UN DEBATE MEMORABLE. Por Jesús Ambel (Granada).

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(Imagen del Papa Inocencio X, de Bacon, del cartel anunciador de este Debate granadino)

Una psicoanalista, un sacerdote jesuita, un juez de menores y una concejala debaten en Granada sobre lo que pasa actualmente con la familia(*).
Una vez enmarcado el Debate (psicoanálisis en la ciudad, declinaciones del padre, confianza en los poderes de la palabra) por parte de Javier García Orcero, Jefe de Programas y Prestaciones de Servicios Sociales Comunitarios de la Diputación Provincial granadina y Secretario local de la ELP, tomó la palabra nuestra colega y amiga Amanda Goya para, en una intervención tan breve como brillante, marcar el tono de lo que iba a suceder a continuación. Comenzó Amanda Goya por una cita de Lacan en el Seminario de Las Psicosis a propósito del cuidado y atención al que está invitado el psicoanalista en relación a la “realidad disparatada” para, a continuación, definir la familia como un hecho cultural sometido a las consecuencias de la actual copulación entre la ciencia y el capitalismo. Nombró los efectos que sobre la familia tradicional están teniendo las nuevas técnicas de reproducción asociadas a la manipulación genética y citó la paradoja de las parejas homosexuales que quieren tener y ser una familia. Se preguntó a continuación por la posición del psicoanálisis de orientación lacaniana al respecto del tema que nos convocaba: no hay una doxa, observamos con atención y sin nostalgias los efectos de la época en la subjetividad, entendemos que la función del padre como función de regulación de las satisfacciones del sujeto está sometida a declinaciones y nos preocupa que los deseos que hacen posible la venida al mundo simbólico de las nuevas generaciones sean anónimos.
Ana López Andújar, médico de profesión y actual Concejala del Partido Popular responsable de Igualdad, Bienestar y Familia en el Consistorio granadino, comenzó por admitir que la invitación al debate le había puesto a estudiar sobre el tema. Nombró los cambios de los últimos años en las tasas de natalidad y en la edad con la que los jóvenes comienzan a formar familias y sostuvo que la familia sigue siendo un ideal para muchos sectores de la población porque aparece muy bien valorada en las encuestas. Argumentó acerca de la capacidad de adaptación de la familia a los cambios sociales y se mostró optimista sobre el mantenimiento de la estructura familiar en el futuro aunque adaptada a los tiempos. Se quejó del trato que los medios de comunicación social le prestan a la célula básica del ordenamiento social y se alegró de que, efectivamente, ahora se den relaciones de igualdad entre padre y madre en el seno de la familia que no estaban presentes hace unos años.
Tomó la palabra a continuación Emilio Calatayud, Magistrado Juez de Menores de Granada para, según dijo, reflexionar en voz alta acerca de lo que estaba escuchando en la Mesa y de lo que él veía en su práctica profesional acerca de cómo estaba la familia. En su opinión, se habían producido cambios demasiado rápidos en los últimos veinte años en España en la legislación que afecta a las familias y a los menores, como si el legislador hubiera querido cambiar las costumbres a golpe de reglamentos. La familia sigue siendo, añadió, una célula importante del entramado social pero tenemos que admitir que está en una profunda crisis de la que no sabemos todavía cómo va a quedar. Puso como ejemplo el hecho de que en materia de menores hayamos pasado de un extremo a otro sin solución de continuidad, dado el privilego concedido a los derechos del menor en menoscabo de sus deberes. Dijo pertenecer a una generación que había sido esclava de los padres y que ahora era esclava de los hijos y contó anécdotas de su vida personal y profesional que provocaron la risa de la audiencia. Criticó las teorías psicológicas y sociológicas que desresponsabilizaban al menor al tratarlo como una víctima de las circunstancias familiares y sociales. Contó que en el año en curso había atendido en su Juzgado un total de 155 denuncias de padres a sus hijos por maltrato físico, psíquico, amenazas e insultos y volvió a criticar duramente la pedagogía que propugnaba “ser amigos” de los hijos para terminar argumentando acerca del miedo a poner límites de la joven democracia española.
José María Castillo, sacerdote jesuita, pidió a la audiencia que no le llamaran “padre” cuando le hicieran alguna pregunta y añadió que se había propuesto hablar apuntando a las verdades que había estado escuchando en la Mesa. Se refirió a un estudio realizado en 81 paises por la universidad de Michigan, sobre los cambios habidos en los valores, las creencias y las identidades. España aparecía en ese estudio como el país donde más rápidamente habían cambiado o desaparecido esas señas de identidad de un pueblo y que, en su opinión, habían sido sustituidas por otras pertenecientes a la globalidad mercantil que nos obliga al igualitarismo y a la homogeneización. Estuvo de acuerdo con el Magistrado acerca de la tendencia de los gobernantes a cambiar las cosas a fuerza de leyes. Citó a Levy-Strauss para estar de acuerdo con Amanda Goya acerca del hecho cultural de la familia y se explayó para convencer a la audiencia acerca del cambio de la familia por las relaciones de pareja. Citó a Max Weber para distinguir entre poder y autoridad. Se mostró abierto a considerar como buena cualquier forma de familia con tal de que se asegure de que se transmitan “los símbolos” de una generación a otra y eso permita que el niño los integre en su vida. Por último se mostró optimista acerca del futuro porque había convivido con la generosidad de los jóvenes en América Latina y había visto cómo estaban inventando respuestas a la crisis de la familia y de las relaciones de pareja que en Europa ni siquiera percibíamos.
Después de estas intervenciones, y durante un buen rato, nadie quiso hacer uso de la palabra entre el público por miedo a que se rompiera el hilo discursivo que los ponentes habían imprimido a sus elaboraciones. De manera que las numerosas intervenciones que se produjeron a continuación de ese silencio mostraron que algo se había transmitido y que algo había calado en la audiencia. Cuando una salva de aplausos cerró el Debate, casi todos teníamos la sonrisa en la boca, como si saliéramos más vivos de la Sala que cuando entramos.
(*) Debate de psicoanálisis en la ciudad. ¿Qué pasa con la familia?, Granada, viernes 16 diciembre 2005. 19.00-21.00 horas. Salón de Grados. Facultad de Políticas. 75 personas en la Sala.

Jesús Ambel (Granada)

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