet en general no es un modelo de horizontalidad democrática. Sabemos que en el subterráneo hay unos sistemas poderosos de control que nos hacen la ilusión de que nosotros decidimos y compartimos cosas cuando en realidad es mucho más complejo eso.

Hablamos de la salud, en un sentido amplio de la palabra: Salud corporal, la salud mental, la salud social ¿Cuáles serían las prioridades de acción en este momento? Usted trabaja, en este campo ¿Qué podemos hacer? Especialmente dirigido hacia los hombres ¿Basta con la medicación, es insuficiente? ¿Se trataría de hacer grupos de terapia, grupos de autoconciencia? ¿Qué es lo que habría que hacer?

Bueno yo creo que hay dos ejes a tomar. Por un lado, creo que cada uno debemos hacer un esfuerzo por responsabilizarnos de nuestras vidas. Parece una tontería, porque en términos de salud eso debería de ser obvio. Pero yo he visto pacientes mayores, de 40-45 años que se han presentado con una etiqueta diagnostica, por ejemplo, con TDAH (8) , diciendo que ellos son hiperactivos adultos y que todo lo que les pasa en su vida (las rupturas, las dificultades en el trabajo, la relación con los hijos…) todo eso, es un problema exclusivamente de un neurotransmisor. Es decir, de un disfuncionamiento de su cerebro que hace que ellos sean hiperactivos y que hace que no puedan hacerse cargo de su vida, de su pareja, de sus hijos, de su trabajo. Creo que tenemos todos que hacer un esfuerzo por responsabilizarnos de nuestros actos. Y eso quiere decir que cada uno tiene que hacer un trabajo personal y que lo puede hacer de muchas maneras. Lo puede hacer a través de una ayuda profesional, lo puede hacer a través de un trabajo más personal, de relación con sus amigos, con su entorno, con su pareja. Pero en cualquier caso, todos debemos conocernos un poco más a nosotros mismos y hacer un esfuerzo por hacernos responsables. Esto es lo que es una persona adulta: alguien que se hace responsable. A diferencia de un niño, que siempre coloca las responsabilidades en otro.

Todos tenemos que hacer un esfuerzo por responsabilizarnos de nuestros actos. Hacer un trabajo personal, conocernos un poco más a nosotros mismos.

Pero junto a este eje que sería un trabajo más individual, más personal creo que tenemos también que ser conscientes de que todo este proceso exige compartir con el otro bajo formas también muy diversas. Puede ser bajo una asociación, que trabaja y promueve diferentes valores u objetivos. Puede ser a través de investigaciones profesionales, conjuntas. Cualquier lazo colectivo en el que nosotros huyamos un poco del individualismo, que es lo que la sociedad actualmente nos propone. Romper esa inercia, compartir con el otro, es una forma excelente que tenemos para ir construyendo juntos representaciones nuevas sobre la masculinidad, sobre la feminidad, sobre la paternidad. Porque, como decía antes, todo eso, lo escrito, nos sirve pero sólo parcialmente. Tenemos que reescribir muchas de estas cosas. Y si no lo hacemos juntos, no lo podemos hacer. O, sea que esa es una buena indicación de saber, que es: compartir con el otro, buscar lazos, huir de la soledad y el aislamiento para tratar de, entre todos, de buscar alguna forma.

Compartir con el otro, buscar lazos, huir del individualismo para ir construyendo juntos representaciones nuevas sobre la masculinidad, sobre la feminidad, sobre la paternidad.

Ayer vi la entrevista al Doctor Tizón (9) y hablaba precisamente de esto. De cómo había cambiado el ambiente en un barrio como la Mina (10) , que era un barrio degradado. Él observó, el observaba cómo actuaba la gente, que era una gente muy vital y salían con la bata de boatiné y ponían la silla en la puerta de casa, y dijo, “esto hay que promoverlo”. Y creó unos grupos entre mujeres, luego de hombres que hablaban de problemas del barrio. Y, poco a poco, sin necesidad de medicación ni otros tipos de tratamiento más sofisticado fue cambiando la actividad social del barrio tan degradado. O sea, que es lo que usted estaba comentando hace un momento. Cómo los lazos sociales realmente son lo que cura.

Claro, porque, si no, nos quedamos con el objeto a solas, que es un poco la propuesta contemporánea: “Tú tienes tu objeto, tu internet, tu app en tu móvil, tu gadget y quédate sólo, goza con él, pero no te encuentres con el otro”. Es un evitamiento del encuentro presencial con el otro. Te puedes encontrar en las redes sociales. Y todo eso tiene su virtud, pero nunca podrá sustituir el encuentro presencial. El cara a cara es algo completamente distinto del encuentro de la conversación online. Entonces no hay que sustituir una por el otro. En todo caso, hay que complementarlas y usarlas.

Sí, sí, sí. Hacía una broma del congreso de móviles de Barcelona. Decía: “Sí, sí, mucha conexión y tal, pero están reunidos cien mil personas en Barcelona para verse las caras e intercambiarse”

Eso espero que no se sustituya nunca.

Notas:
(1) José Ramón Ubieto: Psicoanalista, Psicólogo Clínico. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Profesor de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya). Colaborador del diario “La Vanguardia”. Autor de ‘La construcción del caso en el trabajo en red: teoría y práctica’ (EdiUoc, 2012) y ‘TDAH. Hablar con el cuerpo (EdiUoc, 2014).
(2) Se trata de un largo artículo publicado en el suplemento «Cultura(s)» de «La Vanguardia».
(3) SAGAN, Françoise (1954), Bonjour, tristesse, Paris: Juliard [–(1996), Madrid: Cátedra] Fue adaptada al cine por Otto Preminger con el mismo título en 1958.
(4) SAGAN, Françoise (1956), Un certain sourire, París: Julliard [–- (1959) Una cierta sonrisa, Buenos Aires: Ediciones Sudamericanas]
(5) Marco FERRERI (1978), Ciao Maschio, con Gérard Depardieu y Marcello Mastroianni.
(6) Literalmente «viviendo aparte juntos». Se refiere a los que están juntos sin convivir habitualmente..
(7) «Her» (2013), de Spike Jonze, con Joaquin Phoenix y Scarlett Johansson, entre otros.
(8) TDAH: Trastorno de Déficit de atención por Hiperactividad.
(9) Entrevista al Dr Tizón en el programa del canal 33 de TV3, «Retrats»
(10) Barrio de La Mina, un barrio de Sant Adrià del Besòs.

Fuente: Revista digital de AHIGE Hombre Igualitarios